EL NIÑO CAMPESINO QUE SE VOLVIÓ CAPO

*De ser un niño dedicado al campo, Rafael Caro Quintero escaló alto en el mundo criminal: Llegó a ser uno de los capos más ricos de América Latina. El narcotraficante nació en La Noria, municipio de Badiraguato, en 1952, en el seno de una familia humilde dedicada a la siembra de maíz y frijol

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

(Primera de seis partes)

Ciudad de México.- De cuna humilde, Rafael Caro Quintero creció en medio de un ambiente donde el narcotráfico era algo así como una escuela. Sin estudios profesionales, vivió observando la siembra de marihuana y amapola en su natal Badiraguato, donde vio por primera vez la luz el 24 de octubre de 1952.

Hijo de campesinos, Caro Quintero tuvo una infancia plagada de carencias en la comunidad de La Noria, donde creció en el seno de una familia dedicada al campo.

En una ocasión, cuando fue entrevistado por el periodista Julio Scherer en el interior del penal de La Palma, hasta donde el fundador del semanario Proceso llegó para hablar con los principales capos de la droga, Caro Quintero le dijo a pregunta expresa:

—Era y sigo siendo muy pobre.

Rafael Caro Quintero tenía unos treinta años cuando él y un expolicía —Miguel Ángel Félix Gallardo— fundaron a finales de la década de los años setenta el emblemático Cártel de Guadalajara, Al cual se unieron narcos, policías y políticos del régimen priista de aquellos años. El asiento sería el estado de Jalisco, ruta clave para el trasiego de droga hacia el norte del país y Estados Unidos, el principal mercado de consumo.

Caro Quintero y Félix Gallardo se asociaron con otro de los capos más longevos: Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”, quien figuraba como el jefe, pues era el más viejo en el negocio.

La Operación Cóndor, emprendida en el sexenio de José López Portillo para combatir el tráfico de drogas, había orillado a los narcotraficantes sinaloenses a refugiarse. Tras lo que tuvieron oportunidad de reestructurar sus operaciones.

Mientras Félix Gallardo se encargaba de construir las redes y de aceitar sus influencias empresariales y políticas para fortalecer el nuevo Cártel, Caro Quintero ponía en práctica sus conocimientos en el cultivo de marihuana, algo que ya había visto desde su niñez.

En la primera mitad de la década de los ochenta, los jefes del Cártel de Guadalajara amasaron una fortuna descomunal. Gozaban de impunidad plena. La riqueza de Caro Quintero se estimó en aquel entonces en unos cien mil millones de pesos.

Contaba con múltiples propiedades en Guadalajara, Zacatecas, Sinaloa y una de las mansiones más fastuosas estaba situada en Caborca, Sonora, donde se afincó en 2013, tras su liberación, para construir el cártel del mismo nombre y así exportar drogas a Estados Unidos.

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