Florentino Ventura: un negro historial de torturas

*La fama hizo que en 1960 lo transfirieran a la Policía Judicial Federal, pero ya con el grado de primer comandante y su fama como policía implacable se acrecentó

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Segunda de seis partes)

Ciudad de México. – El incipiente policía imaginaba un día ser como ellos, un agente de la DFS, hasta que un día finalmente logró ingresar, cuando el titular era el licenciado Gilberto Suárez Torres.

Después conocería al capitán Luis de la Barrera Solórzano, a Javier García Paniagua y a Miguel Nasar Haro, con el que entabló especial amistad y quien lo instruiría no solo en el oficio policíaco, sino principalmente en la manera de hacer hablar a los detenidos.

Y sí, desde los primeros días Florentino mostró especial satisfacción en el desempeño de su trabajo. Caso que quedaba bajo su encargo lo resolvía sin problemas, aunque también desde entonces mostró saña al interrogar a los presuntos.

Siempre encontró al o a los culpables, lo fueran o no.

Esa fama hizo que en 1960 lo transfirieran a la Policía Judicial Federal, pero ya con el grado de primer comandante y su fama como policía implacable se acrecentó, aunque no dejó de trabajar en coordinación con la DFS.

Ya para la década de los ochenta se había forjado una trayectoria como excelente investigador, pero también uno de los más negros historiales como torturador.

A través de los 25 años que llevaba ya en la PJF, Florentino Ventura se había desempeñado como investigador en el área política; comandante de grupo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, para la detección de narcóticos y contrabando y en el grupo especial adscrito a la Dirección General de Averiguaciones Previas de la entonces Procuraduría General de la República (PGR). 

Pero desde antes, en 1968, Florentino dio muestras del gusto por su trabajo, al declararse enemigo a muerte de los guerrilleros a los que el gobierno mexicano persiguió tenaz y ferozmente hasta exterminarlos.

A mediados de 1984, como primer comandante de la PJF de Averiguaciones Previas, fue asignado para “asuntos especiales” y fuerte aspirante a ocupar el importante cargo que detentaba Jorge Miguel Aldana Ibarra, jefe de la Interpol–México y a quien, por cierto, detendría años después.

Miguel Aldana, sin contar, aparentemente con bases sólidas, declaró públicamente que el agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar no estaba muerto, que lo había visto en los Estados Unidos, lo que sugirió que todo había sido un enjuague de la PGR y el gobierno estadounidense para detener a Rafael Caro Quintero, con el que se presumía había pactos para protegerlo.

Por otra parte, en su aspecto interno, resultaba contradictoria la actitud que mostraba en su trabajo: feroz, cruel y despiadado y la que asumía frente a su compañera de toda la vida, su esposa María Cira Villanueva.

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