El pulque: “idiotismo, miseria, crimen y corrupción”

Hubo épocas en que se producían seis millones de litros de “tlachicotón” por año, para un consumo de 10,000 litros diarios en la ciudad de México

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Primera de seis partes)

Ciudad de México.— Fue combatido tan ferozmente en el último siglo con señalamientos de provocar idiotismo, miseria, crimen y corrupción, que miles de pulquerías legales y clandestinas casi desaparecieron, lo que parece increíble porque hubo épocas en que se producían seis millones de litros de “tlachicotón” por año, para un consumo de 10,000 litros diarios en la ciudad de México.

De hecho, en 1929, por considerarse que el alcoholismo, (el pulque llega a tener ocho grados de alcohol), minaba las fuerzas físicas y morales “de nuestros hombres, acababa con la felicidad conyugal y destrozaba, con hijos degenerados, toda posibilidad de grandeza en el porvenir de la Patria”, por primera vez se celebró el aniversario de la Revolución Mexicana, el 20 de noviembre, haciéndose en toda la República un gran desfile deportivo y… Antialcohólico.

En el Manicomio General La Castañeda, tras su inauguración en 1910, el incremento en los ingresos por alcoholismo fue muy notorio, al punto de representar 45 por ciento de la totalidad de los internamientos en 1912, manteniéndose constante hasta 1929, cuando inició un descenso en la cantidad de ingresos, que pudo estar relacionado con las campañas antialcohólicas que tuvieron lugar en el país y particularmente en la ciudad de México en 1929, año en que se organizó el Comité Nacional de Lucha contra el Alcoholismo.

En un estudio sobre La Castañeda, realizado por los investigadores Andrés Ríos Molina, Cristina Sacristán, Teresa Ordorica Sacristán y Jimena López Carrillo, se añade que el alcohólico fue considerado como un “degenerado” que amenazaba el proyecto de nación, razón por la cual intensas campañas mediáticas fueron consideradas como herramientas para eliminar este hábito.

Así, dijeron, “el despliegue de recursos y personas en una labor pedagógica mediante conferencias, teatro guiñol, cine, folletos impresos y uso de la televisión, pudo ser efectivo si consideramos la reducción de ingresos a La Castañeda a partir de la campaña de 1929”. La población de alcohólicos fue de 87.8 por ciento de hombres y 12.2 por ciento de mujeres.

Y si tomamos en cuenta las estadísticas criminales relacionadas con el pulque, debemos aceptar que urgían las campañas: por lo menos en una de cada diez pulquerías, de las aproximadamente 1,500 que había a principios del siglo XX en la capital del país, moría al día un parroquiano, víctima de salvajes agresiones con arma blanca, pues las armas de fuego no abundaban.

Por lo general, para evitar problemas con las autoridades, los cadáveres eran arrojados al abandonado Río del Consulado y otros que había sin vigilancia policial.

La pregunta de muchos vecinos era, diariamente: ¿Y hoy donde fue descubierto el muertito? Obviamente, los macabros hallazgos se daban en los llamados “barrios bravos”, donde principalmente el pulque, (sin olvidar el tequila, el mezcal y el “chinguirito”), corrían a placer entre miles de desempleados y vagos.

No solo abundaban los desadaptados hijos de alcohólicos, sino las brutales agresiones en los hogares, a las desventuradas esposas de los irresponsables, uno de los cuales, (en el conocido barrio Peralvillo, cercano a la aduana del pulque en Tlatelolco), furioso porque su mujer le reclamó dinero para alimento infantil, le arrojó una botella vacía con tan mala puntería, que el vidrio fracturó el cráneo del bebé, para quien se pedía leche.

El enloquecido sujeto casi perdió la razón por la muerte de su hijo y unos años después falleció en la vía pública, (nunca fue castigado por el crimen), en medio de cierta satisfacción de su viuda, Isabel Valcastregui Barrera, quien comentaba que “no le parecía justa su extinción a consecuencia de un ataque cardíaco”.

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