*En Jaltipán, a 41 kilómetros del puerto de Coatzacoalcos, en medio de una brecha de maizales operaba un centro de tortura y un cementerio clandestino al servicio del Cártel de Jalisco Nueva Generación. De ahí fueron exhumados 17 cuerpos, ha pasado más de medio año y hasta ahora nadie del gobierno ha querido hablar que paso ahí y cómo se desarrollan los tentáculos criminales.
Por Noé Zavaleta
Jaltipan,Ver.- Todo “reventó” el 30 de enero del 2026, a las 15:14 de la tarde. La patrulla 1119 de la Policía Municipal de Jáltipan hacía un recorrido de rutina sobre la calle Ramón Corona —calle llena de comercios y taquerías— del centro de Jáltipan cuando recibió una llamada de auxilio de la radioperadora de turno, en donde consignaba que en el camino de terracería de El Cocuital —primera entrada del lado izquierdo— se encontraba un hombre descalzo, con lodo en los pies, con el torso desnudo y vestido únicamente con un bóxer de color café.
La patrulla arribó al punto a las 15:56 de la tarde. Encontró a Antonio Escobar Torres, de 30 años; estaba con huellas de tortura, visiblemente herido, con un vendaje con manchas de sangre en el cuello, producto de varias heridas con arma punzocortante y las manos atadas con aros aprehensores.
Escobar Torres, en el parte informativo policial —cuya copia simple tiene Dominga—, dijo ser técnico electricista y que “sujetos desconocidos” lo dejaron abandonado en el lugar. A las 16:20, Escobar fue trasladado a la Fiscalía Especializada para la Atención de Personas Desaparecidas en el municipio de Coatzacoalcos; pasando las 17:30 se autorizó su traslado al Hospital General de Coatzacoalcos; ya ahí, horas después, dejó de tener signos vitales.
A raíz de la desaparición de Antonio Escobar Torres y del empresario Jorge Luis Colmenares, reportadas por la Comisión Estatal de Búsqueda el 26 de enero pasado, fuerzas federales y Fiscalía General de la República comenzaron la cacería de pistas y huellas al día siguiente del fallecimiento de Antonio, y ahí mismo, en El Cocuital, fue descubierto un rancho particular con dos galerones, una bodega y un extenso jardín cercados con alambre de púas y frondosos árboles.
Con el antecedente de donde fue hallado Antonio Escobar, Ejército y Guardia Nacional hicieron las diligencias pertinentes para que forenses y peritos comenzaran a excavar. Esperaban encontrar el cuerpo de Colmenares y a lo mejor un par más de desapariciones recientes ocurridas en Texistepec y Coatzacoalcos… lo que se encontró al abrir el hoyo fue escabroso: cuerpos y cuerpos. La mayoría de data reciente, algunos ya con el tejido óseo muy dañado, además de osamentas desarticuladas.
El conteo, por ahora, arrojó la cifra de 17 cuerpos. Pero los Colectivos de Desaparecidos e incluso, off de récord, personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) admiten que podría haber más cuerpos.
Otra vez Veracruz, como epicentro nacional de un gran agujero negro que se traga o desaparece a la gente. Fosas clandestinas por aquí y por allá. El slogan gubernamental de hoy dicta al calce: “Veracruz está de moda”, pero una década atrás, el sacerdote Alejandro Solalinde puso el dedo inquisidor: “Veracruz es un gran fosario”. La frase de Solalinde continúa vigente. Colectivos de Desaparecidos comentan a Dominga que ahora fue Jáltipan, pero están pendientes y por excavar y exhumar fosas en Almagres, Sayula de Alemán, Cosoleacaque y Playa Vicente. Además de casas de seguridad en colonias populares de Acayucan y Coatzacoalcos.
El centro de tortura del CJNG
Empresarios del sur de Veracruz aceptaron hablar con La Opinión de México con condición del anonimato. Proporcionaron incluso videos de cómo son los ataques de esta célula criminal que opera con total impunidad en varios municipios de la entidad (Jáltipan, Texistepec, Acayucan, Sayula, Coatzacoalcos, Cosoleacaque). Aseguran que a este centro de tortura iban a dar empresarios que no cedían a la extorsión o cobro de piso del que eran víctimas, e incluso empleados de empresas cuyos dueños no querían cumplir con el cobro de “piso”.
En esta región olmeca conocida como la llave del sureste circulan en voz baja los nombres que siembran terror en la clase empresarial: “El Comandante X, El Chaparrito Oseguera (quien presume ser pariente del recientemente abatido “El Mencho”), El Bulldog, El F9, El 80 —hoy aliado del Cártel de Sinaloa— y “La Muñeca”, este último detenido el 4 de febrero pasado.
Incluso comerciantes que han sido víctimas del cobro de piso de “Los Jaliscos” en municipios del sur cuentan que estos comandos armados son atípicos en la región: más de 20 hombres fuertemente armados —la mayoría jóvenes y hasta menores de edad— viajan en convoyes de dos o tres camionetas doble cabina para cometer sus cobros de piso o secuestros.
El egocentrismo del X
En YouTube circula de forma viral el corrido “El Comandante X” de Los Traviezos de la Zierra, canción que al calce dice:
“Aquí estoy pegado al mar,
Cuatro letras hacen ruido y siguen dando de qué hablar…
Me gusta decir salud, con pura etiqueta azul.
Aunque me vista elegante, aquí estoy en Veracruz cuando gusten visitarme.
Como el Comandante X, me conocen todos
Mi patrón (sic) El Chaparrito, él sabe que yo respondo”.
En los videos que facilitaron empresarios de la región se ve cómo comandos armados irrumpen con armas largas en domicilios particulares y de forma abrupta sacan a sus víctimas con rumbo desconocido. Pocos han vuelto a sus viviendas.
De acuerdo con una revisión exhaustiva de la Comisión Estatal de Búsqueda, en 2025 se presentó cerca de medio centenar de personas desaparecidas en esa región conocida como la Llave del Sureste.
Hoy Jáltipan sobrevive del comercio, la siembra del maíz y pepino y del llamado turismo obrero. Una veintena de empresas de transporte turístico se apersonan sobre la Carretera Federal Transístmica 185. Día con día, salen autobuses con destinos fronterizos (Piedras Negras, Tijuana, Mexicali, Nuevo Laredo), a destinos industriales, Monterrey y Guadalajara, o al Caribe mexicano (Cancún y Playa del Carmen) para trasladar a desempleados de una veintena de municipios del sur de Veracruz y hasta de la cuenca del Papaloapan, en Oaxaca, en busca de mejores oportunidades laborales.
Un pueblo tranquilo en zozobra…
Gildardo Maldonado Guzmán es el alcalde de Jáltipan. Fue Policía Federal durante quince años y es comerciante gastronómico. Un par de días antes de tomar protesta como alcalde su rancho fue baleado por sujetos desconocidos. La denuncia sigue su curso; Maldonado dice en entrevista que es competencia de los tres niveles de gobierno combatir el crimen organizado.
“Tengo experiencia en el tema de la seguridad… nosotros fuimos el primer respondiente en encontrar al sujeto que lamentablemente después pierde la vida, pero de ahí derivó la investigación del predio. Estamos trabajando con gobernadora, con Federación… pero este problema (la delincuencia organizada) viene de muchos años atrás”.
Maldonado apela a que Jáltipan aún puede ser visto como un municipio tranquilo: “No hay ningún centro nocturno, ni discoteca, ni bares que tengan abiertos toda la noche; lamentablemente donde fue el hallazgo es una brecha, hay muchas brechas que tienen varias entradas y puntos ciegos”.
La seguridad en el Palacio Municipal es discreta, apenas una patrulla de la Policía Municipal mientras se encuentra el edil en la presidencia municipal. Afuera, en la cabecera municipal, la vida comercial transcurre con normalidad. El mercado local luce agitado; costales de pepino y bultos de papa son cargados por camionetas de redilas.
“En varios lados del país se han encontrado varias fosas clandestinas. Yo llevo aquí cincuenta días en el cargo, me toma por sorpresa y jamás me esperé que aquí hubiera una. Ahora tenemos que trabajar muy de la mano los tres niveles de gobierno… cada quien en su competencia”.




