Otras Inquisiciones

Oppenheimer

Pablo Cabañas Díaz/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

La vida de Julius Robert Oppenheimer revelada por los historiadores Kai Bird y Martin J. Shirwin en su biografía de 2005 “American Prometheus” se anunció en septiembre de 2021, después de que Universal Pictures ganara una guerra de ofertas por el guion de Christopher Nolan que sirvió de base para la nueva película biográfica de Oppenheimer.  La película tiene como eje central al general Leslie Richard Groves Jr. quien se encargó del Proyecto Manhattan para el desarrollo de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Groves consiguió que le concedieran la máxima prioridad en lo relativo a suministros para crear la bomba atómica. Fue él quien eligió a Julius Robert Oppenheimer como director científico. Oppenheimer había destacado entre los sabios que habían efectuado las primeras evaluaciones, pero igualmente hubiera podido recurrir a cualquiera entre media docena de premios Nobel y treinta o cuarenta personas con preparación comparable. Groves disponía de informes reservados del FBI, donde constaban los antecedentes filocomunistas del candidato y su problemática estabilidad emocional. A pesar de todo no lo dudó, porque poseía la principal virtud del hombre político, esto es, clarividencia a la hora de valorar a las personas e instinto para escoger las más convenientes decisiones para cada desempeño. Groves le prefirió y, lo que resulta aún más importante, lo sostuvo sin desmayo hasta el final del proyecto. Pocas veces en la historia se habrá dado un acoplamiento entre dos hombres tan desiguales en todo, salvo en inteligencia. Oppenheimer pertenecía a las clases adineradas estadounidenses. Era un teórico, pero con gran olfato para proyectar e interpretar experimentos. Durante una desafortunada visita al residente Harry Truman en 1945, le confesó que se sentía con “las manos manchadas de sangre”, lo que molestó sobremanera al presidente, hasta el punto de ordenar a su asistente que no le trajera otra vez. Oppenheimer supo resumir su complicado trabajo en el siguiente principio: “Poder es querer”. En el plano escuetamente ético los únicos que salieron del desafío con la conciencia tranquila fueron los que se negaron a cooperar con el Proyecto Manhattan como ocurrió con Max Born en Gran Bretaña e Isidor Rabi en los Estados Unidos. En los momentos posteriores a la detonación, una línea del texto hindú Bhagavad Gita, había venido a su mente: “Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”.

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