LA VISITA DEL SANTO PADRE A MÉXICO

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Parte seis de siete)

Entre los pocos momentos tristes, contaba que a pesar de solicitar a la Secretaría de Gobernación el permiso para salir por unos días y poder vivir de cerca una de las visitas de Juan Pablo II, la autorización nunca llegó y se tuvo que resignar a quedarse en la Isla.

Sin embargo, solicitó a cambio un gran favor al director del Penal.

–“Le pedí que durante el tiempo que durara la estancia del Santo Padre en México, no se trabajara en las Islas Marías para que todos los presos pudieran seguir por televisión al Papa. Y el director me lo concedió. Los presos lloraban, aplaudían y hasta se arrodillaban cuando el Papa iba a dar la bendición”.

Cuentan que poco antes de morir, se acercó a él un preso que le apodaba “El Cerillo” y le preguntó:

–¿Qué está pensando Padre Trampitas?

–Pus que ya estoy muy viejo y que para poder morir tranquilo me gustaría que un sacerdote viniera a cubrirme.

-Pero no he podido conseguir un padre que quiera vivir aquí y que los quiera como yo. Que se sientan acompañados.

El Cerillo, levantó los ojos y mirándolo fijamente, le respondió:

–Mmm, Padrecito, me admira que siendo liebre, no sepas correr el llano. Tú mismo nos has dicho que Cristo nos ama con amor infinito, ¿verdad?

–Pues sí…

–Pues entonces cómo chingado nos va a dejar solos. Seguramente ya está preparando a otro p’a que venga aquí cuando tú te vayas.

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