EL PAGO DE FAVORES AL “COMPORTADO” QUIRINO

En las elecciones de junio pasado en Sinaloa, Rubén Rocha Moya, arrasó con un triunfo de un 56.60 por ciento; el porcentaje más elevado de las 15 entidades en las que se contendió por la gubernatura.

*“Se comportó a la altura de las circunstancias”: AMLO

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

Sinaloa.- En las elecciones de junio pasado en Sinaloa, Rubén Rocha Moya, arrasó con un triunfo de un 56.60 por ciento; el porcentaje más elevado de las 15 entidades en las que se contendió por la gubernatura.

Sin embargo, para expertos politicólogos y contendientes opositores, el apabullante triunfo del candidato del Movimiento de Regeneración Nacional no fue porque así lo haya decidido la sociedad sinaloense, sino por la intromisión del Cártel de Sinaloa y, sobre todo, la no intervención de los gobiernos estatal y municipales.

Un factor decisivo para dicho resultado, fue la indolencia y la pasividad con que actuó el gobernador saliente, Quirino Ordaz Coppel, quien puso oídos sordos las quejas, reclamos y denuncias de candidatos que denunciaron una y otra vez la intervención del Cártel de Sinaloa para amedrentar e intimidar a políticos opositores a MORENA.

Tras los abrumadores resultados, el presidente Andrés Manuel López Obrador, fundador de MORENA, expresó: “Quirino Ordaz se comportó a la altura de las circunstancias”.

Otro comentario que resultó inexplicable porque nunca clarificó a que se refería, aunque era obvio por la forma como ha tratado a los narcotraficantes desde el inicio de su mandado, fue el que hizo después de las elecciones cuando declaró que “se habían portado bien”.

Posteriormente lo invitaría, pese a su militancia en el Partido Revolucionario Institucional, a que formara parte de su gabinete, con miras a que será el próximo embajador de México en España.

Quirino Ordaz Coppel, de 59 años de edad, inició su carrera política como diputado federal por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y ya casado con Rosa Isela Fuentes, fue designado como director general de Protección Social, por el entonces jefe del Departamento del Distrito Federal, Óscar Espinoza Villarreal.

Después pasó a la Dirección General de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en el Distrito Federal, luego ocupó la Dirección General de Promoción Turística del gobierno federal al ser nombrado por el secretario de Turismo, Óscar Espinoza Villarreal.

Quirino Ordaz, en el proceso electoral del 2004, se incorporó como secretario particular del entonces candidato a la gubernatura del estado, el cetemista Jesús Aguilar Padilla, quien tras el triunfo lo nombró como subsecretario de Administración y Finanzas; tres años después se convirtió en el titular del área.

En enero de 2016, entre una larga lista de aspirantes, fue postulado como candidato a gobernador de Sinaloa por la coalición PRI-Nueva Alianza-PVEM y logró un holgado triunfo con 427 mil votos a su favor, un 41.75% de los sufragios emitidos en una contienda.

El manto del tricolor, le permitió realizar una meteórica carrera para llegar como gobernante de Sinaloa bajo las siglas del Partido Revolucionario Institucional.

No obstante, tras el triunfo de MORENA en 2018, el abigarrado priísta inició un inusitado acercamiento con el partido vencedor y de la noche a la mañana resultó amigo personal de Andrés Manuel López Obrador, tan amigo que el nuevo presidente ha visitado al menos 10 veces el estado.

En una de las primeras visitas que hizo López Obrador a Badiraguato, el 15 de febrero de 2019, se dieron las primeras adulaciones hacia el gobernador sinaloense con el que dijo que trabajaba de manera coordinada.

“Mi reconocimiento a Quirino Ordaz, por su apoyo. Se ha portado a la altura de las circunstancias, nos ha apoyado, nos ha respetado y nobleza obliga”, dijo, e incluso en el operativo para detener a Ovidio Guzmán, López Obrador defendió a Quirino y señaló que toda la operación había sido hecha por el gobierno federal.

Es decir que el mandatario estatal ni siquiera fue enterado.

Durante los tres primeros años de su gobierno, su desempeño como gobernador fue intrascendente y el estado, cuna de los principales narcotraficantes mexicanos, continuó bajo el mismo esquema prevaleciente por décadas: ejecuciones, “levantones”, secuestros, enfrentamientos, cuerpos desmembrados o decapitados; nada que resultara nuevo, es decir una calma chicha.

Pero si bien la gobernanza de Quirino había pasado desapercibida, a principios de 2020 y luego en septiembre, el mandatario estatal se volvió invisible.

Ya para esas fechas se había detenido a Ovidio Guzmán López, uno de los hijos del “Chapo”, que fue liberado por órdenes de López Obrador y también se había dado el deferente saludo a María Consuelo Loera, mamá del narcotraficante más poderoso del mundo, calificado así por los Estados Unidos.

Y a partir de entonces, el Cártel de Sinaloa, que de hecho era ya el que prevalecía en la entidad, se erigió en amo y señor de todo el estado.

El proceso electoral de las elecciones de 2021 comenzó en septiembre de 2020 y simultáneamente se dio la ausencia permanente del gobernador Quirino y comenzó la campaña de intimidación y terrorismo de la organización criminal en contra de los partidos opositores.

¿Y el gobernador Quirino? ¿Y el gobierno federal? ¿Y las fuerzas federales?

Ausentes, simple y sencillamente.

El columnista Héctor de Mauleón, refiere detalladamente en uno de sus excelentes trabajos cómo el 5 de junio, un día antes de la elección, hombres armados se le cerraron a una diputada y la retuvieron.

Esa noche, el Cártel de Sinaloa recorría Culiacán para desactivar a los operadores del PRI. Preguntaban dónde estaba el dinero para movilizar y darle de comer a la gente al día siguiente. Preguntaban quiénes más formaban parte de la estructura priista y dónde se encontraban en aquel momento.

Se calculó inicialmente, señala el columnista, que 20 operadores fueron ‘levantados’ por la gente del Cártel. Pero dada la magnitud de la movilización de aquella noche, los secuestrados podrían haber sido de hasta cien.

La candidata a diputada local por un distrito de Culiacán, Sinaloa, acababa de salir de una supuesta reunión con otros miembros de su partido. Supuesta, porque ninguno, o casi ninguno, llegó a la cita.

Abordó su auto con una mala sensación. Al llegar a la junta había visto camionetas, hombres de negro. Había percibido un clima de inquietud que se acentuó cuando alguien le ordenó a un comandante estatal que la escoltara hasta su casa.

Corrían rumores de que el Cártel de Sinaloa estaba “levantando” a los operadores políticos del PRI, a fin de impedir que movilizaran a sus bases. Muchos habían decidido quedarse en sus domicilios.

A unas calles de distancia, en un semáforo, se le adelantaron dos camionetas que no le permitieron avanzar más. Pronto aparecieron otras dos a los lados, y una más atrás. Hubo luces, gritos, portazos, le apuntaron con un arma de alto poder, la obligaron a abrir la portezuela, a bajar y le quitaron su celular.

El comandante que la escoltaba bajó de su coche con una granada en la mano: “¡Aquí vamos a valer madre!”, gritó. Enseguida se oyó que cortaban cartucho: eran como 20 hombres. El policía fue sometido y a la candidata la metieron a una de las camionetas con la cabeza abajo. Le dieron un golpe para que se estuviera quieta.

“¡Vámonos, vámonos!”.

Pudo ver que llevaban a alguien más dentro del vehículo. Venía amarrado y con el rostro encintado. Notó que en la cajuela había otras personas.

“Nombre –le preguntaron–. A qué te dedicas”.

Hablaron por radio. Alguien ordenó que la llevaran a algún sitio.

“Diputada, vas a estar bien”, le dijeron y también le encintaron la cara.

“El jefe viene nomás a hablar contigo”, dijo alguien. Era el mismo sujeto que en la camioneta le había comentado: “Hueles bien rico”.

El jefe era agresivo. Le dijo que el operativo era “para evitar la compra de votos y que no se hicieran delitos electorales”.

La interrogó:

“¿Quién es tu jefe? ¿Con quién estabas? ¿A dónde ibas? ¿Quién te estaba esperando? Dime nombres o no la cuentas”.

Llegó un segundo jefe. Se disculpó, la desamarró. “Se puede poner feo si no nos ayudas. Tienes mucho futuro, coopera para que estés con nosotros”. Llegó un jefe más. Parecía estar más arriba que todos. Era amable, cálido, educado. Tenía la voz joven.

“Diputada, estoy muy apenado. ¿Estás bien? ¿Se portaron bien? ¿Te hicieron algo?”.

“Te vamos a dejar ir, te vamos a devolver tus cosas (no le devolvieron nada). Siento lo de tu candidatura, pero lamentablemente esto ya está decidido”.

La dejaron al amanecer en las inmediaciones de un centro comercial. A los otros, los retuvieron hasta poco antes del cierre de casillas. Los soltaron finalmente en una carretera y les dieron cien pesos a cada uno para que tomaran un taxi.

No hubo una sola denuncia de lo ocurrido.

Ahora, “pacificada” la entidad, consumados los objetivos políticos y pagados los favores, sólo resta que el “comportado” Quirino sea ungido como diplomático en España y, según el presidente López Obrador, se destensen las relaciones entre ambos países y hasta se logre la anhelada disculpa.

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