“EL TÍO”, CAPO INVISIBLE, CEREBRO FINANCIERO DE CARO QUINTERO

*Un genio de las finanzas detrás de las mentes criminales

*Medio siglo operando en las sombras con familiares de Caro Quintero

*Lavaba dinero simultáneamente al CJNG, Sinaloa, Golfo y Beltrán Leyva

*Entre sus “clientes”, también figuraron Rafa Márquez y Julión Álvarez

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

Ciudad de México. – Como un fantasma, siempre operando en la clandestinidad, un poderoso narcotraficante se mantuvo en el anonimato durante más de medio siglo, tiempo en que el gobierno de México no conoció de su existencia, hasta que Estados Unidos le compartiera información y aun así, cuando lo detuvo la entonces Procuraduría General de la República, resolvió entregarlo al gobierno del vecino país, “porque era prácticamente imposible consignarlo por la complejidad del expediente”.

Nos referimos a Raúl Flores Hernández, alias “El Tío”, nacido hace 70 años, el 3 de octubre de 1952 en el estado de Jalisco, es señalado de haber liderado durante muchos años la organización criminal “Los Flores”, la cual opera desde la década de los años 80 en Guadalajara, Jalisco y en la Ciudad de México.

En agosto del 2017, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos hizo pública una lista, producto de una investigación de más de cuatro años, en la que documentó que Raúl Flores Hernández y sus socios, utilizaron más de 30 empresas para blanquear millonarias cantidades de dinero proveniente del narcotráfico.

Entre las empresas señaladas por las autoridades estadunidenses, figuraron el Club Deportivo Morumbi A.C, radicado en Zapopan, cuya razón social era la de Guerreros Autlán, equipo con presencia en la Segunda y Tercera División del futbol mexicano.

Este equipo registró ante la Federación Mexicana de Fútbol a Flores Hernández, como su presidente hasta el 2008, fecha en que, de manera misteriosa, el organismo «desapareció» y la franquicia pasaría a convertirse en el Oro.

Además de El Tío, había otros personajes que fungieron como fundadores de Guerreros, entre ellos, su hermano José y otros miembros de su familia como Gilberto Rodríguez Flores, Francisco Javier González, Jorge Alonso, Abel del Real Chávez, Felipe Flores Gómez y María Isela Chávez Martínez.

Guerreros Autlán jugaba sus partidos como local en la Unidad Deportiva Chapultepec, aunque realizaba sus entrenamientos en Zapopan, justo en los terrenos de una de las empresas que forman parte de la lista de 30 que, de acuerdo a las autoridades estadounidenses, fueron utilizadas por El Tío para lavar dinero.

Para la Oficina de Control de Bienes de Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, Raúl Flores, el gran capo desconocido, traficó grandes cantidades de droga, principalmente cocaína desde los años setenta.

La Corte Federal de San Diego del Distrito Sur de California, acusó formalmente a Raúl Flores Hernández, “El Tío”, de trasladar grandes cantidades de cocaína de América del Sur a México para su distribución y transporte hacia los Estados Unidos.

La OFAC precisó que Flores Hernández tuvo más de 20 presuntos socios criminales, así como la propiedad de 42 empresas y otras entidades afiliadas a la organización criminal, bajo la designación de Narcotraficantes Especialmente Designados (Kingpin Act, en inglés).

Su bajo perfil le permitió colocar toneladas de droga al otro lado del país y se convirtió en socio de distintos capos de Sinaloa como Joaquín el “Chapo” Guzmán y los Beltrán Leyva, gracias a las añejas relaciones con Rafael Caro Quintero y a sus contactos con las redes de distribución en Colombia.

Fue así que se convirtió en un personaje que manejó desde artistas hasta futbolistas, al tiempo que sostuvo negocios con varios cárteles de manera simultánea, y lavó dinero de los cárteles más importantes de la época.

En una medida relacionada, incluyó en su lista de individuos que actuaron como prestanombres o testaferros de Flores Hernández, al futbolista michoacano Rafael Márquez Álvarez y al chiapaneco Julio César Álvarez Montelongo, mejor conocido como Julión Álvarez, quienes, consciente o inconscientemente, sobre todo en el caso de Márquez, mantuvieron relaciones de negocios durante casi 20 años con el capo.

En el rol hecho público, resultado de una investigación de más de cuatro años, se incluyeron una decena de parientes y socios de Flores Hernández, y más de 40 empresas de Jalisco en las que éstos tienen intereses, entre ellos el Grand Casino, un grupo gasolinero, restaurantes, bares, empresas constructoras y hasta un equipo de fútbol.

En la investigación sobre narcotráfico número 17CR680-JAH, iniciada el 17 de marzo de 2017 sobre la organización de Flores Hernández, participaron conjuntamente la Administración Antidrogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés); la oficina del Departamento de Seguridad Interior (DHS, por sus siglas en inglés) en San Diego, y por la oficina de la DEA en Guadalajara.

El Gobierno de Estados Unidos aseguró en su momento que desde hace muchos años, y hasta la fecha, los mexicanos incluidos en la lista han colaborado con Raúl Flores Hernández o sus hijos, para lavar dinero de organizaciones delictivas.

Como resultado de esta acción, se congelaron todos los activos de las personas y entidades designadas que están bajo la jurisdicción de los Estados Unidos o están bajo el control de personas de los Estados Unidos y además se les cancelaron sus visas para entrar a territorio estadounidense.

No obstante, el 22 septiembre de 2021, sin que mediara explicación alguna, el Departamento del Tesoro determinó borrar de su lista negra al ex futbolista mexicano, Rafael Márquez Álvarez y a fines de mayo de este 2022, Julión Álvarez también fue borrado de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EU.

Antes, en agosto de 2018, la Secretaría de Hacienda de México, había quitado cualquier bloqueo sobre las cunetas de Julión y de Rafa, sin embargo les seguían reteniendo activos de sus empresas.

Por otra parte, de acuerdo a reportes de inteligencia, Flores Hernández mantuvo relaciones muy estrechas con Caro Quintero, a grado tal que tenía como operadores a Efraín y Omar Caro Urías, sobrinos del llamado “Narco de Narcos”, pero también con otros personajes ligados a promociones de espectáculos y restaurantes como Mario Alberto Fernández Santana, apodado El Gordo Fernández.

La OFAC informó al gobierno mexicano que de manera simultánea Flores Hernández servía como lavador de dinero a los cárteles de Sinaloa al del Golfo, al de los hermanos Beltrán Leyva y al Cártel de Jalisco Nueva Generación, pese a la rivalidad existente entre dichas organizaciones.

Esas actividades paralelas le permitieron a Flores Hernández acumular una gran riqueza que invirtió en una extensa red de negocios, ubicada principalmente en Guadalajara, Jalisco.

Por otra parte, Fernández Santana fue el promotor de Valentín Elizalde, asesinado en el 2006 al terminar una actuación en Reynosa, Tamaulipas. Se dijo que El Gallo de Oro fue ejecutado por los Zetas en venganza por su relación con el Cártel de Sinaloa y sobre todo por la canción “A mis enemigos”, supuestamente compuesta contra los rivales del cártel del Chapo.

Tiempo después de la muerte de Elizalde, su entonces pareja, Nathaly Fernández, hija del Gordo Fernández, el socio de Flores Hernández, se casó con Julión Alvarez, en Tezistlán, Jalisco. Una de las principales invitadas a la boda fue la cantante, también fallecida en un extraño accidente de aviación, Jenny Rivera.

Por esas mismas fechas, fue asesinado en Jalisco el exfutbolista David El Magic Mendoza, cuando iba acompañado del sobrino de Caro Quintero, Omar, en una camioneta de su propiedad y de Raúl Flores Gómez, quien entonces era el gerente del Camelias Bar.

De todas las investigaciones del Departamento del Tesoro y de sus conclusiones, fue enterada la entonces Procuraduría General de la República e incluso les recordaron que en México “El Tío” había sido arrestado en el 2013, pero salió de prisión al año siguiente.

Tras el cúmulo de información aportada por el gobierno estadounidense y por la presión que ejerció, finalmente el 20 de julio de 2017, Flores Hernández fue detenido y trasladado al Reclusorio Sur de la Ciudad de México, considerado como una cárcel VIP (very important person, persona muy importante).

En ese penal permaneció casi cuatro años, sin que se resolviera su situación legal, hasta que el 7 de febrero de 2021, la ya entonces Fiscalía General de la República informó que extraditaba a los Estados Unidos a Raúl Flores Hernández.

Lo que no dio a conocer, fue que el mimo agente del Ministerio Público Federal reconoció ante la juez Rosa María Cervantes Mejía que era prácticamente imposible consignar el expediente “por la complejidad del asunto”, pese a que sabían que Flores Hernández había operado para el narco desde la década de los 70, manteniendo un perfil muy bajo.

Por lo mismo, la FGR resolvió entregarlo a la Unión Americana para que la Corte Federal de Distrito para el Distrito de Columbia, pudiera procesarlo por su probable responsabilidad en los delitos de asociación delictuosa y contra la salud.

Sólo de esa manera fue posible que “El Tío”, una suerte de padrino de la vieja escuela del narco, pudiera ser encarcelado y vinculado a proceso, de otra manera, de haber continuado en México, cabría la posibilidad de que hubiera recobrado su libertad o incluso que aún estando preso siguiera manejando su organización desde la cárcel.

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