GOBIERNO REBASADO POR EL CRIMEN

*Para los habitantes de Tamaulipas es pan de cada día escuchar detonaciones de armas de fuego y en lugar de un sitio para vivir se encuentran en un escenario de guerra

Ricardo Ravelo | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Tercera de cinco partes)

Ciudad de México.- En Tamaulipas, este escenario de total control criminal minimizó la figura del gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, cuyo Gobierno ha resultado un fracaso por sus fallas y desatinos en el combate al narcotráfico. Durante su mandato, las redes del delito se han incrementado, imparable la violencia que azota a todo el territorio.

Tanto de día como de noche –y este es un verdadero escenario de guerra– la metralla no cesa en diversos municipios, los más sangrientos, los que se ubican en el límite fronterizo con Estados Unidos: Miguel Alemán, Camargo, Ciudad Mier, entre otros, donde las balaceras ya son parte de la realidad cotidiana.

Los informes oficiales señalan también, que después de Tamaulipas en la lista de territorios incendiados por la criminalidad le siguen Chihuahua y Guerrero, con seis bandas locales cada uno. Sin embargo, un informe del Cisen titulado Presencia de la Delincuencia Organizada en Guerrero, elaborado en 2019, señalaba entonces que en Guerrero operaban 300 organizaciones criminales y cuyas cabezas son personajes que tenían (o tienen) líneas de parentesco con autoridades estatales y municipales.

En sus partes medulares, el informe sostiene que la crisis de inseguridad se agudizó por las disputas y enfrentamientos armados entre los cárteles del Golfo, Pacífico, La Familia Michoacana, Los Zetas y los Beltrán Leyva.

Poco después, los decibeles de la guerra aumentaron cuando a la confrontación por el territorio se sumaron dos de los cárteles más violentos: Guerreros Unidos y Los Rojos, los que convirtieron al Estado de Guerrero en un territorio de muerte, el cementerio de la impunidad.

DESAPARICIÓN DE ESTUDIANTES DE AYOTZINAPA

Justamente estos dos cárteles que se disputan el control del Estado son señalados como los responsables de la desaparición y muerte de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en septiembre de 2014. Se han cumplido siete años de este hecho y el caso sigue envuelto en la impunidad y el misterio.

Ambos grupos criminales operan desde entonces con protección oficial, policíaca y militar, según ha quedado en evidencia en las investigaciones federales implementadas tras la desaparición de los estudiantes.

El informe incluye algunos datos históricos que explican la imparable violencia en ese Estado: Sostiene, por ejemplo, que en 2008 los Beltrán Leyva abrieron fuego por el control territorial –uno de los más codiciados porque se ubica en la ruta del Pacífico– al enfrentarse a los hombres del Cártel del Golfo y de Los Zetas, por aquel tiempo todavía aliados.

Tras la muerte de Arturo Beltrán, en 2009, durante un enfrentamiento con marinos en su condominio de Cuernavaca, Morelos, el grupo de sicarios conocido como Los Pelones continuaron al servicio de Héctor Beltrán, “El H”, quien se enfrentó a Édgar Valdez Villarreal, La Barbie –detenido en México debido a un percance de tránsito– quien posteriormente fue extraditado a Estados Unidos. Desde el pasado 11 de junio purga una condena de 49 años de prisión y debe pagar 192 millones de dólares.

Pero cuando los hermanos Beltrán se vieron mermados en Guerrero sobrevino una avalancha de células criminales. Surgieron Los Rojos y el Cártel de la Sierra, ambos ligados a lo que resta del Cártel de Los Beltrán, quienes están confrontados con La Familia Michoacana, grupo criminal que sobrevive.

TRAS CAÍDA DE LA BARBIE LLEGÓ EL CÁRTEL DE ACAPULCO

La caída y extradición de La Barbie no dejó vacío el territorio. En su lugar se afincó el grupo Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), uno de los más violentos. Esta organización enfrentó una guerra interna y se dividió. Así surgieron dos grupos: Uno encabezado por Carlos Antonio Barragán, “El Melón”, Benjamín Flores Reyes, llamado “El Padrino” (capturado por agentes en 2010) y Moisés Montero, “El Coreano”, quien fue identificado como expolicía ministerial tras su detención en 2011.

Al segundo grupo se le conoce como La Barredora y lo encabezan Cristián Tarín, “El Cris” y Eder Yair Sosa, “El Cremas”. Estas dos células, de acuerdo con el informe oficial, se aliaron al Cártel de Sinaloa.

Dicha alianza tiene razones de peso: “El Cris”, según los reportes policíacos, es hijo de Arturo González Hernández, “El Chaky”, quien fuera lugarteniente de Amado y Vicente Carrillo Fuentes en la Comarca Lagunera, que abarca los Estados de Coahuila y Durango, respectivamente, una zona con una alta incidencia delictiva.

De acuerdo con su ficha criminal, González Hernández operó por varios años en la Comarca Lagunera, siempre al servicio de Vicente Carrillo; luego fue detenido y recientemente fue puesto en libertad. Actualmente opera en la zona conurbada Torreón, Coahuila-Gómez Palacio, Durango, considerado un territorio de muerte.

Deja una respuesta

Botón volver arriba