MEMO CALDERONI: TEMIBLE Y DESPIADADO COMANDANTE FEDERAL

*Su vida estuvo plagada de corrupción, traiciones y asesinatos

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Primera de siete partes)

Ciudad de México.- La historia del ex comandante federal Guillermo González Calderoni, hasta más de tres lustros después de su muerte, fue todo un misterio; los gobernantes en turno se encargaron de ocultar sus datos personales y pormenores de su trayectoria, “por seguridad nacional”, dijeron.

Fue hasta diciembre de 2019, 16 años después de ser ejecutado en Estados Unidos, cuando el Instituto Nacional de Acceso a la Información ordenó a la Fiscalía General de la República hacer público el expediente laboral del ex jefe policíaco.

Sin embargo, el INAI condicionó la información, al señalar que se debían proteger los datos personales sensibles, como domicilio particular, números de teléfono de particulares, lugar de nacimiento, fecha de nacimiento, RFC, sexo, estado civil, edad, nombre de los padres, nacionalidad, beneficiario de seguro, huellas dactilares y rasgos físicos.

Ninguna otra información.

Sin embargo, investigaciones periodísticas revelaron parte de la trayectoria del entonces llamado superpolicía; esto es lo poco que se conoce de su historia.

Guillermo González Calderoni, nació en pañales de seda, en 1949, en Reynosa, Tamaulipas, hijo de un próspero empresario tamaulipeco y de una modelo de origen italiano. Fue conocido en la jerga policiaca como “Memo Calentoni” por su brutal manera de interrogar a los detenidos a los que “calentaba” (torturaba) para que se confesaran culpables.

Calderoni, más conocido por su apellido materno que por el paterno, no fue el clásico policía, rudo, inculto, bronco, sino un personaje de modales finos, con pleno dominio del inglés y francés, merced a la educación recibida en los mejores colegios particulares.

A diferencia de su padre, que era un magnate en los negocios, Calderoni decidió incursionar en el Servicio Público. Sus primeras experiencias como empleado menor fueron en Petróleos Mexicanos y ya como funcionario de cierto nivel, en el Registro Federal de Vehículos.

No obstante, en ninguna de las dos dependencias destacó, por lo que enfocó su mira hacia las corporaciones policiacas.

En 1983, gracias a las relaciones que hizo cuando trabajó para el RFV y, desde luego, a su preparación académica, ingresó como jefe de grupo a la Policía Judicial Federal, cuando el doctor Sergio García Ramírez fungía como procurador general de la República. Durante los nueve años que permaneció activo en las filas de la citada corporación, estuvo bajo la supervisión y las órdenes de los procuradores Enrique Álvarez del Castillo y de Ignacio Morales Lechuga.

Uno de sus mejores amigos, maestro y protector, fue el comandante Carlos Aguilar Garza, quien sería ejecutado años más tarde, se dijo, por órdenes del mismo Calderoni, no solo para alcanzar mayor jerarquía dentro de la corporación, sino para adueñarse de los contactos que tenía su “amigo” con el Cártel del Golfo.

Sus jefes y compañeros, fueron personajes como Javier Coello Trejo, llamado “El Fiscal de Hierro”, por su enérgica acción contra ciertos narcos y su benevolencia con otros y Florentino Ventura Gutiérrez, un personaje calificado por la Drug Enforcement Administration (DEA), como el más brutal, pero el más eficiente.

Se cuenta que el corpulento fiscal, aprovechaba su enorme peso en una de sus “técnicas” para interrogar a los detenidos: ordenaba a sus hombres que sujetaran al detenido y lo mantuvieron tendido en el piso, bien bocarriba o bocabajo.

Después tomaba vuelo y se dejaba caer de sentón sobre el interrogado, en el estómago o en la espalda, al tiempo que le decía: “sienta el peso de la ley, cabrón”.

Entre las demás amigos de Calderoni, estaban los hermanos Christian y Salvador Peralta Pérez, Mario Alberto González Treviño, José María y José Luis Larrazolo Rubio, Elías Ramírez Ruíz, Amado Nava Ramírez, Héctor Arturo Rojas, Guillermo Robles Liceaga, Miguel Ángel Silva Caballero, alias “Chicochangote”; Manuel Gutiérrez Béjar, Bernardo González Urtuzuástegui, Luis Esteban García Villalón, Emilio López Parra y Fernando de la Sota Rodalleguez, entre otros.

Una de las características principales de dichos jefes policiacos, es que la gran mayoría, en determinado momento, se vio involucrado en hechos delictivos y algunos, inclusive, fueron ejecutados en narco ajustes, al establecerse que a pesar de estar ligados a determinada organización criminal, traicionaron a sus jefes y se pusieron al servicio de sus enemigos.

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