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Grandes maestras: Alice Rahon

Pablo Cabañas Díaz/Sol Quintana Roo

Alice Rahon (1904-1987), nació en Chenecey-Buillon, Francia, adquiere la ciudadanía  mexicana en 1946. A los tres años de edad se le fracturó la cadera y eso significó estar enyesada por más de dos años. Durante su recuperación sus padres la sentaban en el jardín de su casa para que se distrajera. Ahí observaba el volar de los pájaros y oía el rumor de los insectos; veía las plantas, las flores y cavilaba entre las fantasías propias de una niña pequeña.

Su infancia posteriormente se convirtió en un tema recurrente en sus obras en las que aparecen diferentes aves e imágenes que evocan plumajes de alas y escenas de vuelo. De igual forma en sus obras se reflejan los cuidados maternos y el estrecho lazo afectivo que tenía con su madre y en algunas ocasiones su propia experiencia de maternidad arrebatada por la muerte de su único hijo.

Formó parte del círculo de artistas surrealistas residentes en México. En 1931 conoció al pintor Wolfgang Paalen con quien se casaría tres años más tarde. Su relación con el artista posibilitó el contacto con figuras intelectuales como Eva Sulzer, Pául Éluard, Marx Ernst, quienes le introdujeron al surrealismo. En 1939, Alice Rahon conoció también a la pintora Frida Kahlo con quien viajó a México. Hacia 1941 decidió dedicarse únicamente a la pintura y en 1944 expuso su obra por primera vez en México y seguido de otras ciudades como Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, París y Líbano. Presentó su primera exposición individual en la Galería de Arte Mexicano en 1944.

En 1945 conoció en Nueva York a la escritora Anaïs Nin, con quien entabló una relación muy cercana. Desde mediados de los años cuarenta Alice Rahon realizó una serie de obras que evocan sus viajes a ciudades reales e imaginarias inspiradas por la obra de Paul Klee. En 1946 Alice Rahon adquirió la nacionalidad mexicana y continuó presentando sus obras tanto en exhibiciones individuales como colectivas en México y Estados Unidos. Inspirada por su viaje a la India, escribió el guion y diseñó una serie de marionetas articuladas para representar los personajes de un ballet cósmico inspirado en Orión, “El gran hombre del cielo”. En muchos sentidos la concepción del ballet remite a Pablo Picasso, con quien Alice mantuvo un breve, pero intenso romance hacia 1935. Picasso concibió varios ballets, entre ellos Mercure (1924), que causó una profunda impresión en André Breton y el grupo de surrealistas.

En 1947, Alice Rahon se divorció de Wolfgang Paalen y conoció al canadiense Edward Fitzgerald, cineasta y escenógrafo, con quien contrajo matrimonio. Viajaba frecuentemente a la bahía de Acapulco, pues en ese año su amiga Anaïs Nin adquirió una casa en la playa de Caleta. 

En las pinturas de Alice Rahon los animales tienen un rol protagónico. Sus lienzos son habitados por aves, insectos, toros, búfalos, caballos y, de manera predominante, por gatos -una de las figuras predilectas entre los surrealistas que consideraban a estos felinos depositarios de poderes extrasensoriales-, presentes en la obra de otras creadoras como Remedios Varo y Leonora Carrington. En las pinturas de Alice Rahon los animales están en constante metamorfosis: se transforman en paisajes o ciudades; se ocultan detrás de fachadas. Más allá de ser una representación realista, estos seres fantásticos sugieren sentimientos y anhelos de la artista.

En 1969, la noche de la inauguración de su exposición en la Galería Pecanins, sufrió una caída en las escaleras y se fracturó la cadera nuevamente. Se recluyó en su casa de Las Flores. En 1975, después de su exhibición en la Galería de Arte Mexicano, Alice Rahon dejó de pintar, siendo uno de sus últimos cuadros el titulado “Una giganta llamada Soledad”. El Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México presentó una exposición retrospectiva de su obra en 1986. Un año después Alice Rahon murió en un asilo en la Ciudad de México.

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