TERRITORIO DE GUERRAS Y MUERTE

*El incremento de las Fuerzas Armadas ordenado por el Gobierno Federal, ha servido de nada para buscar la tranquilidad de los habitantes; el avance por el control de los territorios por el crimen organizado no se detiene.

*Investigaciones archivadas por temor de las autoridades de sufrir las consecuencias de enfrentar a los delincuentes, prefieren hacer la vista a un lado a perder no solamente su vida, sino la de su familia.

*El poder y control de los cárteles es tal que hasta las sexoservidoras tienen que pagar sus “impuestos”.

Ricardo Ravelo | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Segunda de cuatro partes)

               
Guerrero.- Territorio de guerras y muerte, Guerrero no encuentra la pacificación desde hace por lo menos dos décadas: El crimen organizado, con sus múltiples tentáculos, mantiene una abierta disputa por el control territorial, sobre todo la región productora de amapola, de donde sale la mayor parte de la producción de goma de opio (base de la heroína) que se consume en Estados Unidos.

Gobiernos van y vienen y la violencia galopa, impune, en todo el estado de Guerrero, donde actualmente operan 14 grupos criminales, con todas sus ramificaciones, las cuales están vinculadas a los presidentes municipales, regidores, síndicos y a los comandantes de la policías locales, convertidos en brazos armados del crimen organizado.

Aunque desde el 2019 el Gobierno Federal incrementó la presencia de las Fuerzas Armadas en Guerrero, lo cierto es que los cárteles de la droga avanzan en el control de los territorios, desplazando a las autoridades, según reconoce la Secretaría de Seguridad Pública de ese Estado.

Informes de inteligencia de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana sostienen que en Guerrero el crimen ha ido ganando terreno en el control geográfico. El Cártel de Los Ardillos, por ejemplo, que hasta hace tres años sólo tenía presencia en los municipios de Quechultenango, Mochitlán, Tixtla, Chilapa y Olinalá, avanzaron hacia otras demarcaciones situadas tanto en la Montaña Baja como en la Montaña Alta.

Encabezados por los hermanos Celso e Iván Ortega Jiménez, Los Ardillos ejercen el poder criminal al extremo. De acuerdo con una fuente de la Fiscalía de Guerrero, quien pidió el anonimato, contra este grupo criminal existen unas veinte carpetas de investigación por tráfico de drogas, homicidios y extorsiones, pero se encuentran archivadas.

—¿Por qué?—, se le pregunta a la fuente.

—Hay temor de una guerra, de que el Cártel asesine a los funcionarios si las investigaciones avanzan. No pueden hacer nada.

—¿En Guerrero manda el narco?—, se le inquiere.

En la conversación telefónica se hace el silencio. El entrevistado responde:

—De alguna forma, sí, ellos mandan. Nosotros como funcionarios corremos muchos riesgos. Si actuamos nos matan, si no actuamos conservamos el trabajo y la vida.

El poder del narcotráfico en Guerrero rebasa, por mucho, a las autoridades del Estado. Y es que todo el territorio está invadido de células criminales. Un informe del Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen) del 2018 reveló que en esa entidad operan más de 450 organizaciones criminales, entre cárteles y células.

Estos grupos, ligados a las autoridades municipales, caciques y policías, están diseminados por todas partes y su portafolio de actividades ilícitas es inmenso: Trabajan con extorsiones, secuestros, cobro de piso, despojo de propiedades, venta de protección, piratería, contrabando, cobro de cuotas a negocios, comercio establecido e informal, cantinas, bares, burdeles y por si fuera poco, también regentean a mujeres de la vida galante, quienes tienen que pagar sus respectivos impuestos al crimen para poder ejercer la prostitución.

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