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El malestar de la clase media

Pablo Cabañas Díaz/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

La metamorfosis –estadística y política–de  las  clases  medias  deja  entrever,  ante  todo,  su condición como parte de amplísimos sectores que viven cada vez más de trabajos precarios. En este siglo XXI, entre 2018 y 2020, la clase media en México perdió más de 6.2 millones de integrantes, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). En 2018 vivían 53 millones 472 mil 152 personas en ese segmento de la población, mientras que, en el 2020, pertenecían a este grupo social 47 millones 201 mil 616 personas, es decir, 6 millones 270 mil 536 personas menos. Según el estudio: Cuantificando la clase media en México 2010-2020, que realiza el Inegi, dejaron de pertenecer a este sector 3.9 millones de personas en las zonas urbanas, al pasar de 39 millones 530 mil 637 personas a 35 millones 613 mil 69. 

Definir qué es la clase media en México no es sencillo. Es un concepto no solamente económico, sino socio cultural; no hay una sola forma de medirlo y, aunque un grupo de población pueda clasificarse en ese estrato, tal vez ese mismo grupo no se vea como clasemediero y alguien con ingresos de clase alta se considera a sí mismo de clase media. Y viceversa, personas con ingresos de clase baja aspiran a ser de clase media y tienen los mismos hábitos de esta. Según el Inegi, un 42.2% de los hogares en México son de clase media. Las entidades donde hay más hogares de clase media en el país son la Ciudad de México, Colima, Jalisco, Baja California, Sonora, Baja California Sur y Querétaro. En todos estos casos, los hogares de clase media superan el 50% del total de la población.  México sigue siendo un país de pobres, más que de clases medias. La cantidad de personas en condición de pobreza es 2.3 veces mayor que lo que representa la clase media; por lo tanto, el estatus y las condiciones de vida garantes de la seguridad y no vulnerabilidad económica,que son  las características de la clase media siguen siendo todavía una aspiración para la mayoría de las personas que viven en nuestro país. 

¿Qué es la clase media?. En México, Gabriel Careaga escribió en 1974 el libro, “Mitos y fantasías de la clase media”. Careaga estableció que la clase media comenzó a sentirse mimada en el gobierno de Manuel Ávila Camacho( 1940-1946).  En los años 50 del siglo XX,—escribía Octavio Paz— la clase media era un grupo pequeño, constituido por pequeños comerciantes y las «profesiones liberales» :abogados, médicos, profesores.  Mi amigo Antonio Delhumeau consideraba que las clases medias urbanas, eran «clientes» de las políticas del Estado. Pero quien mejor las definió fue Daniel Cosío Villegas, quien afirmaba en los años sesenta: “la clase media  tiene en el México de hoy una influencia que nunca antes había tenido, de modo que sin mucho riesgo de errar puede afirmarse que los resortes principales de toda la vida actual del país —los políticos, los económicos, los sociales y los culturales, oficiales y privados— están en manos de una clase media de formación reciente, pero ya bien constituida”.  

A principios de los años setenta aún no existían estudios detallados sobre la clase media, para muchos “indefinible”, pero que inquietaba a políticos y empresarios. Fue en 1973  cuando en la Facultad de Ciencias Políticas, el profesor Gerardo Estrada la llamó «masa gelatinosa», mientras que su colega Francisco López Cámara la caracterizó como «sector esponjoso y receptivo», con características miméticas; que a su decir tenía proclividad conservadora.  En esa época, se omitió en esos “análisis” de los académicos de Ciencias Políticas, un factor importante que no es otro que el reconocimiento al mérito individual, un valor de la clase media. La persona hecha por sí misma sigue y seguirá siendo en México un valor reconocido y admirado. «Salir de pobre», tiene un alto reconocimiento. En un amplio análisis llevado a cabo en la Universidad de Texas en los años 70, realizado por Rogelio Díaz-Guerrero llegó a una conclusión importante: la clase media es muy respetada. Es la  persona que viene de abajo y que ante la adversidad, debido a su trabajo duro y esfuerzo, consigue superarse . El ciudadano de clase media, tiene en Benjamín Franklin a uno de sus primeros elementos. Franklin, en su autobiografía habla de sus orígenes pobres. Hijo de un fabricante de velas, poco a poco se fue convirtiendo en este personaje multifacético que brilló en varias disciplinas. Destacó como politólogo, científico, empresario, diplomático. La idea de crearse a uno mismo tomó fuerza a partir de los años cuarenta del siglo XX en América Latina, cuando muchos de los entonces jóvenes salían del campo para dirigirse a las grandes ciudades a probar su suerte. Un hombre o una mujer que se hace a sí mismo es alguien que está entregado sin más a su causa. Es arriesgado, es trabajador, dedicado, siempre busca mejorarse y sobresalir, no deja nada a la suerte, sino que todo lo planea meticulosamente y utiliza todos los recursos que tiene a su alcance para lograr sus objetivos. 

El año pasado,Adrian Wooldridge publicó el libro, The Aristocracy of Talent,  en donde  hace una defensa de la meritocracia, “lo más próximo que tenemos a una ideología universal”. Doctor en Historia por Oxford y ‘political editor’ del The  Economist, Wooldridge aborda aquí “la idea revolucionaria de la meritocracia”, inseparable de una modernidad que pone en cuestión la hermética estratificación social del Antiguo Régimen, donde cada cargo o trabajo estaba asociado a la posición que otorga el nacimiento. Cuando muchas de las ideas que han modelado las sociedades occidentales durante los últimos siglos están en crisis “la meritocracia es popular en todo el mundo porque afirma la capacidad de llegar tan lejos como permita el talento de cada uno, asegura la igualdad de oportunidades a través de la educación, prohíbe la discriminación por raza o sexo, y selecciona evitando el patronazgo o el clientelismo”. El tránsito de la ética aristocrática a la ética meritocrática supone una auténtica revolución moral, y este es un argumento en defensa del mérito más poderoso aun que su evidente vinculación con el crecimiento económico y la prosperidad. En su desarrollo histórico, los socialistas del siglo XIX apoyaron la idea como un vehículo hacia una sociedad mejor, mientras los conservadores la veían como una amenaza al orden social, pero tras la II Guerra Mundial la meritocracia alcanzó en Occidente una aceptación unánime.

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