MÉDICOS EN LA TIERRA DE NARCOS, ENTRE BALAS Y CARENCIAS

*Primero los policías, luego los niños, después los empresarios, y ahora, son los médicos y trabajadores de la salud quienes se han convertido en blancos perfectos de la delincuencia para el secuestro, las extorsiones, los homicidios y el reclutamiento forzado de su mano de obra al servicio de los grupos del crimen organizado.

Redacción/ La Opinión de México / Sol Quintana Roo/ Sol Yucatán / Sol Campeche

*Corresponsalías nacionales/ Reportajes especiales

Zacatecas.-Primero los policías, luego los niños, después los empresarios, y ahora, son los médicos y trabajadores de la salud quienes se han convertido en blancos perfectos de la delincuencia para el secuestro, las extorsiones, los homicidios e incluso, para el reclutamiento forzado de su mano de obra al servicio de los grupos del crimen organizado.

Estudiantes de medicina de Nuevo León, Sonora, Guanajuato, Tamaulipas, Jalisco, Zacatecas, Veracruz y de otros estados violentos han encendido las alarmas de la Secretaría de Salud y a las universidades para adoptar políticas que protejan a sus estudiantes.

Estudiantes de medicina que realizaban su servicio social en localidades del crimen organizado que resultan heridos en distintos enfrentamientos.

El director del hospital Universitario y la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Santos Guzmán López, afirma que mientras los estudiantes se encuentran cumpliendo su servicio social en comunidades rurales, el crimen organizado se los lleva por la fuerza.

Además de lidiar con narcotraficantes, los jóvenes estudiantes también padecen escases de infraestructura básica y medicamentos lo que los deja expuestos a grupos del crimen organizado que operan en las regiones rurales y fronterizas.

Hasta este momento, no hay cifras o estadísticas que puedan revelar el número aproximado de víctimas relacionadas con la medicina y sus diferentes ramas y especialidades, laceradas por los grupos delincuenciales en el país, pero se espera que médicos de toda la República Mexicana, se reúnan con autoridades del Sector Salud, de Procuración de Justicia y de Seguridad Pública.

HISTORIAS

La doctora Cristina decidió hace tres años mudarse junto con su esposo de Saltillo, Coahuila, a la Ciudad de México. Allá, en medio de balaceras, su consultorio no tenía letrero y atendía sin bata. Entre colegas optaban por llamarse por el nombre de pila para ocultar su profesión. Los miembros del crimen organizado, dijo, se llevan a los médicos para que los curen tras enfrentamientos. En tierra narco, ella trabajaba a escondidas.

“Llegaban a veces a tocar [la puerta de la casa-consultorio] y tuvo mi esposo que negar muchas veces que era médico para que no hubiera problemas, porque si se lo llevan a uno, no regresa. Y si regresa, ya saben los demás que estás trabajando para ellos”, evocó.

En Saltillo cobraba 300 pesos la consulta más medicamentos. En la capital del país labora en una farmacia donde cobra 35 pesos.

“Es una decepción que uno busca beneficiar a los demás y no puede encontrar el propio, porque resulta que ahora tienes que ocultar lo que es para poder trabajar. Eso es muy feo”, aseguró la médico.

Otro relato: un comando armado amenazó a unos paramédicos de la Cruz Roja para que bajaran a un paciente de una ambulancia en Salamanca, Guanajuato, por lo que surgió la petición “No somos parte del conflicto”. El herido de arma de fuego previamente fue atacado sobre la Avenida del Lla delegación de la Cruz Roja en Zihuatanejo, Guerrero, también suspendió el servicio después de que su Subcoordinador de Socorros, Daniel N, fue asesinado a balazos.

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“Portar este emblema no nos da super poderes. No nos convierte en ángeles sin alas. No nos vuelve resistentes a enfermedades y definitivamente no nos hace inmunes a balas alas”, dice una voluntaria Cruz Roja en un video publicado, después de que el fin de semana cerraron los servicios de la delegación en Salamanca para cuidar la integridad de los voluntarios.
“No queremos que agresiones contra nuestra persona o hacia nuestra ambulancia se vuelvan una constante porque afecta nuestra labor humanitaria que te beneficia a ti y a miles de personas”, dice otro paramédico.

La Cruz Roja Mexicana, con presencia en el país desde el porfiriato en 1910 como parte de un movimiento internacional, ha auxiliado a heridos desde la Revolución y tras fenómenos naturales como huracanes o terremotos.

ZACATECAS

La violencia del crimen organizado en Zacatecas empieza a convertirse en un siniestro reguero de cadáveres. Los más recientes, hallados el pasado miércoles con heridas de bala y con señales de haber sufrido brutales torturas, pertenecen a los paramédicos Luis Fernando Montes de Oca Armas y Octavio Chabelo Romero, quienes fueron asesinados en el municipio de Valparaíso después de trasladar a un presunto criminal herido.

La Secretaría de Seguridad de la zona informó el miércoles a las 23:30 horas del hallazgo de una ambulancia abandonada e incendiada en la comunidad La Florida, con placas de Jalisco. Dentro de la unidad se encontraban los cuerpos sin vida del equipo médico.

La tarde del jueves, las autoridades de Jalisco aseguraron que se trataba de paramédicos de su estado, quienes regresaban del Hospital de Huejuquilla El Alto, en Fresnillo, Zacatecas, donde dejaron a un paciente.

Luis Fernando Montes de Oca Armas era estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Guadalajara, y estaba realizando su servicio social en Medicina.

En redes sociales, los estudiantes y médicos del país pidieron justicia por el joven con el hashtag #justiciaparaLuis. En tanto, la Universidad escribió en Facebook: “La Universidad Autónoma de Guadalajara lamenta profundamente la muerte de nuestro alumno Luis Fernando Montes de Oca Armas, estudiante de servicio social de nuestra Facultad de Medicina, ocurrida en el municipio de Valparaíso, Zacatecas. Lamentamos los hechos de violencia que se han suscitado recientemente y esperamos el apoyo de las autoridades para detener este tipo de situaciones”.

Un usuario en redes escribió: “Cancelen el servicio social en lugares donde no se pueda garantizar la seguridad de los pasantes”.
El pasado 25 de junio, en Valparaíso, Zacatecas, una célula presuntamente del Cártel Jalisco Nueva Generación fue emboscada por sus rivales del Cártel de Sinaloa, lo que resultó en la muerte de al menos 18 personas.

Valparaíso, al oeste de la capital de Zacatecas, está atravesado por la carretera que comunica Fresnillo con pueblos de Jalisco y Tepic, Nayarit. Ha sido escenario de hechos delictivos atribuidos a la narco violencia, pues se ha convertido en punto de disputa de los cárteles.

El primer grupo criminal en asentarse en la entidad fue el cártel de Los Zetas, cuando todavía eran brazo armado del Cártel del Golfo. Tras las capturas de sus líderes, los hermanos Miguel Ángel, José, Omar, Alejandro y Ana Isabel Treviño Morales, Los Zetas se fragmentaron en diversas organizaciones: en el Cártel del Noreste — que tiene su base de operaciones en Tamaulipas —y Los Talibanes.

En los últimos cinco años, la lucha que se desató entre estos tres grupos ha mermado en relación al tráfico de drogas, principalmente en el centro de la entidad, lo que ha desatado la violencia e inseguridad. Aunado a esto, el problema se recrudeció con los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación pues ambos buscan controlar la plaza y el tráfico de fentanilo, que tiene un importante auge en los Estados Unidos.

En 2019, el cártel comandado por Ismael el Mayo Zambada se hizo más visible en los municipios de Mazapil, Juan Aldama, Río Grande, Chalchihuites y Sombrerete hasta llegar a Fresnillo. Mientras que el CJNG pactó con el Cártel del Golfo para controlar el territorio en la entidad.

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