El pulque: la llegada de la Ley Seca

“Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios, modales”

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Sexta y última parte)

Ciudad de México.— En octubre de 1919, con la Ley Seca, el diputado Andrew Volstead, declaró optimista: “Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Las cárceles y correccionales quedarán vacías, las transformaremos en graneros y fábricas, todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas, el infierno”.

El alcohol fue producido de forma clandestina e importado de contrabando. La prohibición causó que el alcohol alcanzara precios elevadísimos, que se creara el mercado negro, que Al Capone y otros gánsteres formaran importantes bandas delictivas y que funcionarios y policías se corrompieran. Irónicamente, prohibir el alcohol por completo produjo más males sociales que los que curaba. El 21 de marzo de 1933, Roosevelt firmó el acta que derogaba la Ley Seca.

En México, 14 de mayo de 1929, fue creado el Comité Nacional de Lucha contra el Alcoholismo. El Presidente Emilio Portes Gil declaró: “Profundamente convencido de que el vicio del alcoholismo es uno de los grandes enemigos de la raza y el porvenir de México, por estar deplorablemente arraigado en una gran parte de nuestras clases campesinas y obreras, al grado de que no podemos pensar en la dignificación del hogar de los trabajadores de la República, mientras el alcoholismo mine las fuerzas físicas y morales de nuestros hombres; acabe con la felicidad conyugal y destruya, con hijos degenerados, toda posibilidad de grandeza en el porvenir de la Patria, el propio Ejecutivo se vio en el imperioso deber de hacer, con fecha 16 de abril del año en curso, un llamamiento a organizar en sus respectivas entidades, la más enérgica campaña contra el alcoholismo”.

Por primera vez se celebró el aniversario de la Revolución con un gran desfile antialcohólico y deportivo. El programa para la campaña establecía el fomento del deporte en todo el país, impresión de folletos para todas las clases sociales, conferencias antialcohólicas en todas las escuelas, Universidades, etcétera, recomendación a los gobiernos estatales a fin de que no se permitiera abrir una cantina más, debiendo prohibirse en estas la venta de comida, el dominó y demás juegos que hacían que empleados y trabajadores pasaran horas enteras en los centros de vicio.

Lamentablemente, el Comité y sus campañas se diluyeron durante el siguiente período presidencial. El pulque fue agredido por la cerveza y otros productos alcoholeros, que patrocinaban eventos taurinos y otros, así como una publicidad directa para demostrar que el alcohol produce clientes felices.

El diario La Jornada denunció recientemente un estudio de la UNAM para señalar que la industria del pulque está extinta por el agotamiento de los magueyes y su falta de renovación.

Subrayó el staff de La Jornada que la industria pulquera ha desaparecido como tal, no obstante, todavía quedan restos de ella en algunos sitios de la ciudad de México, pero son pocos los lugares donde aún se expende pulque y la tradición se ha perdido.

Y que el pulque que se consume hoy en día es una mezcla de productos diversos, elaborada con base en un cactus, (“Organillo”), sacarina, alcohol y linaza, “un brebaje rarísimo, a desechar por su pésima categoría. Los comercios que expenden esto, de ser supervisados, no pasarían ningún control de calidad”.

Mario Ramírez Rancaño, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, declaró que el pulque alcanzó su mayor auge durante el porfiriato, al ponerse en marcha los ferrocarriles, que lo transportaban a los principales centros urbanos de la República.

Así, de la carga diaria que llegaba a la ciudad de México, 30 por ciento lo constituía esta bebida. En esa época existían entre 1,200 y 1,500 pulquerías en la capital, eran tantas que fue necesario reglamentar su ubicación, y establecer una separación de por lo menos 60 metros.

Durante la dictadura de Porfirio Díaz existieron campañas en su contra por parte de la Iglesia católica, el gobierno e intelectuales, al manifestar que el pulque “embrutecía” a la población.

Hoy, que se extingue el pulque en México, en medio de la competencia de otros productos con alcohol, se debería reflexionar como en España (donde el alcohol se cobra al año más vidas que el resto de las drogas duras) que el 40 por ciento de los actos delictivos es llevado a cabo por alcohólicos o por personas que actúan bajo los efectos del alcohol y que actualmente el llamar enfermo a un alcohólico es ya algo “demodé”, una excusa cómoda para el bebedor y una disculpa hipócrita para la sociedad.

El alcoholismo produce enfermedades muy serias, sí, pero no solo es un problema médico, sino social e incluso político.

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