LA COSTUMBRE DEL PODER

¿Sentó Andrés Manuel las bases del cambio de usos y costumbres entre los políticos?

Gregorio Ortega Molina/Sol Quintana Roo

*Combatir la corrupción con más corrupción pudiera equipararse a combatir la violencia con más violencia, pero no es así… equivale a pretender la inmunidad de rebaño cuando lo que se persigue es la impunidad del grupo en el poder, no tan grande como un rebaño, pero sí con uñas más largas que las de las aves de rapiña

La pretensión de Andrés Manuel, apuntalado por esos secuaces que conforman su grupo de intelectuales orgánicos de la 4T, es algo más que desorbitada y pretenciosa. Azora que lo sostenga, lo afirme y lo confirme, y sus prosélitos lo avalen.

Con el propósito de evitar desconocer o negar los “éxitos de tres años de cambio”, mejor nos remitimos a lo consignado por la historia, porque con los políticos mexicanos sucede lo mismo que con los “marranos”, que para salvar sus vidas abdicaron de su fe de dientes para afuera, mientras en lo íntimo conservaron lo que consideraban únicamente de ellos.

Después de 300 años de Colonia, los evangelizadores se dieron cuenta de su fracaso, observaron que el sincretismo fue una herramienta útil para que los criollos dejaran en paz a los integrantes de todas esas etnias precolombinas, hoy disminuidas, pero vivas.

Supongo que, para convencerlos de una buena vez, es que fray Juan de Zumárraga se sirvió de la tilma de Juan Diego y la imagen de Guadalupe de una manera política, más que religiosa, como también lo hizo Miguel Hidalgo al convertirla en la abanderada de la lucha independentista. Pero, otra vez, poco cambio, ¿cuántas comunidades prefieren administrarse por sus usos y costumbres, incluso para aplicar la ley?

Los novelistas de la Revolución se cansaron de contarnos que los generales y los políticos que se agandallaron el poder, de alguna manera continuaron con los usos y costumbres tan arraigados, como lo hicieron los del PRI y el PRD, el PAN, y ahora lo hacen los coaligados con la 4T. Modificar los hábitos culturales, las costumbres, los modos de ejercer el oficio de mandar, requiere voluntad y años. Equivale a introducir un cambio de fondo en la manera de ser del mexicano. No se hace en tres años.

En cuanto se entra a las entrañas de la administración pública, puede constatarse que todo -en materia de corrupción- fue para peor. Y si nos atenemos a lo que no puede eludirse, que la corrupción que más daño hace y más cuesta es la que atañe a la moral, a la ética, a la que deforma por dentro el ser del mexicano, y esa campea en la 4T.

Combatir la corrupción con más corrupción pudiera equipararse a combatir la violencia con más violencia, pero no es así… equivale a pretender la inmunidad de rebaño cuando lo que se persigue es la impunidad del grupo en el poder, no tan grande como un rebaño, pero sí con uñas más largas que las de las aves de rapiña.

Preguntemos de dónde obtendrán los recursos para los programas sociales, porque el poder adquisitivo del peso disminuye en la medida que queda exangüe la inversión extranjera directa y la balanza de pagos deja de favorecernos. Dar como éxito el envío de remesas es una tontería, solo significa que más paisanos salen de su patria a buscar el chivo.

Nada cambia, todo sigue igual. Estamos peor que antes.

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