Por Isaac Albarrán y Miguel Ángel Teposteco Rodríguez
EMEEQUIS.- Es un problema volátil, como la gasolina.
La Ciudad de México es un motor que ronronea: está llena de piernas que se mueven como pistones. Y está llena, pero de verdad llena, de máquinas de combustión interna. Y de repartidores que se ganan la vida cruzando las alcaldías, desde las calles más tranquilas hasta los barrios peligrosos, a veces mortales. Y en medio de esos recorridos y viajes exprés, hay un negocio ilegal, a la vista de todos: el narcodelivery, el transporte de droga a través de apps de entrega, que usa a los conductores para entregar estupefacientes, casi siempre sin su conocimiento, poniendo en riesgo su libertad, y en ocasiones su vida.
Este problema no es único de la Ciudad de México, ni de México. Le Monde publicó el 2 de mayo el reportaje Uber Narcos, sobre el trasiego de droga a domicilio en Francia, y la plataforma de investigación europea VSquare publicó en febrero de 2025 Más rápido que el reparto de pizzas: el mercado de drogas online de Polonia está fuera de control, que habla de cómo sistemas de delivery han ayudado a que la droga llegue más fácilmente a los usuarios, incluyendo adictos en rehabilitación.

En una sucursal de McDonald’s de la colonia Narvarte Poniente de la Ciudad de México, dos repartidores de comida y paquetería llamados __________ y __________, pero identificados bajo los seudónimos de «Nicolás Maduro» y “Fidel Castro” (ellos solicitaron ser llamados así), relatan cómo transportaron droga sin saberlo; uno confrontó y extorsionó a un cliente, el otro casi fue detenido por transportar un kilo de marihuana en su motocicleta.
«Nicolás Maduro» y “Fidel Castro” estaban sentados en la banqueta. Pronto darían las seis de la tarde y el olor de un porro de cannabis flotaba como humor de motor. A la par, algunos del grupo terminaban de cucharear sus helados McFlurry . Había, por lo menos, nueve repartidores.
Separados por nacionalidad: los mexicanos, estacionados frente al local; acomodados a la derecha y sin mezclarse, los venezolanos.
De acuerdo con el testimonio del repartidor, se encontraba sobre la avenida Baja California (Eje 3 Sur) —antes de llegar a la estación Chilpancingo del Metro capitalino— cuando confrontó vía telefónica al usuario que le pidió un paquete sospechoso por Uber Flash.
“No, no, tú sabes lo que traigo, mi hermano, es marihuana. Traigo dos bolsas de marihuana y pues… Tú sabes, ¿no? O le atoras a darme por lo menos dos, 260, 250 más de lo que estás pagando del viaje. […] Tú decides, ¿se lo entregamos a la tira o qué pedo?”, amenazó Nicolás.
“Va, bueno, sí. Entrégame. Ahorita bajo en corto”, respondió el cliente con una mezcla de temor y resignación.
“Ya bajó el chavo —complexión robusta— así como de papi y mami, ¿no?, Niño Corn Flakes, de familia. Y sí, digo, no, pues mira, carnal, pues mejor ponte al tiro, ¿no? Porque, la neta, puedes afectar una vida que posiblemente no se dedique a eso, ¿no?”.
“O sea, a lo mejor puedes consumir y todo, ¿no? Pero pues dices: ‘No, ma, o sea, está riesgoso, es un riesgo’”, explicó Maduro.
Uber Flash es un servicio dentro de la aplicación móvil de Uber para enviar o recibir artículos el mismo día. El viaje tenía un costo original de 115 pesos mexicanos; sin embargo, terminó costando aproximadamente 375, por mantener la discreción.
Dentro de la bolsa de plástico que Nicolás transportó había una playera en la que un hombre “medio extraño” —“que se dedica, obviamente, a tirar vicio”— escondió dos bolsas de aluminio de grado alimenticio resellables con cerca de 20 cogollos de marihuana cada una; esas que se mantienen de pie por sí mismas y no quieres que te encuentre la policía.
“(Se veía como) un malviviente, o sea, no malviviente, sino es una persona que se dedica obviamente a tirar vicio, ¿no? En un punto. […] Delgado, flaco […] chacales, ¿no?”.
Maduro recibió el paquete en la Colonia 20 de Noviembre, un barrio popular ubicado en la alcaldía Venustiano Carranza de la Ciudad de México; un lugar muy distinto a la zona de entrega, ubicada en los límites de la colonia Roma Sur y la Hipódromo Condesa, de la alcaldía Cuauhtémoc, caracterizada por sus áreas verdes, vialidades en forma de telaraña y fachadas estilo neocolonial.
“Me da la playera en una bolsa y digo: ‘Ah, es esto, ¿no?’; ‘Que sí’. Y ya como medio molesto, ¿no? Está todo molesto. Y ya, cerré mi mochila, me dirigí al domicilio y era aquí en… ¿Cómo se llama esta estación? Chilpancingo”.
“Mucho antes de eso, yo me di a la tarea de que dije: ah chinga, o sea, esto suena como que es una bolsa Ziploc, pero de esas plateaditas. Ya la empecé a sentir. Dije: ‘Ah, no, sí, trae marihuana. Son cogollos de marihuana’. Fácil eran, o sea, en dos bolsas fácil como con 20 cada uno; 40 cogollos”.
Esa no fue la única vez que Nicolás transportó marihuana por Uber Flash; en otra ocasión (“no tan ilegal”), una joven pidió un paquete de cigarrillos de marihuana prerolados a un dispensario cannábico autorizado. La entrega se hizo cerca de las colonias Nápoles y Del Valle.
¿Y ahí cómo funciona
“Es que no sé, por qué sí, el establecimiento tiene así como que el alta, ¿no? Se supone que tienen que tener un alta ante ante el ¿Cómo se llama? El de comercio, ¿no? […] Lo mandan y ahí —era un sobrecito— y yo lo abrí y sí, eran cigarrillos con imagen y todo del mismo establecimiento. Ni cómo decirle: ‘Oye, estoy llevando esto’”.
“La chica sí sabía que era lo que llevaba, ¿no? O sea, sí pedí este, marihuana, ¿no? Son tres cigarrillos de… Ah, no, sí, sin problema. Nada más ten en cuenta que, pues, si me agarra un retén o algo así, pues ahí puede que yo chicotee, ¿no? Que falle”.
La vuelta continúa en el McDonalds de la colonia Del Valle. Es una piedra rosetta para panas venezolanos, haitianos, mexicanos, y de otros lares, a veces reunidos en círculos de motocicletas que recuerdan a las flores de acero y gasolina que los Hells Angels forman afuera de bares. En estas que vemos frente a nosotros no hay pandillerismo, sino la necesidad de salir a ganarse el pan, y también de repartirlo.
En una investigación pasada, Narcodelivery: las drogas y las aplicaciones de movilidad en la CDMX, EMEEQUIS documentó que el trasiego de aliviane por aplicaciones no es aislado, sino una forma sistemática en la que se reparten las dosis. Pericos, yerba, copitos blancos: todo un ecosistema alucinógeno.
Esa vez, a nivel local, documentamos que se llevaba a cabo, por lo menos, en las alcaldías Iztapalapa, Coyoacán e Iztacalco, en la Cuauhtémoc (en la Peralvillo). Ahora, en la Del Valle, las historias que se cuentan los repartidores se amontonan como el smog en la ciudades. Es cotidiano.
Y hubo problemas para conseguir información del fenómeno. Pese a las repetidas solicitudes de transparencia realizadas en diferentes meses a instancias como la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la Fiscalía General de la República, el Gobierno de la Ciudad de México y la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, encontramos negativas a entregar la información sobre los delitos relacionados con el tráfico de drogas a través de plataformas de aplicación.
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