LA ALIANZA DE LA MUERTE

*El cártel de Jalisco y el de Tijuana, que encabeza la familia Arellano Félix, particularmente la señora Enedina, sellaron una alianza criminal

Ricardo Ravelo/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Tijuana.- Nada ni nadie frena el exponencial crecimiento del cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), fundado por Nemesio Oseguera; oriundo de Aguililla, Michoacán, “El Mencho” pasó de ser un sicario y vendedor de drogas en México y Estados Unidos a jefe máximo de uno de los cárteles más poderosos de América Latina.

 En tan sólo catorce años su crecimiento ha sido fulgurante y ha atraído los reflectores internacionales por su vida de matón, traficante de drogas y también por la saña que impone a sus víctimas; su cártel es no sólo el que más territorio ocupa en México sino el mejor armado: cuenta con el poderío necesario incluso para declararle una guerra a las Fuerzas Armadas.

Sus dominios se extienden desde Quintana Roo, atraviesa todo el país y ahora se afincó en Baja California al establecer una alianza con el cártel de Tijuana Nueva Generación, que sigue controlando el trasiego de drogas en esa región fronteriza.

Bajo el mando de Enedina Arellano Félix, el cártel de Tijuana se ha mantenido de pie con la conducción de Enedina, quien es hermana de Benjamín y Ramón Arellano Félix, fundadores de ese grupo criminal a finales de la década de los años setenta con el respaldo de Miguel Ángel Félix Gallardo, tío de los cabecillas del clan tijuanense.

Insaciables, el cártel de Jalisco Nueva Generación sigue ganando territorios: ahora se enfrenta a los cárteles de Sinaloa y lo que queda de la estructura Beltrán Leyva con el objeto de apoderarse de Baja California, particularmente la ciudad de Tijuana, una de las más importantes en el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

A base de violencia –balaceras, levantones, asesinatos y un uso permanente del terror a través de las redes sociales –la organización que encabeza Nemesio Oseguera ejerce un dominio en ese estado fronterizo: asociado con el cártel de Tijuana, el grupo criminal pretende apoderarse del control del litoral y principales rutas para convertirse en el cártel más dominante en el país, pues tiene gran hegemonía y la ejerce desde Quintana Roo hasta Baja California, es decir, de punta a punta.

En más de seis mil kilómetros de territorio, el cártel de Jalisco explota el tráfico de drogas, secuestros, levantones, cobro de piso, explotación de recursos naturales, así como la comercialización del combustible robado en las instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) y domina el trasiego de fentanilo, cuyos precursores importan de China.

El cártel que dirige “El Mencho” conoce como pocos el atlas de toda la red de ductos por donde Pemex mueve sus gasolinas y diésel. Con un ejército de sicarios, el CJNG explota esos recursos y los comercializa entre los propios franquiciatarios de la paraestatal que son dueños de gasolineras y almacenes de combustibles.

EL TERROR, INSTRUMENTO LETAL

La ciudad fronteriza de Tijuana vivió momentos de terror cuando el cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) desató balaceras, incendió camiones, instalaciones, vehículos particulares y decenas de tiendas de autoservicio, entre otras, las de Oxxo, propiedad de la empresa Femsa, que opera la compañía Coca Cola.

Las acciones violentas tienen historia:  ocurrieron después de que en Jalisco y Guanajuato la misma organización criminal realizó acciones parecidas luego de que efectivos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) frustraron una cumbre de capos que se llevaba a cabo –o estaba por iniciar –en una demarcación de Jalisco.

Sicarios del CJNG provocaron incendios de automóviles, camiones y aplicaron su táctica principal: los narcos bloqueos para impedir que los refuerzos policiacos se movilizaran.

De acuerdo con informes consultados, estas reacciones del CJNG ocurrieron después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que la Guardia Nacional (GN) pasaría a manos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

De inmediato se dispuso que la GN se movilizara en los estados en crisis y reforzaran otras entidades en riesgo por la violencia del crimen organizado. Así fue como arribaron a Jalisco –cuna del cártel que dirige “El Mencho” –; Guanajuato, Michoacán, Guerrero, entre otros, donde se desató la guerra entre grupos criminales y las fuerzas del orden.

NARCOGUERRA NACIONAL

Debido a su intensa actividad criminal y a la disputa territorial que enfrentan al menos tres cárteles de la droga –Tijuana, Cártel de Jalisco y Sinaloa –el estado de Baja California sigue sumido en una cruenta violencia, a pesar de que el gobierno federal prometió terminar con la ola criminal que azota al estado.

Y es que la violencia del crimen organizado sigue al alza, pues todos los días hay asesinatos, levantones, secuestros y la venta de droga, así como el tráfico hacia Estados Unidos, siguen incontenibles. El principal epicentro de la violencia es la ciudad de Tijuana, la más grande e importante de esa entidad fronteriza.

Los datos oficiales no mienten: la ciudad de Tijuana –cuna en los años ochenta del cártel del mismo nombre que dirigían los hermanos Arellano Félix, uno de los más violentos de la historia –encabezó en 2019 la lista de municipios más violentos. El año pasado, por ejemplo, cerró con 2 mil 185 ejecuciones y por ello se convirtió en una ciudad más violenta del país, seguida por Guanajuato, donde la guerra por el tráfico de combustible robado –“El Huachicol” –derivó en matanzas y enfrentamientos entre los cárteles Santa Rosa de Lima y Jalisco Nueva Generación.

Pero la falla en las políticas y estrategias contra el crimen, la desatención oficial y la corrupción policiaca volvieron a colocar a Tijuana, en este 2022, como la demarcación con más asesinatos, pues de acuerdo con reportes oficiales éste repunte obedece a la lucha territorial que enfrentan células que se dedican a la venta de droga a granel, es decir, existe una guerra por el control del mercado.

Carlos Flores, comisionado de Seguridad e Investigación Estatal de Baja California, reconoció que el elevado índice de muertes en Tijuana representa el 75 por ciento de toda la violencia del estado, aunque existen otras ciudades que también enfrentan una fuerte crisis de violencia. Es el caso de Ensenada (250 crímenes en 2021). Las cifras indican, por otra parte, que hasta el 27 de diciembre de ese año en Baja California se habían contabilizado 2 mil 841 asesinatos, producto, en su mayoría, de las batallas entre cárteles del narcotráfico.

De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública, datos de la Guardia Nacional y un reporte basado en información difundida por la prensa de Baja California, las causas de que esa entidad enfrentan tan elevados índices de criminalidad tienen que ver con la expansión del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), que ahora domina el más amplio corredor de trasiego de droga y robo de combustibles, el cual abarca los estados de Tabasco, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Jalisco, Sonora y Baja California.

La irrupción del grupo criminal que encabeza Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho” se dio a raíz de que el cártel de Tijuana-Arellano, ahora autodenominado Cártel de Tijuana Nueva Generación, entró en crisis. Sin embargo, después de varios enfrentamientos ambos grupos negociaron una tregua y ahora son aliados en la guerra que enfrentan con el cártel de Sinaloa y el de Caborca que también pretende sentar sus reales en Baja California y, sobre todo, en la ciudad de Tijuana.

Y es que la guerra entre cárteles en esta región fronteriza tiene lógica. El grupo criminal que domina la frontera impone condiciones en el negocio, pues obliga al resto de los cárteles a la negociación a fin de cruzar sus mercancías ilegales hacia Estados Unidos.

Un informe policiaco del Proyecto de Justicia en México, a cargo de la universidad de San Diego, California, señaló que el cártel de Jalisco es una rama de Sinaloa que ha logrado renombrarse, consolidar sus redes y emerger como uno de los cárteles más poderosos de México. Esta expansión disparó la violencia.

En el mes de mayo de este año, el estado de Baja California, de nueva cuenta, se colocó como la entidad menos pacífica del país, según reportó la edición del Índice de Paz, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz (IEP).

Los datos de dicho informe explican que más de 6 mil personas fueron víctimas de extorsiones en 2019, en tanto que delitos como el narcomenudeo y delincuencia organizada en general aumentaron exponencialmente. Sólo el secuestro y la trata de personas registraron tasas ligeramente bajas, aunque aún está lejos su abatimiento, dice el informe referido. También aumentaron los delitos sexuales y la violencia familiar.

El informe coincide con las apreciaciones oficiales al señalar que el recrudecimiento de la violencia criminal en esa entidad, pero sobre todo en Tijuana, se atribuye a la alianza que sellaron los cárteles de Jalisco Nueva Generación y Tijuana-Arellano, pues esto generó que el cártel de Sinaloa –su acérrimo rival –arremetiera con mayor virulencia con el objeto de apoderarse del territorio, uno de los más codiciados por los grupos dedicados al trasiego de drogas.

Después de Baja California y Guanajuato, principales en la lista de entidades más violentas, le siguen Chihuahua, Colima y Quintana Roo. Atrás quedó Yucatán que, por ejemplo, fue una de las ciudades con mayor dinámica de violencia durante hasta el 2016 y ahora, por tercer año consecutivo, está entre los menos agitados por ese flagelo. Tlaxcala, Chiapas, Campeche y Nayarit, por el contrario, se deterioraron.

Otros elementos que explican el incremento de la violencia en Baja California es la separación de un grupo de presuntos sicarios, “Los Cabos”, que durante mucho tiempo operaron como brazo armado del cártel que dirige “El Mencho”.

Los sicarios enfrentan discrepancias al interior del CJNG y decidieron separarse. Al hacerlo, perdieron la protección que los blindaba frente a los ataques del cártel de Sinaloa, que aprovechó la vulnerabilidad de este grupo para arremeter contra ellos.

Además, el enfrentamiento entre “Los Cabos” y el CJNG generó una elevada ola de violencia en esa entidad-. Tan sólo en la ciudad de Tecate dejó un saldo de dieciséis ejecutados y entre mayo y agosto de este año la estadística oficial revela que hubo un total de 670 crímenes, muchos de ellos relacionados con esta disputa entre cárteles.

La ruptura entre “Los Cabos” y el CJNG, de acuerdo con un análisis de la Secretaría de Seguridad Pública de Baja California, es una muestra de los problemas internos que enfrenta el grupo criminal dirigido por Nemesio Oseguera.

La pugna interna comenzó, dice el informe, cuando “Los Cabos” decidieron salirse de la organización debido a las diferencias con la nueva directiva del cártel. A ello se sumó la confrontación que el CJNG tiene con Sinaloa, éste uno de los cárteles más poderosos, que lucha por no ser desplazado en el dominio territorial que ejerce en todo el país.

Esta no es la primera vez que el CJNG sufre una fragmentación. En 2018 enfrentó problemas con el Cártel Nueva Plaza de Guadalajara, su brazo armado. Ahora, el Cártel de Jalisco debe luchar con dos frentes: “Los Cabos” y Sinaloa, pues el grupo encabezado por los hijos de “El Chapo” y “El Mayo” Zambada pretenden acomodarse en ciudades importantes como Tijuana, Tecate y Rosarito.

El cártel de Tijuana-Arellano, por su parte, sólo tiene presencia en Tijuana, lo que explica la disminución de su fuerza. El grupo criminal sigue controlado por la familia Arellano Félix, fundadores del cártel de Tijuana que en los años ochenta y noventa encabezaron los hermanos Ramón y Benjamín Arellano –los más violentos en esa época –y que terminaron siendo desplazados por grupos rivales.

Benjamín Arellano fue detenido en la ciudad de Puebla en 2003, durante el gobierno de Vicente Fox; estuvo encarcelado en el penal de La Palma, Estado de México. Luego fue extraditado a Estados Unidos, donde enfrenta un juicio por tráfico de drogas. Recientemente, el capo pidió ser perdonado por las autoridades estadunidenses, pero no tuvo éxito.

Ramón Arellano, su hermano, otro de los más violentos, fue ejecutado en 2002 en Mazatlán, Sinaloa, cuando se disponía a asesinar a Ismael “El Mayo” Zambada, quien pretendía irrumpir en Baja California y apoderarse de la plaza.

Se cuenta que en aquella ocasión Ramón Arellano tomó su arma, su vehículo –un Volkswagen sedán – y emprendió un viaje de Tijuana a Mazatlán. Cuando llegó al puerto tuvo un enfrentamiento con un agente de tránsito debido a una infracción que cometió. No quiso pagarle y cuando intentó matar al policía éste le disparó en la cabeza. En ese momento no supo que había asesinado a uno de los líderes del cártel de Tijuana más virulentos de la historia del narcotráfico mexicano.

La misma suerte corrió Francisco Arellano Félix. Este compurgó una pena en el penal de La Palma y fue extraditado a Estados Unidos. En ese país le impusieron una pena de cuatro años y fue deportado a México sin delito alguno en su contra.

Un día festejaba el cumpleaños de un menor, al parecer su sobrino, en una casa de Ensenada. Francisco estaba sentado en la mesa de honor, junto con otros invitados.

Al atardecer arribaron al lugar unos payasos contratados para ofrecer un espectáculo infantil. Cuando comenzó se empezaron a desatar las risas de los comensales. Los payasos divertían con sus chistes y su espectáculo. De pronto, uno de los payasos se acercó a la mesa de honor y se paró frente a Francisco Arellano. Sacó una pistola de entre su ropaje holgado y asesinó al capo que ya no pudo disfrutar su libertad.

Este crimen, sin embargo, no exterminó por completo al cártel de Tijuana. De acuerdo con datos oficiales, Enedina Arellano Félix, diestra en el manejo financiero, ahora conduce al llamado Cártel de Tijuana Nueva Generación, la organización que opera en alianza con el Cártel de Jalisco y se aprestan a controlar no sólo el estado de Baja California sino buena parte del territorio en la que por dos décadas fueron amos y señores.

Así, a base de violencia –muertes, levantones, secuestros y un constante uso del terror a través de las redes sociales –el cártel de Jalisco impuso sus reales en Baja California, donde ahora son los amos del territorio.

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