LEYENDAS: ISLA MUJERES Y SU RELACIÓN CON IXCHEL

Redacción/Sol Quintana Roo

Cuenta la leyenda que Isla Mujeres fue considerada para los mayas un lugar sagrado y perfecto para adorar a Ixchel, diosa de la luna, fertilidad y medicina.

Se dice que los grandes guerreros mayas estaban perdidamente enamorados de ella, no había uno que se resistiera a su belleza, simplemente era la mujer perfecta. Pero hubo un guerrero en especial que estaba realmente obsesionado con la diosa, él siempre buscaba llamar su atención a como diera lugar para que notara su existencia. 

Al principio a la diosa se le hacía algo común el que uno de sus enamorados la idolatrara tanto, pero después de tanta insistencia y presencia del guerrero empezó a molestarse, y él cegado por el amor que le tenía no se daba cuenta. Ixchel no sabía como alejarlo, hasta que un día al ver que tenía a todos los guerreros a sus pies, aprovechó y le pidió a todos que lo asesinaran. 

Sin pensarlo combatieron contra el enamorado olvidando el daño que estaban provocando, el valiente guerrero lucho por su vida y no quería morir para demostrarte a Ixchel que era la persona adecuada para estar a su lado, pero eran tantos que no pudo contra todos. Cuando lograron asesinarlo, los mayas se dieron cuenta de que habían cometido un grave error al dejarse llevar por el amor que le tenían a la diosa.

Arrepentidos, quisieron remediarlo y fueron con Oxala dios del castigo para pedirle venganza por el daño que causó Ixchel. Sin pensarlo este dios la castigo quitándole su belleza y haciéndola ver como una mujer vieja y fea. Pero eso no fue todo el castigo, también la hizo llevar con ella un cántaro con agua, que derramaría por toda la tierra hasta llenar los mares.

Al pasar de los años y el sufrimiento que cargaba Ixchel, su luz poco a poco dejó de brillar. Estaba destinada a sufrir por el resto de su vida, hasta que un día sin esperarlo, regreso la luz. El gran destello había sido el enamorado guerrero que había mandado a matar y que revivió convirtiéndose en el dios del sol, llamado Itzamná. 

Un día, el nuevo dios se acercó a hablarle a Ixchel, ya que se había dado cuenta de que ya no brillaba y se la pasaba llorando. Cuando le preguntó por qué tenía que derramar esa agua todos los días, con mucha tristeza ella le contó del castigo que le había puesto Oxala. 

Itzamná empezó a recordar todo lo que había pasado y le dijo que el amor que le tenía no era solo por su belleza, sino por todo lo que la hacía brillar. En ese momento los dos quedaron flechados y de ese amor surgió el día con Itzamná y la noche con Ixchel. 

Los 13 hijos que tuvieron fueron dioses, por eso los mayas consideraron que Ixchel sería también la diosa de la fertilidad. Al saber esto, las mujeres mayas que querían embarazarse la visitaban para pedirle que dentro de su vientre existiera vida y para pagarle le llevaban estatuas muy bien detalladas con su rostro. 

Es por eso que los españoles al llegar a esta zona, se encontraron con varias esculturas en forma de mujer y decidieron darle el nombre de Isla Mujeres.

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