El Halconazo: entrenamiento en el extranjero

*A inicios de la administración de Echeverría, se solicitó a Washington si estaría dispuesto a preparar un programa de entrenamiento policial para un grupo de fuerzas de seguridad mexicano.

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Sexta y última parte)

Ciudad de México. — A inicios de la administración de Echeverría, el secretario de Relaciones Exteriores, Emilio Óscar Rabasa, se reunió con el embajador de Estados Unidos, Robert McBride, para hacerle llegar una petición del mandatario mexicano.

Echeverría solicitaba a Washington si estaría dispuesto a preparar un programa de entrenamiento policial para un grupo de fuerzas de seguridad mexicano. De acuerdo con un cable diplomático fechado al 6 de enero de 1971, el subsecretario de Relaciones Exteriores, José S. Gallastegui, y el coronel Manuel Díaz Escobar dijeron que los integrantes de este grupo estaban particularmente interesados en aprender “control de multitudes, lidiar con manifestaciones estudiantiles y disturbios, [así como] entrenar en tácticas de defensa física y combate cuerpo a cuerpo”.

Díaz Escobar describió al grupo que asistiría al entrenamiento como “cuatro o cinco” jóvenes oficiales del Ejército, de veintitantos años; tres serían estudiantes universitarios entre 18-19 años (posibles fuentes del gobierno mexicano en las organizaciones estudiantiles, según apuntes de la Embajada); y 8-10 serían jóvenes de veinte años entrenados para “puestos importantes (posibles reclutas para la policía o futuros subjefes de los Halcones).

De acuerdo a la Embajada, el grupo operaría completamente fuera del departamento de Policía del Distrito Federal y, por sus edades, estos individuos serían usados para liderar y entrenar a los Halcones.

La conexión entre Díaz Escobar y los Halcones preocupó a la Embajada, que creía que los oficiales entrenados podrían regresar a México para “desempeñar algún rol en los Halcones, lidiando duramente y quizá incluso fuera de la ley con líderes estudiantiles y protestas”.

En un telegrama fechado al 8 de enero de 1971, el Departamento de Estado de EE.UU., expresó sus dudas por las tácticas “políticamente impopulares” que los entrenados podrían usar en México.

Pese a los señalamientos de la embajada, se acordó el entrenamiento. El 8 de marzo de 1971, un grupo de cinco hombres –incluido el hijo del coronel Díaz Escobar, Manuel Díaz Escobar Celorio– partieron rumbo a Washington, con una fecha de regreso programada al 9 de julio.

El 14 de enero de 1972, un integrante de la organización declaró a la Dirección Federal de Seguridad (DFS) que Díaz Escobar había seleccionado a 40 mandos para ser capacitados en Francia, Estados Unidos, Inglaterra y Japón. Las personas elegidas eran exmilitares, especialmente antiguos integrantes de la Brigada de Fusileros Paracaidistas como Víctor Manuel Flores Reyes, Rafael Delgado Reyes, Sergio San Martín Arrieta, Mario Efraín Ponce Sibaja y Candelario Madera Paz.1 Leopoldo Muñiz, exintegrante de los Halcones, confirmó que fue enviado, junto con otros 40 elementos, a ser capacitado en el extranjero. El 5 de febrero de 1971, salieron grupos de 10 elementos a recibir entrenamiento en Inglaterra, Francia, Estados Unidos y Japón.

INFILTRACIÓN EN GRUPOS ESTUDIANTILES

Los miembros de los Halcones eran seleccionados por su edad. Debían tener entre 18 y 25 años, de modo que pudieran mezclarse con los estudiantes universitarios: En los pasillos universitarios, en las agrupaciones, en las movilizaciones, en los comités de huelga, su presencia debía pasar inadvertida. Debían poder informarse e informar de las actividades y formas de lucha de las diferentes escuelas y poder identificar a los estudiantes.

Sus técnicas de infiltración les permitían contar con credenciales de alumnos regulares para poder circular libremente en los planteles, marchas y reuniones de los estudiantes. Durante finales de los años 1960 y principios de los 1970, los Halcones se hicieron pasar por estudiantes de educación media, media superior y superior.

Los Halcones se infiltraban en el movimiento estudiantil, presentándose como activistas que incitaban a la violencia y los actos vandálicos, con lo que hacían parecer a todos los estudiantes como delincuentes potenciales. Nutrían el clima de incertidumbre y miedo al interior de las instituciones educativas y provocaban la fractura entre las escuelas. Al promover el vandalismo, se buscaba la aprobación social para la represión por parte de la fuerza policial y el Ejército.

Tras la balacera…

Muchas versiones concuerdan en que durante la noche llegaron hasta el hospital Rubén Leñero para ejecutar a los universitarios y politécnicos heridos. No se tienen cifras exactas del número de muertos que provocaron los Halcones en la Masacre del Jueves de Corpus, pero las estimaciones dicen que son de más de 120 estudiantes.

Cobijado por la protección del ejército que hacía guardia a los alrededores de Palacio Nacional, Luis Echeverría anunció una investigación sobre la matanza y afirmó que castigarían a los culpables. Cosa que nunca pasó. No hubo un solo consignado ante las autoridades por los asesinatos.

Alfonso Martínez Domínguez, regente de la ciudad y que renunciaría más tarde, y Julio Sánchez Vargas, Procurador General, negaron la existencia de los Halcones y aseguraron que el ataque fue producido por “grupos extremistas de estudiantes” que atacaron a sus compañeros.

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