Florentino Ventura: se había convertido en un peligro

Su muerte fue instantánea y Orozco Salazar fue detenido, pero solo por algunas horas, tras comprobarse, dijeron las autoridades, que no había participado en los hechos.

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Sexta y última parte)

Ciudad de México.— De acuerdo con lo declarado por Orozco Salazar ante el Ministerio Público, los hechos se desarrollaron de la siguiente manera. 

—¿Cómo iba a imaginar que mi esposa, Olga, era amiga y comadre de la mujer de Florentino y que el policía que me detuvo y yo nos volveríamos a encontrar en Ciudad Mante, Tamaulipas, cuando vino a buscar a su compañera, después de una de sus tantas diferencias? 

—Ventura, añadió Orozco, había sido el gran torturador de integrantes de grupos guerrilleros, incluso se le acusaba de varias de sus muertes por los bárbaros métodos aplicados. Era sádico, se encargaba personalmente de las torturas cuando era director de la Policía Judicial Federal. 

Dijo que el comandante lo había invitado, a él y a su pareja, a celebrar las Fiestas Patrias en la Ciudad de México y que “pa aplacar la resaca salieron a comer carnitas al restaurant Arroyo y que, ya entrados en ambiente, decidieron acudir al bar de Sanborns Perisur”. 

Salieron de ahí y cruzaron Insurgentes, para estacionar el coche manejado por Florentino, a un lado de lo que fueran las instalaciones y oficinas del Instituto Nacional de Protección a la Infancia. 

Se trataba de caminar y despejarse un poco, dijo. 

“Se adelantaron Cira y Florentino y empezaron a discutir tan fuerte que, preocupada mi mujer, avanzó hasta alcanzarlos tratando de poner paz, pero cuál sería la sorpresa que el policía sacó su pistola y asesinó a su compañera para después hacer lo mismo con mi esposa”. 

“Me quedé frío, creyendo que seguía yo, porque pistola en mano venía hacia mí, a encontrarme, pero se detuvo a unos pasos, se metió el cañón de la pistola, unos 9 milímetros, a la boca y se disparó”. 

Su muerte fue instantánea y Orozco Salazar fue detenido, pero solo por algunas horas, tras comprobarse, dijeron las autoridades, que no había participado en los hechos. 

Para subordinados, compañeros e incluso delincuentes, la versión de las autoridades no era creíble, pues para ellos Florentino Ventura jamás se suicidaría, en todo caso enfrentaría situaciones difíciles buscando la muerte, pero no atentado contra su vida. 

Según testimonios de viejos comandantes, lo que pasó, dijeron, es que Florentino era el encargado de “trabajar” los asuntos especiales de los jefes, muchas veces encargos de políticos o gente muy poderosa, a lo que le interesaba desaparecer a alguien y Florentino era garantía de que se cumpliría la orden. 

Sabía demasiado, dijeron, y la misma gente que a la que le “trabajaba” consideró que se había convertido en un peligro para ellos mismos si, en determinado momento, abría la boca.

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