Caso Kennedy: insano mental

*¿Lee Harvey Oswald era un insano mental? Cada quien deberá llegar a sus propias conclusiones

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Tercera de seis partes)

Ciudad de México. – ¿Lee Harvey Oswald era un insano mental? Cada quien deberá llegar a sus propias conclusiones.

Los autores Alfonso Quiroz Cuarón y Samuel Maynez Puente, en su obra “Psicoanálisis del Magnicidio” –Editorial Jurídica Mexicana– indicaron que la atención universal, intensamente conmovida, se concentró en ese punto geográfico, (Dallas, Texas), que el crimen y la insania mental han inmortalizado con su nimbo siniestro… John F. Kennedy y su convicción profunda por la libertad y sus recios ideales por los derechos del hombre, que configuraron la brillante carrera política que lo convirtió en uno de los más grandes y sinceros estadistas del mundo, “fue abatido por las fuerzas oscuras que armaron la mano de un fanático”.

Dallas era un foco de oposición a las ideas políticas del Presidente mártir y era testimonio el letrero que ese día un hombre del pueblo ostentaba sobre un automóvil: “A causa de sus ideas socialistas siento completo desprecio por usted”. Apenas el día 24 de octubre de 1963, en la misma ciudad, el político Adlai E. Stevenson fue escupido por un individuo y golpeado por otro después de pronunciar un discurso en el día de las Naciones Unidas.

Pero, aquel día,  22 de noviembre de 1963, durante el recorrido presidencial, Kennedy fue aclamado y su esposa le dijo en algún instante: “No te has de quejar, el pueblo de Dallas te recibe con cordialidad”.

Poco después del atentado comenzaron a publicarse datos sobre Lee Harvey Oswald, quien se había significado por faltar a clases y haberse comportado como “muchacho problema”, algunos psiquiatras en cuyas manos estuvo le diagnosticaron demencia precoz o hebefrenia y su recomendación fue internarlo por ser potencialmente peligroso.

A los 17 años de edad, plena adolescencia, el 24 de octubre de 1956, (Lee nació el 18 de octubre de 1939), se alistó en la Marina y en cuatro años de servicio compareció dos veces ante una Corte Marcial, cuando estaba en Japón.  Y se le expulsó de la Marina el 13 de septiembre de 1960.

Inadaptado en el hogar, en la escuela, en el Ejército o en el trabajo, inadaptado aun en su país, Lee Harvey Oswald decidió renunciar a su nacionalidad para conseguir la soviética y se casó en Rusia con Marina, joven rusa que le da dos hijas, la segunda nacida el 15 de octubre de 1963… Cuando Lee consigue empleo en el Departamento de Textos para Escuelas Públicas.

Tras intrascendente peregrinar entre empleo y empleo, “con rigor prohíbe a su esposa que se pinte los labios, que aprenda el idioma del país y solo hable en ruso, la riñe furiosamente y ella en confidencia a una amiga le dice que solo tienen relaciones cada dos meses, que todo mundo lo odiaba en Rusia y era enemigo del tabaco y la bebida”, señalan Alfonso Quiroz Cuarón y Samuel Maynez Puente.

Los seres neuróticos nada hacen como los demás, como los hombres normales, todo lo complican porque justamente lo que en ellos está profundamente perturbado es el afecto, el amor, lo que en su desvío sigue los más extraños caminos, que ya desde la infancia pueden identificarse y “el magnicidio de Dallas fue de los llamados crípticos, laberínticos o paranoicos, cuyos móviles quedan ocultos al razonamiento y que siempre han apasionado el interés, porque son los más terribles y dramáticos hechos de la Criminología”, expresaron los autores de “Psicoanálisis del Magnicidio”.

Ocho semanas antes de asesinar a Kennedy, Oswald vino a México, donde visitó las embajadas cubana y soviética.  La esposa de Lee estaba al tanto de ese viaje desde antes de que tuviera lugar, pero no lo confesó, sino hasta que dio testimonio ante la Comisión WarrenOswald estuvo en nuestro país desde el 26 de septiembre de 1963 hasta el 3 de octubre del mismo año. Quería entrar en Cuba y recomendó Lee absoluto secreto.

Según Marina, su marido había pensado primero en escapar a Cuba obligando a un avión a desviarse hacia dicho país, pero ella le disuadió.  Algunas personas que hablaron con Oswald, en el autobús en el que viajó a la Ciudad de México, declararon que Oswald les había dicho que tenía el plan de ir a Cuba desde México y entrevistarse con Fidel Castro Ruz.

El estudio de los sucesos, los contactos humanos y las influencias que contribuyeron a formar el carácter de Oswald, puede arrojar cierta luz sobre los motivos de su crimen.  Y tal vez la conclusión más importante que se saca de dicho estudio es que Oswald estuvo siempre profundamente separado del mundo en que vivió.

Las características de su vida fueron el aislamiento, la frustración y el fracaso. En raras ocasiones, si es que alguna vez, llegó a establecer un contacto verdaderamente humano con alguien y nunca llegó a encontrar su sitio en el mundo, nada le satisfacía.  Cuando se hallaba en los Estados Unidos, consideraba el sistema capitalista como una forma de explotación de los hombres de su condición y soñaba en Rusia y en Cuba.

Cuando estaba en la Unión Soviética, sufría, según parece, al ver los privilegios de que disfrutaban los miembros del partido comunista, y hablaba bien de los Estados Unidos. También acusaba a su esposa de preferir a otros y la impulsaba en Estados Unidos a que regresara a la Unión Soviética sin él, pero sin concederle el divorcio. Y al mismo tiempo le decía que “la quería y que no podía vivir sin ella”.  Según Marina Oswald, su marido no podía ser feliz en ningún sitio, “solo en la luna, tal vez”.

A los 13 años, Lee no había tenido problemas en la escuela, su hermano Robert estaba en la Marina y su hermano John Pic, en el Servicio de Guardacostas, apostado en Nueva York.  Las relaciones entre Marguerite y John eran tensas. John estaba casado y no se llevaba muy bien con Lee porque este “había amenazado con una navaja de muelle a su cuñada”.

Un examen reveló que Lee era tenso y retraído, que experimentaba gran repugnancia a hablar de sí mismo y de sus sentimientos y evitaba sistemáticamente la comunicación con otros.  Las causas de ello eran la angustia, la timidez y el sentimiento de inseguridad. “No quiero ningún amigo y no me gusta hablar, todos me son antipáticos”, decía.  Y para compensar sus defectos y frustraciones, Lee se imaginaba omnipotente.

Un doctor de apellido Hartogs resumía así su dictamen: “Ese chiquillo bien hecho, de 13 años, posee recursos mentales superiores y apenas funciona un poco por debajo del nivel de su capacidad, a pesar de su tendencia crónica a escapar de la escuela.  No se le ha descubierto lesión neurológica ni cambios mentales psicóticos.  Tiene disturbio de la personalidad con caracteres esquizoides y tendencias pasivo-agresivas.  Hay que considerar a Lee como un chiquillo muy sacudido emocionalmente, que sufre bajo el impacto de varios factores que existen realmente: aislamiento y privación emocional, falta de afecto, ausencia de vida de familia, rechazo por parte de una madre autocentrada y llena de conflictos”.

La señora Siegel, de clínica psiquiátrica, dijo que Lee se había retraído porque nadie había respondido a su necesidad de amor, la madre lo dejaba solo todo el día y el chico no tenía amigos, por eso se reconcentró en una vida totalmente aislada y despegada, donde hacía lo que se le antojaba y no tenía que acomodarse a ninguna regla ni entrar en contacto con los demás, lo que confirmó Lee al decir que “sentía que él jamás había importado un comino a su madre”.

Marguerite Oswald era superficialmente amable, pero, en realidad, era una persona de actitud defensiva, rígida y concentrada en sí misma, con una dificultad real para aceptar a otros y entrar en relaciones con ellos, con poca comprensión de la conducta de su hijo y de la concha de protección en que este se había encerrado.

El doctor Hartogs añadió en su oportunidad que la señora Oswald no se daba cuenta de que el retraimiento de su hijo era una forma de “protesta silenciosa, pero violenta, contra el abandono en que ella lo tenía y manifestaba su reacción a la falta completa de verdadera vida de familia”.

Un esfuerzo paciente y prolongado en una relación continua con un terapeuta pudo haber dado buenos resultados y el “daño podía repararse en parte”, dijo la señora Siegel.

Pero el jovencito no recibió jamás la ayuda que necesitaba, se pensó en enviarlo a una clínica para jóvenes, pero Marguerite consiguió otra casa alquilada y lejana, antes de que Lee pudiera ser obligado a recluirse.

Fue cuando le llegó otra idea homicida: eliminar a Eisenhower porque estaba explotando a los trabajadores”.

Ya había comenzado Lee a interesarse en literatura comunista, alababa a Nikita Krushchev y declaró en otra ocasión que le molestaba mucho en Nueva Orleans no encontrar a otras personas que se interesaran en el comunismo como él.

En los años que pasó en la Marina estudió marxismo y algunos compañeros le llamaban “Oswaldovich”, estudiaba ruso y leía periódicos en ese idioma, tenía un gran deseo de pasar a la historia como un hombre que había visto mucho más lejos que sus contemporáneos y había sabido optar por el futuro. Si la vida no le brindaba satisfacciones, parecía evidente que Oswald se dedicaría en cuerpo y alma a su gran sueño de pasar a la historia.

Ya en Rusia, Oswald escribió a su hermano John que pensaba vivir en la Unión Soviética toda su vida, sin embargo, ahí también tuvo desengaños, como los había tenido en los Estados Unidos.  El primero fue que la Unión Soviética no lo recibía con los brazos abiertos, sino que le negaba el permiso de permanecer en ella.

Esto lo impulsó a tratar de suicidarse, el 21 de octubre de 1959, abriéndose las venas de la muñeca izquierda. Pero lo descubrieron a tiempo y lo trasladaron al hospital, en el que estuvo hasta el 28 de octubre.

A los 20 años había partido a la Unión Soviética, llenos de ilusiones y, antes de cumplir los 23, regresó a los Estados Unidos, muy desilusionado.

El retorno a los Estados Unidos fue una confesión pública de que el acto más importante de su vida, la ida a la Unión Soviética, había sido un fracaso. Marina observó los efectos que ese fracaso produjo en la psicología de Oswald, “inmediatamente después de la llegada a los Estados Unidos, Lee cambió, yo no lo conocía así en Rusia, la irritabilidad de Oswald era extremada”.

Y comenzó a tener actitudes inesperadas.  Fuera de su familia, Oswald no tenía amigos cuando llegó a Texas y no los tuvo hasta su muerte.  Solo parecía estimar a George De Mohrenschildt. Las personas de habla rusa que frecuentó en el otoño de 1962 le eran poco simpáticas, en particular porque hacían muchos regalos a Marina, ella recibió cantidades de vestidos y “él se molestaba por esa ayuda generosa, porque Marina no perdía ocasión de hacerlo notar.  Él se mostraba agresivo con la gente, yo lo comprendo porque eso lo hería. Jamás hubiera podido él darle a ella lo que los demás le regalaban en abundancia, por mucho que hubiera trabajado. Y trabajaba mucho”, dijo la esposa del exdiplomático.

Llamó la atención que Lee cortara sus relaciones con su progenitora, Marguerite Oswald, quien visitaba al matrimonio para hacerle regalos a Marina y a su hijita June Lee, incluso Lee ordenó a Marina que “no dejara entrar a Marguerite”.

Oswald fue a Nueva Orleans en abril de 1963, ahí se interesó por el pasado de su familia. Con el objeto de investigar acerca de sus orígenes, visitó a algunos parientes viejos de su padre, fue a ver la tumba de su progenitor en el cementerio y consiguió que uno de los parientes de su padre le regalara una fotografía de este, lo que resultó sorprendente porque hasta entonces Oswald no había manifestado el menor interés por su padre.

Al cabo de cierto tiempo, Oswald lloraba a solas y una vez lo sorprendió Marina, él se disculpó con cualquier pretexto.

Para abril de 1963, cuando Lee había llegado al extremo de golpear a su propia madre y amenazar con un puñal a su hermano John, decidió atentar contra el general Edwin A. Walker, a quien consideraba insoportable como Hitler, de quien decía que alguien debió matarlo para evitar tanto sufrimiento de inocentes.

El día 10 disparó contra el militar con el fusil italiano que utilizaría el 22 de noviembre del mismo año para asesinar a Kennedy.

Entre tanto, Marina había leído con desesperación una carta en ruso que Lee le había dejado aquella ocasión…

La traducción es: 

1. -Esta es la llave del apartado postal, que está situado en la oficina principal de correos de la ciudad, en Ervay Street.  Es la misma calle del “drugstore” en el que tú esperabas siempre.  Encontrarás el apartado postal en la oficina de correos que se halla a 4 cuadras en la misma calle que el “drugstore”.  Yo pagué el apartado el mes pasado, así que no te preocupes por eso.

2.-Envía las noticias que tengas sobre lo que me suceda a la embajada, incluyendo los recortes de periódicos, en caso de que los periódicos digan algo sobre mí.  Creo que la embajada acudirá rápidamente en tu ayuda en cuanto lo sepa todo.

3.-Pagué la renta el día 2, así que no te preocupes por eso.

4.-También pagué hace poco el agua y el gas.

5.-Tal vez llegue dinero del trabajo. Ese dinero será enviado al apartado postal. Ve al banco a cobrar el cheque.

6.-Puedes tirar o regalar mi ropa, etc. No guardes esas cosas. Sin embargo, preferiría que conservaras mis documentos personales, (militares, civiles, etc.).

7.-Algunos de mis documentos están en la petaquita azul.

8.-Encontrarás la libreta de direcciones sobre mi mesa en el estudio, en caso de que la necesites.

9.-Aquí tenemos amigos, la Cruz Roja te ayudará también.

10.-El día 2 te di todo el dinero que podía,  60 dólares. Tú y la niña pueden vivir otros 2 meses gastando 10 dólares por semana.

11.-Si estoy vivo y me cogen preso, la cárcel está situada en el extremo del puente por el que pasábamos siempre que íbamos a la ciudad, (exactamente donde comienza la ciudad después de cruzar el puente), concluyó Lee Harvey Oswald.

La carta fue entregada a la policía, dentro de un libro en ruso, titulado “Libro de Consejos Utiles”, propiedad de Lee Harvey Oswald.

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