CONCATENACIONES

Al diablo las instituciones

Fernando Irala/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

A más de un mes de la denuncia de que la ministra Jazmín Esquivel plagió la tesis con la que se tituló de abogada, por un lado, el asunto se embrolla cada vez más, pero por otro la percepción de que el delito existió y que debe haber consecuencias se ha convertido en un clamor social.

Lejanos están los tiempos en que una sospecha de esta magnitud hubiera generado la renuncia temprana de cualquier funcionario de cualquier nivel, aun en el supuesto de que no fuese culpable. Antes era muy claro que sobre los intereses particulares debía prevalecer el interés nacional y la fortaleza de las instituciones.

Ahora ya no. Vivimos en la etapa anunciada en que los propios gobernantes se guían bajo la divisa de “al diablo las instituciones”, y éste es el fondo de lo que ocurre en la Suprema Corte de Justicia con el tema de la ministra plagiaria.

Ante la evidencia del fraude académico y las consecuencias que ello puede tener en el desempeño de la más alta instancia de justicia en nuestro país, en el entorno de la ministra debería haber alguien que le aconseje lo acostumbrado en las peleas de box cuando un jugador está noqueado, aunque no se dé cuenta de ello: tirar la toalla.

Mientras dure en el cargo, el escándalo no cesará, más bien escalará porque, aunque la UNAM no le encuentre la cuadratura al círculo, hay muchos recursos legales para cuestionar la permanencia de la señora Esquivel en la Corte. Podrán tardar en resolverse, pero el transcurso del tiempo tendrá el efecto de ahondar en su desprestigio y en el de las instituciones involucradas.

Pierde la Corte y pierde la UNAM con la prolongación del lamentable espectáculo; la reciente aparición del rector es muestra de ello: la posición de Graue, que puede ser impecable desde el punto de vista jurídico, es vista como tibieza e incluso como cobardía ante el despropósito que persiste.

Nadie se esperó este escenario, pero ahora es aprovechado con la misma táctica siniestra que se ha seguido en muchos asuntos de la vida nacional: debilitar a la Corte y al Poder Judicial, como antes se ha hecho con el sistema electoral, con los organismos autónomos y con muchas otras instituciones del México moderno. La estrategia es llevarnos a la barbarie.

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