LEYENDAS: WAY KÉKÉN

Redacción/Sol Quintana Roo

Se cuenta que décadas atrás, personas se ocultaban en lo recóndito de la selva de Tenabo, Campeche. Ahí realizaban rituales para adoptar la forma de animales. En el acto, giraban nueve veces sobre su propio eje a la media noche y en contacto con el diablo su forma humana desaparecía, transformándose, más que en un animal, en una bestia.

En el pueblo, la gente se había acostumbrado que al sonar las últimas campanadas de la medianoche todo el mundo se iba a su casa. Era el miedo lo que mandaba a los pobladores a resguardarse porque, entrada la madrugada, la noche era interrumpida por un fuerte sonido que parecía el quejido de un animal, la gente de Tenabo lo nombró como Way Kékén.

Hay a quienes la curiosidad les ganó y por su ventana vieron la figura de un cerdo gigante, corriendo a dos patas entre la maleza. Hay otros, que la mala suerte los llevó a su muerte al encontrarse con esta mezcla de hombre y animal.

Una noche, cansados de tener miedo, dos chicos se armaron con piedras y se ocultaron en lo alto de un árbol antes de la medianoche para cazar al Way Kékén. El grito de la bestia los despertó de su vigilia y, entre el sueño y el miedo, juntaron valor para lanzarle con todas sus fuerzas las rocas que impactaron e hirieron al animal que huyó lanzando quejidos.

A la noche siguiente, en el pueblo se escucharon los gritos del Way Kékén, así que decidieron llevar consigo una carabina y cazarlo. Caminando entre la maleza lo avistaron oliendo a un perro muerto, uno de los chicos apuntó el arma y controlando su respiración disparó una vez contra sus costillas, otra a una de sus patas y, una última vez, a su enorme barriga. Los jóvenes corrieron a sus casas y no mencionaron nada a nadie.

Cuando se encontraron al día siguiente, se miraron como si la noche anterior no hubiese pasado, siguieron su camino en silencio hasta que fueron interrumpidos por el chismorreo de sus vecinas. Ahí se enteraron de que el brujo del pueblo, apodado Cobá, había sido encontrado muerto, con tres heridas de proyectil en el cuerpo, junto a su perro. Los dos chicos sintieron como la sangre se les heló y la piel palideció.

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