JUSTICIA CONTRA EL INFLUYENTE POTOSINO

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Séptima y última parte)

Ciudad de México. -El potosino le encarga su abrigo a su ayudante José López Iglesias y le pide que no se mueva hasta su regreso. (¿Ayudante para cuidar un abrigo?) Luego, le pide al chismoso que identifique al bocón que en ese momento partía en su automóvil.

El político también dejó al segundo ayudante y siguió al “ofensor” en un auto prestado, conducido por un tercer ayudante, capitán Ernesto López Quintanilla y, poco antes de alcanzarlo, Gonzalo le pregunta a Ernesto si sabía la identidad del joven, el chofer dice que sí, pero que los ayudantes “no están para calentar la sangre al jefe con chismes comprometedores”.

Al llegar a las calles de Acapulco, frente a la casa 70, el político baja y el ayudante le pregunta si quiere que lo acompañe. (¿Para qué sirve un guardaespaldas, que no sabe que para proteger al político fue contratado?)

Gonzalo Natividad Santos Rivera se aproxima con su .45 en la mano y, cuando ve (eso dijo) que “el figurín” metió mano a la cintura, el joven se quedó petrificado, probablemente de miedo y “le descargué las ocho balas de mi pistola y se murió”.

Aseguró Gonzalo que el estudiante tenía un fistol y una pistola .32 niquelada, “propiedad del diputado”. Y cabe mencionar que al ser presentado el libro “Memorias”, en la Casa de la Cultura de San Luis Potosí, Marta Riquelme Capdevielle comentó que “no era posible quedarse callada ante el homenaje que se le rindió a un asesino”, la denunciante residía en San Jerónimo Lídice, ciudad de México y fue de los últimos Capdevielle en exigir justicia contra el influyente potosino que se burló de la justicia y la sociedad durante varias décadas, para terminar aceptando que efectivamente mató de ocho balazos, personalmente, al pasante de Derecho, Fernando Capdevielle Oleata, el 21 de septiembre de 1927.

Se sabe que las esquelas anuales denunciando el crimen de Fernando (“Hoy se cumplen tantos años de que…y el asesinato sigue impune”) fueron publicadas durante más de 25 años, tiempo en que Gonzalo N. Santos gozó de absoluta protección del régimen en turno y, claro, cuando reconoció que había matado por celos al joven pasante de Derecho, el potosino sabía que todo había prescrito.

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