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viernes, octubre 16, 2026

Golpe de Tecla

La 4T, un semillero de millonarios

*El primer y segundo piso de la llamada Cuarta Transformación llegó al poder prometiendo acabar con los privilegios, combatir la corrupción y demostrar que se podía gobernar con austeridad. Regidos bajo su máxima de “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”, repetía como consigna Andrés Manuel López Obrador y una que otra vez lo vuelve a repetir su apóstol Claudia Sheinbaum, aunque en los hechos, varios políticos morenistas demuestren lo contrario

Por Noé Zavaleta

Xalapa, Ver.-Mientras el discurso oficial hablaba de pobreza franciscana, austeridad republicana y de vivir como el pueblo, alrededor de la 4T fueron apareciendo casas, terrenos, departamentos, cuentas bancarias y patrimonios que difícilmente caben en la narrativa del servidor público que apenas llega a fin de mes.

La 4T resultó ser un peculiar semillero de personas “aspiracionistas” de las cuales también criticaba el macuspano, llegaron hablando de los pobres y, con el paso de los años, comenzaron a florecer los millonarios.

AHORA LE TOCÓ A OCTAVIO ROMERO OROPEZA

Y aquí aparece una cifra que no es una opinión ni una interpretación política: 47.5 millones de pesos de patrimonio declarado. El ciudadano promedio tratando de juntar puntos para una casita y él juntando casitas para explicar punto por punto.

El director del Infonavit reportó cuatro terrenos que, en conjunto, suman alrededor de 70 hectáreas; una casa; dos departamentos; más de 7.4 millones de pesos en cuentas bancarias y alrededor de 3.1 millones en bienes muebles.

Los inmuebles, por sí solos, representan casi 37 millones de pesos. Y entonces aparece la pregunta incómoda. ¿son legales?.

La pregunta correcta es otra: ¿Cómo se construyó ese patrimonio y resulta razonablemente compatible con los ingresos que ha tenido durante su trayectoria?.

Porque legalidad y transparencia no son sinónimos. Romero Oropeza sostiene que su patrimonio es producto de décadas de trabajo y ha ofrecido explicaciones sobre el origen y adquisición de sus propiedades. También ha argumentado que algunas operaciones se realizaron hace décadas, cuando todavía circulaban los llamados “viejos pesos”, y que parte de sus inmuebles fueron adquiridos mediante créditos. Perfecto. Que se explique.

Eso es precisamente lo que debería ocurrir cuando un funcionario público presenta un patrimonio de estas dimensiones. El problema comienza cuando la transparencia llega después de la presión política.

Su declaración permaneció reservada durante dos años, hasta que la propia presidenta Claudia Sheinbaum le pidió públicamente que la hiciera pública. Y entonces aparecieron los 47.5 millones.

También aparecieron inconsistencias que merecen una explicación: una casa que en una declaración figuraba como adquirida mediante crédito aparece posteriormente como comprada de contado; algo similar ocurre con los departamentos adquiridos en 2018.

Romero ha dado su versión sobre esas diferencias. Pero, otra vez, explicar no equivale a condenar.

Y tampoco explicar debería equivaler a cerrar el expediente. Porque el asunto no termina con Romero. Su propio entorno familiar vuelve a poner el tema sobre la mesa.

Su hija, María Eugenia Romero Lozano, reportó ingresos por aproximadamente 2.5 millones de pesos durante 2025, de los cuales 1.2 millones aparecen bajo el concepto de “donaciones”.

¿Quién hizo esas donaciones? La declaración pública no lo precisa. Y ahí vuelve a aparecer la pregunta que debería hacerse cualquier gobierno que presume transparencia: ¿Quién, cómo, cuándo y por qué?.

Porque 1.2 millones de pesos en donaciones no son precisamente el equivalente a que una tía te mande dinero para completar la renta.

Y luego está el caso del exsecretario de Marina, Rafael Ojeda Durán, cuya declaración desclasificada también ha generado preguntas: aparecen dos créditos hipotecarios por más de seis millones de pesos, mientras la versión pública de su declaración no reporta bienes inmuebles.

Una hipoteca, desde luego, no demuestra una irregularidad. Tampoco un patrimonio elevado prueba por sí mismo corrupción. Una donación no constituye automáticamente un delito.

Pero para eso existen las declaraciones patrimoniales: para que el ciudadano pueda conocer, comparar y preguntar.

Y ahí es donde la 4T empieza a tener un problema con su propio espejo. Porque durante años construyó buena parte de su legitimidad política sobre una idea muy sencilla: “ellos no eran como los de antes”.

Los anteriores tenían privilegios, ellos tendrían austeridad; los anteriores acumulaban, ellos vivirían con lo necesario; los anteriores ocultaban, ellos transparentarían.

Pero el tiempo pasó y comenzaron a aparecer funcionarios y personajes cercanos al poder con patrimonios que obligan a formular exactamente las mismas preguntas que antes se hacían a los gobiernos que Morena prometió sustituir. Y quizá ahí esté la ironía más grande.

La 4T llegó diciendo que iba a transformar al poder, pero el poder también parece haber transformado a algunos de los que llegaron con ella.

El problema no es que un funcionario tenga dinero. El problema sería que no pudiera explicar de manera convincente de dónde salió.

El problema no es que tenga una casa, es que existan diferencias en cómo la reportó.

El problema no es que tenga terrenos, es que durante años se haya hablado de austeridad mientras la información patrimonial permanecía bajo llave.

Y el problema no es que un familiar reciba una donación, es que cuando aparece más de un millón de pesos bajo ese concepto, la sociedad tenga que enterarse por una declaración y quedarse preguntando quién puso el dinero.

Al final, aquella frase de “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre” tenía una enorme carga política cuando fue pronunciada. Hoy tiene una carga adicional: la de recordarles que el poder no solamente debe ser austero; también debe parecerlo.

Porque de poco sirve cambiar los colores, los slogans y los apellidos del poder si al final volvemos a descubrir lo mismo de siempre: que mientras al pueblo le explican que hay que apretarse el cinturón, algunos funcionarios parecen haber descubierto que la austeridad también puede ser bastante rentable.

Y así, casi sin darse cuenta, la Cuarta Transformación pasó de prometer una transformación de la riqueza a convertirse en un semillero de nuevos millonarios.

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