LA CARTA PROTESTA

*En 1982, un incendio provocado destruyó la documentación sobre la compra de los barcos Abkatum y Cantarell, y Oscar Álvarez, sindicalista petrolero

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

(Sexta de siete partes) 

Ciudad de México.- Como por coincidencia, el miércoles 20 de agosto de 2008, la Coparmex pidió “eliminar” a AMLO. En Nuevo León, Ricardo González Sada se pronunció por no dar pie a que dirigentes políticos, como Andrés Manuel López Obrador, aprovecharan la situación económica del país en su beneficio político, “obviamente seguirá estando el pasto seco para que, no López Obrador, eliminémoslo del horizonte, pero si no es López Obrador siempre habrá alguna gente que esté con el cerillo en la mano dispuesto a echarlo en esas hojas secas”. Y recomendó que “hay que regar el pastito para que no se incendie”. 

Y el día 24, diversas organizaciones de la sociedad civil de México entregaron una carta-protesta al embajador de España en México, Carmelo Angulo Barturen. Le informaron por escrito que “el gobierno mexicano consideraba borrar de un plumazo el legado de Lázaro Cárdenas, (la expropiación petrolera y la autodeterminación y solidaridad internacional que el siglo pasado unió con tanto provecho al pueblo español y al mexicano), y denunciaron también los informantes que no dejaba de ser sorprendente que su gobierno, a través de su vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega Sáenz viniera a nuestro país como portavoz de las empresas transnacionales españolas, más representativas del franquismo y la monarquía que del ideal republicano, e invadiendo ámbitos de nuestra soberanía, se convirtiera en una voz de presión que acorralara la autodeterminación del pueblo mexicano”. 

La señora afirmó que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, jefe de gobierno de España, “apoyaba” la iniciativa de reforma energética de quienes “gobernaban de facto en México”. 

A favor del ingeniero Jorge Díaz Serrano—cuya bellísima esposa Helvia posó para la estatua de la Diana Cazadora—la periodista Manú Dornbierer aseguró en septiembre de 2008 que el “funcionario nacionalista en poco más de tres años inauguró dos refinerías, Salina Cruz y Tula, desarrolló el grandioso Cantarell, (que Vicente Fox arruinó), organizó la petroquímica, aumentó la producción de 3 a 10 millones de toneladas. 

Se estaban instalando 12 plantas para llegar a los 20 millones. Cangrejera y Pajaritos eran los complejos petroleros más grandes del mundo, con alta tecnología del Instituto Mexicano del Petróleo, (desmantelado por el PRIAN). Había industria petroquímica pública y privada sin conflicto. Las gasolinas se limpiaban de plomo, etcétera. Pero el ingeniero Jorge Díaz Serrano estorbaba para sus planes. 

Había que minar, disminuir, destruir a Pemex para que hubiera motivo para deshacerse de la empresa y venderla con inmensas ganancias que hoy pretenden. Para quitárselo de encima y de paso vengarse porque le había disputado la presidencia, La Madrid-Salinas-Bush ordenó en julio de 1983 a la Cámara de Diputados el desafuero del en ese momento senador por Sonora. Ya sin fuero, lo encarcelaron y le quitaron todos haberes, acusado de haber inflado los precios en la compra de los barcos Abkatum y Cantarell. 

Cinco años después lo liberaron sin sentenciarlo, ya que a pesar del tiempo no encontraron elementos para mantenerlo en prisión. Pero, yo sé que la única beneficiaria fue Alicia López Portillo, cuyo hermano el presidente le había encargado a Ignacio de León, funcionario de Pemex, “algo para su hermanita”. 

Por azares del destino de León enfermó de hepatitis y no pudo firmar el contrato aquel. Lo llevaron a la casa del director de Pemex porque urgía. Presencié los hechos. Merendaba esa tarde con mis queridos amigos Jorge y Helvia Díaz Serrano. 

Se decía en un artículo que si López Obrador despachara en Palacio Nacional, dos nuevas refinerías estarían a punto de inaugurarse y nuestro país no estaría dividido, pero nuestro país, Bernardo Bátiz, (autor del artículo), privilegia a los canallas, a la impunidad, a la corrupción, al fraude de cualquier tipo. 

Si hace 25 años los diputados no hubieran desaforado a JDS, como premio por su obra en Pemex, no seríamos hoy el país con menor crecimiento de América y a punto de perder, si esta Legislatura es tan vil como otras, el petróleo. No seríamos Iraq a las puertas del imperio, detrás del muro del patio trasero, con miles de ejecutados, desaparecidos, secuestrados, con hambre, sin empleo, un país que está padeciendo una guerra civil”. 

Había muchísimas pruebas documentadas, pero en 1982, un incendio provocado destruyó la documentación sobre la compra de los barcos Abkatum y Cantarell, y Oscar Álvarez, sindicalista petrolero, dijo al diario La Jornada en 2013 que “el 6 de septiembre de 1982 un incendio devastó el edificio B2, donde se almacenaban documentos de compras y proveeduría”. 

En marzo de 2013 hubo otra explosión en el mismo sitio, donde no hay calderas, era una zona de archivo muerto, de oficinas administrativas. 

Estos accidentes recuerdan el caso de la Ruta 100, cuando el funcionario Luis Miguel Moreno Gómez dedicó muchísimas horas para destruir la documentación que ligaba a la empresa con la guerrilla chiapaneca del Subcomandante Marcos, y tras considerar que había devastado las pruebas comprometedoras, Luis Miguel Moreno se encerró por dentro en su oficina y se quitó la vida de dos tiros en el tórax. 

Esta clase de suicidios resulta “increíble” para muchos lectores, así que no nos sorprendería que tampoco crean que en la industria petrolera fue hurtado un helipuerto en una plataforma marina. 

En el libro “El Cártel Negro”—Grijalbo-Proceso– la multi premiada periodista universitaria Ana Lilia Pérez, no sólo describe ese robo “increíble” sino que, de acuerdo al prólogo de la no menos famosa Carmen Aristegui, denuncia que “durante los gobiernos de Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón Hinojosa se desarrolló el ‘cártel negro’, un conglomerado de funcionarios, trabajadores, empresarios, contratistas, inspectores, contralores, agentes aduanales, dirigentes y miembros del sindicato petrolero, políticos, ordeñadores, tapineros (valvuleros), huachicoleros, extorsionadores, defraudadores, contrabandistas y lavadores de dinero, que alineados con los traficantes de droga, se consolidaron como una organización empresarial paralela a Pemex, al grado de competirle en el mercado nacional e internacional de los combustibles”. 

Entre otros interesantes asuntos, indica la señora Aristegui, “Ana Lilia Pérez descubrió que entre 2001 y 2011 Pemex fue objeto de más de cuarenta mil “incidentes”. Durante ese período, el jurídico de la paraestatal presentó 2,611 denuncias por ordeña y tomas clandestinas, pero solo 15 concluyeron en sentencia”. 

En julio de 2008, la Dirección General de Pemex reconoció, de manera oficial, el robo de hidrocarburos como uno de los principales desafíos de la empresa y se obtuvieron datos sobre la internacionalización de la ordeña de ductos, “desde ese año en las líneas de Chiapas y Veracruz comenzaron a detectarse vehículos de Guatemala involucrados en la sustracción de hidrocarburos en las regiones fronterizas del sureste”. 

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