La Mataviejitas: la confesión de Juana Barraza

La confesión, sin tortura alguna, sin engaño, voluntaria y pública, fue repetida varias veces en programas noticiosos de televisión

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Cuarta de seis partes)

Ciudad de México.— Es parte de lo más importante en el asunto de la “Mataviejitas”: SI LO HICE, PERO, YO NO TENÍA PAPELES, SOLO MI CREDENCIAL DE ELECTOR.  CUANDO ME TOMEN MI DECLARACIÓN, SABRÁN POR QUÉ LO HICE.  YO, NADA MÁS LES VOY A DECIR UNA COSA: YO, RESPETO A LA AUTORIDAD, PERO HABREMOS VARIOS QUE NOS DEDICAMOS A LA EXTORSIÓN Y A MATAR GENTE TAMBIÉN. HOY, SI LO HICE. PERO NO TENGO QUE PAGAR POR LOS DEMÁS —dijo, asustada, Juana Dayanara Barraza Samperio.

La confesión, sin tortura alguna, sin engaño, voluntaria y pública, fue repetida varias veces en programas noticiosos de televisión, hasta que llegó una especie de recomendación para que no volviera a publicarse en ninguna cadena televisiva.

Desde el principio se impidió que el mejor testigo contra los asesinos, el empleado particular José Joel López González, fuera careado con Juana.

¿Qué había dicho el joven ante diferentes medios de información?  La verdad. Aquel día llegó de trabajar y entró al patio de su domicilio, ubicado en José I. Jasso 21, Colonia Moctezuma.

Le llamó la atención que la puerta del departamento de Ana María Reyes, la dueña del inmueble, estuviera casi abierta… “¿Anita?” —preguntó el inquilino. Nadie contestó. José dejó un maletín en el suelo y se asomó. Ahí estaba Anita, sin vida, con un estetoscopio anudado en el cuello.

De pronto, salieron Juana Dayanara y un individuo no identificado en ese momento, corrieron hacia la calle y huyeron. El empleado particular dio voces de alarma y algunos vecinos escucharon los gritos, también los ocupantes de la patrulla 1050, Sector Balbuena.

El cómplice de Juana Barraza logró escapar hacia la estación Moctezuma del Sistema de Transporte Colectivo, pero la mujer se metió a una calle sin salida. Entonces corrió ahora en sentido contrario y fue atrapada por los policías José Ismael Alvarado Ruiz y Marco Antonio Cacique Rosales, a quienes agredió a bolsazos.

De un folder verde que contenía documentos diversos, al parecer cayeron fotostáticas de credenciales de sus futuras víctimas, mismos documentos que la hidalguense negaba haber llevado al ser capturada.

Con una credencial, “La Dama del Silencio” ofrecía apoyo asistencial gratuito y se ostentaba como “enviada especial” de las autoridades, para tramitar “en sitio” adecuado, lo relacionado con apoyos del gobierno, en especial tarjetas verdes del INSEN, ahora INAPAM, con las cuales se obtienen grandes descuentos en beneficio de personas de la tercera edad en la ciudad de México,   principalmente.

Se inventó a toda prisa que “La Dama del Silencio” salía en ocasiones para “acechar en parques y jardines” a las futuras engañadas y agredidas y que a veces tardaba hasta cinco horas en “vigilar los movimientos” de las víctimas.

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