«LA TUTA», LA CAÍDA DE UN IMPERIO

*Servando Gómez Martínez, “La Tuta”; último líder de “Los Templarios”

*Campesino, maestro normalista, capo y “gobernador” de Michoacán

*La “Tutoteca” llevó a la cárcel a políticos y autoridades

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

(Primera de dos partes)

Ciudad de México.- La situación era insostenible. Acostumbrado a tener todo y cuando lo quisiera, no podía aceptar seguir viviendo acorralado como un animal.

Y así era prácticamente como tenía que vivir -A salto de mata-; perseguido como una fiera cercada: en cuevas, entre bichos y sabandijas, sin luz, sin agua, sin ninguna comodidad. A donde no llegaba siquiera la señal del teléfono y siempre con su perseguidor detrás.

Lo irónico es que contaba con todos los recursos y medios suficientes para salir de ahí; así que, cansado de huir por más de un año y refugiarse en escondrijos de la sierra, decidió jugársela.

Lo primero sería hallar un buen refugio y que mejor que una de sus múltiples propiedades en Morelia, Michoacán; después ubicar a un buen cirujano plástico, capaz no solo de cambiarle la cara, sino la inflexión de voz, el color de los ojos, el pelo y todo lo que fuera necesario.

Para ello escogió una de las casas que tenía en la capital del Estado (no menos de una docena), situada en el número 52 de José Irazábal, entre Margarita Maza de Juárez y Jesús Romero Flores, colonia Oviedo Mota, cerca de la Casa de Gobierno de Michoacán.

Qué mejor escondite que en las mismas narices de quienes lo estaban buscando, además de que ya se acercaba su cumpleaños, el 6 de febrero, y no podía pasar desapercibido, había que festejar, con todo y policía.

Pero Servando Gómez Martínez, mejor conocido como “La Tuta” o “El Profe”, (antes fue maestro normalista de primaria), equivocadamente no contó con que las fuerzas federales, no las locales y estatales a las que tenía compradas, ya le pisaban los talones y cada vez estaban más cerca.

Desde muchos meses antes, la división de Inteligencia de la Policía Federal había traspasado sus filtros de seguridad y ubicado a uno de sus hombres de confianza, un mensajero del que seguían paso a paso todos sus movimientos.

La clave para ubicar con certeza la casa donde se escondía el capo, de 49 años de edad al momento de su captura -actualmente tiene 54- paradójicamente fue la fecha de su cumpleaños, el 6 de febrero (nació en 1966), cuando el mensajero llegó al domicilio y se observaron situaciones distintas a las habituales.

Cajas de refrescos, comestibles, bebidas y hasta un enorme pastel, al que solo le faltaban las iniciales de “La Tuta”; fueron introducidas al citado domicilio; donde a partir de ese día la vigilancia se estrechó y no se descuidó ni un solo movimiento.

Finalmente, el cerco se cerró y la madrugada del viernes 27, a las 4:22 horas, informaría más tarde Monte Alejandro Rubido García, entonces comisionado Nacional de Seguridad, cuando Gómez Martínez salía cubierto con una bufanda y una gorra, cayó en manos de la policía en una operación “quirúrgica”, sin un solo tiro y sin darle tiempo a ninguna reacción.

Tan solo nueve minutos más tarde, el teléfono despertó al Presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

-Disculpe que lo moleste, pero es para informarle que ya agarraron a “La Tuta”, dijo ufano el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong a su jefe.

-Para recibir noticias como esta, no importa a qué horas y cuantas veces me despierte, repuso el mandatario.

Se había consumado la captura de «La Tuta«, que por más de una década asoló a Michoacán e implantó un cogobierno; ofrecían por él una recompensa de 30 millones de pesos y finalmente fue realizada por agentes de la Policía Federal, en operación conjunta con personal del Ejército, la Marina, el CISEN y la PGR.

Servando Gómez, de acuerdo al Juzgado Cuarto de Distrito de Procesos Penales Federales en el Estado de México, conforme a la causa penal 67/2006, tenía ocho órdenes de aprehensión por secuestro, extorsión, homicidio, tráfico de armas y delitos contra la salud.

Tras su aprehensión, se cateó el domicilio y se detuvo a Gustavo Herrera Avilés, María Antonieta Luna Ávalos, Juan Manuel Ayala Maldonado, Édgar Augusto Ramírez Aro, Fabrizio Magaña Jurado y Jesús Armando Magaña Gutiérrez, todos de Uruapan; así como a Cristian Emmanuel Arias Sánchez y Marcelo Reyes Sánchez, de Guadalajara.

Se les decomisaron un lanzagranadas, con tres granadas de fragmentación, cuatro armas largas, siete armas cortas, dos cargadores de disco, tres tubos silenciadores, un paquete de lo que parecía ser cocaína, tres vehículos, ropa táctica de policía y trípticos de Los Caballeros Templarios.

De manera simultánea, informaba Monte Alejandro Rubido García, que se había llevado a cabo la detención de Flavio Gómez Martínez, de 43 años, hermano de Servando, quien administraba los recursos de la familia, en Mérida, Yucatán.

LEGADO DE UN MAESTRO DEL BAJO MUNDO

La trayectoria de Servando Gómez Martínez, no difiere de la de otros capos, quizá solamente porque a diferencia de la mayoría de los barones de la droga que preferían el anonimato, a “La Tuta” lo perdía (y lo perdió) la fama, los reflectores.

Tarjetas informativas de la PGR y reportes de inteligencia, militares y federales, así como de diversas corporaciones policíacas, ubican su nacimiento en el municipio de Arteaga, que lo convirtió en su santuario.

Miembro de una numerosa familia, hijo de campesinos, en principio fue agricultor, pero más tarde, al igual que la mayoría de sus parientes, incursionó en el magisterio y llegó a maestro de educación primaria en la misma escuela donde estudio, en la Melchor Ocampo.

Sus inicios en el narcotráfico fueron a principios del 2000 y no obstante estar plenamente identificado como delincuente, todavía en el 2010, cobró, sin haber trabajado como maestro en dicha escuela, 61 mil 596 pesos por el primer trimestre.

Los clases que impartía el apodado “Profesor”, de quien se dijo erróneamente que fundó «La Familia Michoacana» no eran precisamente a niños de primaria, sino a integrantes de su organización criminal, respecto a cómo delinquir, a sicarios, cómo torturar y matar a narcos como traficar la droga.

El verdadero creador de “La Familia Michoacana” y después de “Los Caballeros Templarios”, fue un civil de nombre Carlos Alberto Rosales Mendoza, alias “El Tísico”, quien metía impuesto por su escuálida figura.

Rosales Mendoza estuvo preso en los Estados Unidos por delitos contra la salud. En ese tiempo se relacionó con sectas religiosas y nació en él un misticismo retorcido que imbuyó posteriormente a sus cómplices.

Al ser deportado a México se incorporó al “Cártel de Golfo” y pronto se hizo indispensable en la organización criminal, a tal grado que encompadró con el líder Osiel Cárdenas Guillén y fue quien le propuso que cooptara a los militares que los perseguían.

De esa manera, miembros desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFES), se transformaron en “zetas” y con los conocimientos que les impartió el mismo estado, convirtieron a dicha cártel en el más poderoso del país.

Tras la captura de Osiel Cárdenas Guillén, el 14 de marzo de 2003, comienza la desbandada del grupo y “Los Zetas” desertaron también para convertirse en otro Cártel, uno de los más sanguinarios y violentos.

Junto con Rosales Mendoza, quien ya había infundido su torcida religiosidad en media docena de sus hombres, abandonaron el Cártel del Golfo: Nazario Moreno González, “El Chayo”; José de Jesús “El Chango” Méndez Vargas; Dionisio Loya Plancarte, “El Tío Nicho”; Arnoldo Medina Rueda, “El Minsa”; Enrique Plancarte Solís, “El Kike Plancarte” y Servando Martínez González, “La Tuta”, uno de los de más bajo nivel en el Cártel.

La posición de los arriba citados no era circunstancial, ya que justo en ese orden ocupaban el lugar que les correspondía de acuerdo a su importancia.

De esa manera nació lo que primero se conoció como “La Empresa”, que más tarde sería “La Familia Michoacana” y años después “Los Caballeros Templarios”, como resultado de las capturas o abatimientos de sus integrantes.

La detención de Rosales Mendoza, en 2004, quien en un alarde de poder aseguró que de no haberlo detenido habría rescatado a sangre y fuego a su compadre Osiel, dinamitando el penal de Almoloya de Juárez; la muerte real de “El Chayo”, al que “mataron” dos veces; la de “El Kike” y las aprehensiones de “La Minsa”, “El Chango” y “El Tío Nicho”, hicieron que “La Tuta” llegara por fin a líder máximo de la organización, pero simplemente porque ya no había más jefes.

Ya al frente del grupo dio rienda suelta a su agresividad y supersticioso al fin; adicto a la lectura del tarot, cuando el chamán le advertía, a través de las cartas, de una posible traición; solucionaba de inmediato el problema: Mandaba matar a quien le dijeron que lo podría traicionar.

Los Templarios”, grupo con tintes pseudo-religiosos, llegó a controlar todo el estado de Michoacán, incluso las actividades políticas y económicas.

Creó lo que se dio en llamar “La Tutoteca”, conformada por cientos de videos en los que Servando Gómez Martínez grababa a sus cómplices para después delatarlos, con la que causó verdaderos estragos no solo en la clase política, sino en diferentes ámbitos en los que exhibió a múltiples personajes.

Su reinado permaneció impune durante más de una década, pese a las ofensivas de las autoridades, y solo empezó haberse afectado cuando nacieron los grupos de autodefensa que propiciaron su captura o el abatimiento de miembros del grupo.

Tres de sus hijos fueron detenidos por llevar armas, dinero cobrado de extorsiones y droga y uno de sus hermanos se suicidó al verse copado por la policía.

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