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*El excéntrico multimillonario del Acapulco Princess

Pablo Cabañas Díaz/Sol Quintana Roo

Fue hace 46 años cuando el excéntrico multimillonario Howard Robard Hughes Jr. llegó al puerto de Acapulco. Era el 11 de febrero de 1976, estaba acompañado por 20 ayudantes, dos médicos, dos camas ortopédicas, dos sillas de ruedas y  aparatos clínicos que colmaron el último piso del hotel Acapulco Princess. Con el paso del tiempo se informó que murió en un avión que partió de Acapulco a Houston. Pero, el personal del Acapulco Princess contó que Hughes murió en el hotel y fue testigo del traslado de su cuerpo sin vida. Es probable que la historia de Hughes muriendo en el aire se haya inventado para aumentar la majestuosidad del legado de Hughes: el aviador y gran estadounidense que muere en el aire de camino a su Texas natal.

Antes de su muerte, Hughes había estado dando vueltas por el mundo a medida que su condición física y mental se deterioraba, mudándose a las Bahamas, Vancouver, Managua y Londres, entre otros lugares, antes de establecerse en Acapulco. Hughes vivía de estupefacientes recetados, especialmente la codeína. Durante su autopsia, los rayos X mostraron que numerosas agujas hipodérmicas se habían roto en sus brazos.

En Acapulco, Hughes alquiló los dos pisos superiores del Princess., oscureció todas las ventanas e hizo tal desorden que el hotel tuvo que renovar los pisos superiores. Hughes, en al momento de su muerte, se negaba a usar ropa y su cabello y uñas habían crecido sin control año tras año tras año. En su juventud, Hughes fue un cineasta sagaz y atrevido, casi de vanguardia, produce, entre otros clásicos, “Primera plana” y “Río de sangre”. Ganó un premio Oscar al producir “Hermanos de almas”, su primera película, rodada cuando tenía 23 años.  Su influencia era determinante en la élite estadounidense incluso la expresión “jet set” surge a mediados de los  años 50 con relación Hughes y su círculo de amigos,  pues todos ellos tenían un avión para su uso personal y el mismo día estaban desayunando en Hollywood y cenando en Nueva York.

A finales del 1947, se encerró en una sala de proyección que tenía en Hollywood para realizar una maratón de películas que duró hasta la primavera del año siguiente. Tendido desnudo en una de las butacas de la sala de proyección, Hughes pasó cuatro meses alimentándose de chocolates y palomitas haciendo sus necesidades en bacinicas.

Se le tomó en 1954 la última fotografía conocida en vida. Poco a poco se va retirando del mundo. Empieza a transmitir sus órdenes a través de grabaciones, o por breves mensajes escritos. Es el principio del fin. Su vuelo alrededor del mundo, entre el 10 y el 14 de julio de 1938 le convirtió en héroe nacional. Hughes alcanzó un nuevo récord al realizarlo en 3 días, 19 horas y 17 minutos. Obsesionado por la enfermedad, en 1966 vende la TWA, compañía aérea que había adquirido en 1939, presionado por los bancos, entidades que siempre odió, y recibió un cheque por 546 millones de dólares, con esa cantidad de dinero se instaló en el Desert Inn Hotel, residencia-fortaleza ubicada en Las Vegas, ciudad que él mismo había colaborado a construir.

En el Desert Inn Hotel Allí se instala frente a enormes pantallas de televisión en lo que todo el día ve el Canal 8 de la CBS  del que es accionista y que transmitía sus película. De esa forma  consume sus últimos veinte años, acompañado de sirvientes especialmente seleccionados que se ocupan las 24 horas de sus necesidades.

La autopsia registró como la causa de  su muerte una insuficiencia renal. Tenía 72 años. Los médicos que certificaron su muerte, se encuentran con un anciano que pesaba solo cuarenta kilos, lleva una larga barba de 50 centímetros y unas largas uñas  que llevan años sin cortarse. El FBI toma sus huellas antes de certificarse oficialmente su defunción. Dos días después de su muerte, Hughes es enterrado en la intimidad en el cementerio de Glenwood, de Houston. Sólo asisten seis personas, dos son familiares, las otras personas eran empleados que fueron al funeral obligados por sus contratos de trabajo. Hughes pudo comprar  todo, pero solo dos personas fueron  por respeto o amistad  a su entierro.

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