LEYENDAS: EL 18 DE SEPTIEMBRE

Redacción/Sol Quintana Roo

Antes yo no era así, depresivo. Ahora siempre lo estoy, y vivo con miedo; de hecho, terror, pues no sé, cuál será mi futuro…

Todo comenzó hace un tiempo, no recuerdo bien cuándo, pero sí cómo. Una noche, desperté en medio de la madrugada, me encontraba impregnado de sudor. Por alguna razón estaba en alerta, con miedo mirando hacia todas direcciones, pero después me di cuenta de lo que verdaderamente empezó con el terror… no me podía mover.

Por más que intentaba, no podía producir movimiento, y entonces escuché una voz, leve, un susurro muy suave, y dirigí mi vista hacia donde provenía aquel sonido, la puerta de mi habitación. Allí yacía la figura de una mujer, con un vestido largo, quien (y esto me alertó mucho) estaba de espaldas, por lo que no podía verla bien.

En ese momento desperté, totalmente aterrorizado. Sentía que el corazón me saltaba, pues aquella mujer me daba un intenso pavor, no sé por qué. Aquella anécdota hubiese quedado atrás de no ser porque; aproximadamente un año después, me volvió a suceder. Aquella mujer me despertó en medio de la madrugada, con sus susurros tan desgarradores. Solo que esta vez, ella estaba más cerca, ya entrada en mi cuarto, lo que me perturbó exageradamente, todo esto combinado con el no poderme mover, ni hablar.

A este punto yo ya me volví un poco nervioso, pero afortunadamente, olvidé esto nuevamente al pasar meses y meses. Que mal que no duró por mucho. Dos años después de la primera anécdota, volví a despertar inmóvil en medio de la madrugada, desde el principio, me llené de impotencia y terror, al saber lo que vendría.

La mujer volvió a aparecer, únicamente que esta vez, estaba más cerca que la anterior. Ella siempre estaba de espaldas. Sus susurros, esta vez, eran más claros, pero aun así no podía entender muy bien. Lo único que podía sacar de aquellos susurros era, “el próximo año …, cada vez…”, eso es lo único que recordaba.

Afortunadamente, yo siempre despertaba al poco tiempo, aun así, ya me estaba preocupando. Un día, mientras pensaba detenidamente sobre el tema, descubrí algo de lo que estoy arrepentido, y que me ha quitado el aliento, pues ahora sabía que nada de esto podía ser una casualidad. Resulta que, al recordar la frase, “el próximo año” me di cuenta de que cada año, de seguro desde la primera vez, sucedería eso, y que cada vez que pasa, se lleva a cabo un 18 de septiembre.

Un año después, un 18 de septiembre, me preparé para ver si esta fecha tenía algo que ver. Con temor, me acosté.

Al despertar en la madrugada, no me pude sentir más aterrado, ya lo sabía. La mujer, se encontraba a dos pasos de mi cama, y maldita sea, tenía tanto terror, que sentí cómo lágrimas salían de mis ojos y se deslizaban por mis mejillas.

Lo que me llevó a desesperarme, eran sus susurros, que ahora eran totalmente, entendibles, y decían “el próximo año, vendré por ti, cada vez, estaré más cerca, y la última noche, te llevaré conmigo”. Al oír esas horribles palabras, solo tenía ganas de arrancarme los oídos. La maldita repetía una y otra vez aquel horroroso poema, que me llenaba de intenso pavor y tristeza. Desperté.

Desde este punto, yo comencé a volverme paranoico. Cambié, a decir verdad, lo hice desde la primera vez que sucedió, pero ahora más que nunca me sentía más únicamente, desesperado.

Recuerdo cómo esperaba angustiado al 18 de septiembre del próximo año. Hasta que el día llegó.

Desperté de nuevo. Como era de esperar, aquella mujer estaba aún más cerca, a únicamente un paso de mi cama, y comenzó a recitar aquellas desgarradoras palabras susurradas suavemente. Esta noche, más que cualquier otra, sentí el indescriptible terror, tanto que sentí cómo casi me daba un infarto, pues, esta vez, aquella mujer, y esto no lo pude creer, comenzó a girarse hacia mí. Yo no le podía quitar la mirada, no podía cerrar los ojos, estaba perdido.

Lo último que recuerdo, es haber despertado gritando descarnadamente, mientras mis padres llegaban a mi cuarto.

No sé hasta qué punto va a llegar esto, pero con lágrimas en los ojos, escribo esta; mi historia, pues no quiero ser olvidado cuando muera. Sé que el próximo año ya no estaré más, sé que me voy a ir, estoy temblando. No sé qué hacer. He pensado en suicidarme, pero no tengo el valor, solo me queda esperar para ver qué sucederá la próxima vez, que aquella mujer aparezca. No sé, cuál será mi futuro…

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