EL GRAN ENGAÑO HISTÓRICO

*El mismo Octavio Paz, aseguró en 1968 que la cifra más confiable en cuanto a los muertos de Tlatelolco, se publicó en el periódico inglés The Guardian: 325 víctimas

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

(Séptima y última parte)

Una mención aparte merece el gran engaño histórico del escritor Francisco Martín Moreno: en los “agradecimientos” por colaboración, el prolífico escritor simplemente pasa la responsabilidad a la señorita Marisol Shulz, “mi editora, sin cuya PORTENTOSA IMAGINACIÓN no hubiera sido posible la publicación de “México Acribillado”; suya fue la idea de abordar la vida de La Madre Conchita y su PARTICIPACIÓN en el crimen de Obregón”.

También al ingeniero Humberto García y su esposa, la historiadora Laura Campos, “quienes lo abastecieron una y otra vez con materiales invaluables que arrojaron luz durante el agotador proceso de búsqueda de respuestas y de repetidas caídas en el vacío” y quienes junto con “la joven promesa de la novela histórica mexicana, Leonardo Tenorio”, acompañaron al escritor “en los laberínticos pasajes de nuestro pasado, HASTA DAR CON LA SALIDA después de años de intensa búsqueda en bibliotecas, archivos y hemerotecas”.

Nos imaginamos que la “salida” fue “aclarar” el homicidio, nunca magnicidio, de Obregón–el Presidente de México era Plutarco Elías Calles en julio de 1928, él tenía el poder—un crimen que bajo la “portentosa imaginación” de un equipo, fue distorsionado en sus detalles hasta enlodar sin pruebas el prestigio de una monja sacramentaria, La Madre Conchita; el de un militar de alto grado, Otero, a quien se acusó de “disparar en dos ocasiones con su .45 contra su amigo y protector, Álvaro Obregón, en La Bombilla”; y se lastimó a la inocente familia del dibujante potosino José de León Toral, a quien se calumnió al asegurar que “cuando lo colgaron de los pulgares, (durante una tortura que añadió alfileres clavados en la frente, bajo sus uñas, jalones de testículos, violación con un máuser), habló, cantó, suplicó y vomitó el nombre de La Madre Conchita, el nombre que esperaban las autoridades”.

El joven soportó horas de monstruoso maltrato sin hablar, cantar ni suplicar y tampoco “vomitó” el nombre de la monja sacramentaria; Valente Quintana le habló con tranquilidad a Toral y le dijo que evitara el castigo, demostrando que era un verdadero católico, pues “hasta el momento nadie lo reconocía como tal”. Entonces fue cuando dijo Toral que La Madre Conchita era testigo de que asistía con regularidad a las misas prohibidas por el gobierno.

Y para conocimiento de la señorita Marisol Schulz, dado su interés por La Madre Conchita, es importante señalar que el Vaticano ordenó gran investigación sobre su azarosa vida y nada encontró de reprochable, (ni siquiera la marca que se provocó voluntariamente con un hierro al rojo vivo), a tal grado que POR ESCRITO autorizó que fuese sepultada con su hábito de monja sacramentaria, privilegio que no a muchas religiosas han concedido los Papas, incluso se le calificó como “una mártir de México”, extraño país donde se permiten grandes agresiones a la Iglesia, como la carátula de “México Acribillado”, (pistola similar a la que usó Toral, pero “adornada” con una cruz), aparte de los comentarios sarcásticos de Francisco Martín Moreno, quien fue apoyado por Ramón Córdoba, de quien dice es “un auténtico genio editorial desconocedor del menor sentimiento de piedad cuando se trata de alcanzar la excelencia literaria”… Uff¡

Al principio cupo suponer que “México Acribillado” surgió de pésima investigación en “bibliotecas, archivos y hemerotecas”, pero cuando se revisa el farragoso volumen, (más de 560 páginas), puede sospecharse con fundamento que si no la editorial sí el historiador principal se saltó la verdad, aunque la había comprobado al leer gran número de informaciones publicadas sobre Obregón y su drama, en marzo de 1937, periódico LA PRENSA. En la nota 61 al capítulo 3, se le da crédito a ese diario, (página 572), y previamente en las páginas 550 y 551, donde se pregunta Francisco Martin Moreno: ¿Por qué el periodista Helio Chamber, quien había denunciado la presencia de por lo menos dos tiradores más en La Bombilla, MUERE ASESINADO A RAÍZ DE LA PUBLICACIÓN DE DIVERSAS NOTAS EN “LA PRENSA”, DE FEBRERO Y MARZO DE 1937?

Esto significa para nosotros que los investigadores de “México Acribillado” se saltaron a propósito la información que aparentemente evidenciaba “los 19 tiros que presentaba el cadáver de Obregón” e intentaron aprovechar comercialmente los grandes titubeos que tuvieron los editores de aquel diario, al publicar en interiores, (24 de marzo de 1937), el diagrama que ellos solicitaron al médico forense Alberto Lozano Garza y que, sin lugar a dudas, les pertenece en original desde el 23 de marzo de 1937, de acuerdo con los sellos que autentifican el documento a medida que se fue publicando.

Si las autoridades de LA PRENSA en 1937 hubieran estado seguras de lo que “certificaba” el acta que les llevó un hablantín “repórter”, sin lugar a dudas le hubieran dado principal a la imagen polémica, pero prefirieron “ocultarla” y advertir además, a sus lectores, que “DE DARSE CRÉDITO” al papel copia parecería estar confirmada la versión de los “tiros de más” que aparentemente presentó el cadáver de Álvaro Obregón.

Poco a poco, en marzo de 1937, el diario LA PRENSA “mató” su noticia “exclusiva”, al jamás poder confirmarla; nunca se intentó por ejemplo entrevistar al fantasmal “médico militar” Juan G. Saldaña, quizá porque no existía y alguien del anfiteatro militar les jugó pesada broma en su nombre. La misma Secretaría de Guerra aclaró, eso sí, que quien inventó los “calibres diferentes” en el asesinato de Obregón, no sabía siquiera qué estaba describiendo. Y los verdaderos médicos legistas no cayeron en el juego, pues se percataron que era un demente el que escribió “el histórico documento apócrifo”: solo a un idiota se le habría ocurrido afirmar que Álvaro Obregón tenía una circunferencia torácica de l.06 metros y la abdominal de 1.07 metros, o sea UN CENTÍMETRO de diferencia, cuando era de todos conocida la enorme “panza” del expresidente de México. Tampoco firmaría alguien un acta de autopsia, dejando de describir exactamente las características de SEIS HERIDAS DE BALA en la espalda. Además, nadie “certificaría” que una bala de TRES MILÍMETROS perforó el cuerpo de Obregón. Y mucho menos se equivocaría al describir la primera herida, la que tenía en la mejilla derecha Obregón, como “probablemente de salida”, de ONCE MILÍMETROS CON ESCARA DE DOS MILÍMETROS. Hasta un ayudante de anfiteatro sabe que las heridas de SALIDA NO DEJAN ESCARA, SOLO LAS DE ENTRADA. (Nótese el error, página 556)…

E inmediatamente la segunda estupidez: “La segunda de 19 heridas fue de SALIDA, cara lateral izquierda del cuello, a la altura de la primera vértebra cervical, siete milímetros abajo y atrás del nacimiento del pabellón de la oreja izquierda, irregular, OCHO MILÍMETROS”.

Es decir, para Francisco Martin Moreno fue creíble que una bala de ONCE MILÍMETROS DE DIÁMETRO ATRAVESARA EL CRÁNEO DE OBREGÓN Y SALIERA CONVERTIDA EN UNA BALA DE OCHO MILÍMETROS.

Parte del increíble embuste literario fue asegurar “oficialmente” que el diagrama de LA PRENSA, (atribuido en el libro a una subasta), y el “acta de autopsia y embalsamamiento”—que nunca se realizaron en la ciudad de México—fueron ocultados durante OCHENTA AÑOS y por fin salieron a la luz en el libro “México Acribillado”, NOVELA histórica respaldada por una investigación minuciosa y plena de acción e intriga. Sí, sobre todo de intriga.

Ahora veamos cómo se tuerce un relato, de manera que si alguien protesta se le diga: “¿Y qué esperabas de mi novela?”, pero si hay felicitaciones por la “excelencia literaria”, se exprese: “Hicimos lo que pudimos, ya ves que los archivos y hemerotecas han sido saqueados y fue casi imposible obtener más datos HISTÓRICOS”.

En la página 538, se va preparando al lector para la engañifa final: –Te van a matar, Álvaro, las mujeres tenemos un sexto dedo (¿?); algo me dice que las cosas no van bien, amor–.

–¿Cómo crees que me van a matar en La Bombilla? Si fuese una bombota te lo creería, pero en La Bombilla a nadie le puede pasar nada—respondió socarrón, como si estuviera en La Quinta Chilla, rodeado de los suyos.

En La Bombilla, explica Francisco Martin Moreno, donde todos los lugares están cuidadosamente señalados con los nombres de sus ocupantes, lo esperan León Toral; un cuerpo de seguridad ciertamente distraído; meseros, todos ellos cronistas; PREVÉ, RAMÍREZ PLANAS, el general Otero y su .45, las armas, las balas, la orquesta, los diputados de Guanajuato, algunos colaboradores, y como invitada especial, la muerte.

En pleno convivió se presenta León Toral con su block de dibujos, algunos hechos con anterioridad por si los nervios le impedían hacer el menor trazo. Le permiten el acceso por instrucciones de Otero. A Obregón le disgusta la protección. Ese día, en especial, la disciplina se relaja. El ambiente de euforia era contagioso. Los diputados hacían grandes planes. Álvaro Obregón volvería a tomar posesión del cargo como jefe del Ejecutivo el 1 de diciembre; el festejo era mucho más que justificado. EL ASESINO hace retratos con absoluta sangre fría mientras los comensales repasan el menú del crimen: coctel, entremés a la mexicana, crema portuguesa en tomate, huevos con champiñones, pescado a la veracruzana y cabrito adobado al horno. (O sea todavía no disparaba Toral y ¿ya era asesino?).

El presidente electo departe, despreocupado. Perderá la vida en escasos minutos, y sin embargo, no se advierte en su rostro el menor presentimiento. Bromea como siempre, cuenta chistes subidos de tono, sobre todo los relativos a los curas, los que más hilaridad le producen. El buen humor y la algarabía campean en La Bombilla. El porvenir de los presentes no puede ser más promisorio. La vida les sonríe…

En la página 540, el escritor describe el momento: el general Otero sale del restaurante a contestar una llamada telefónica. León Toral se ubica entonces al lado izquierdo de Obregón. El ASESINO tiene la osadía de interrumpir la animada conversación con Aarón Sáenz para mostrarle al Manco un retrato de su autoría que sostiene con la zurda. La VÍCTIMA ve la obra y lo felicita. Acto seguido levanta la cabeza para sugerirle que siga por el camino de las artes… Con la mano derecha saca (Toral) la pistola Star del bolsillo de su saco cuando, suena precisamente la segunda estrofa de El Limoncito.

EL ASESINO coloca el cañón de la Star directamente SOBRE LA ESPALDA del presidente electo y empieza a disparar uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis tiros de arriba para abajo, (Ni modo que para arriba, Obregón estaba sentado y Toral de pie), con el deseo de darle alguno o todos en el corazón. La orquesta no deja de tocar. Simultáneamente, PREVÉ ABRE FUEGO POR DEBAJO DE LA MESA CON AMBAS PISTOLAS, EN TANTO RAMÍREZ PLANAS HACE LO PROPIO OCULTO TRAS UN ÁRBOL ubicado al lado derecho del jardín, hacia donde se había prohibido el paso por “cuestiones de seguridad”. LA BALA, (DEL FUSIL CON MIRA TELESCÓPICA DEL CAZADOR RAMÍREZ PLANAS), ENTRA POR EL LADO DERECHO DE LA CARA Y SALE POR LA NUCA. LO ACRIBILLAN EN CUESTIÓN DE SEGUNDOS. EL PECHO, EL CORAZÓN Y EL ESTÓMAGO SE LLENAN DE PLOMO Y DE VENENO. (Según el escritor, una de las pistolas del criminal José Prevé estaba cargada con proyectiles impregnados de potentísimo veneno).

La cabeza de Obregón cae “sobre el cabrito en adobo”. Está tocado de muerte. A continuación gira hacia la izquierda y cae pesadamente al suelo, “abriéndose la frente por el impacto”.

La demencial explicación “histórica” continúa. Prevé, “oculto tras los manteles”, recoge precipitadamente sus casquillos para no dejar pruebas. Sale arrastrándose por el lado derecho de la mesa, siguiendo la forma de herradura, mientras los comensales corren de un lado a otro… Aparece el general Otero con su pistola en la mano, «el cañón está caliente, HABÍA DISPARADO A LA ESPALDA DEL MANCO UN PAR DE VECES POR ATRÁS DEL LETRERO LLENO DE FLORES DE XOCHIMILCO».

Ramírez Planas y Prevé abordarán un taxi con dirección desconocida, MÁS TARDE SE QUITARAN LAS BARBAS POSTIZAS Y LAS PELUCAS CON QUE SE DISFRAZARON. A León Toral, EL IMBECIL, “lo detienen con el arma en la mano”.

De Ramírez Planas no se vuelve a acordar el autor. José Prevé, otro de los “francotiradores”, habría muerto en Venezuela en medio de una batalla de guerrilleros, uno de sus ayudantes le preguntó por sus heridas, y como contestación, “Prevé lo mata y luego se suicida”.

A continuación Francisco Martin Moreno inventa que el cuerpo de Obregón fue llevado a la casa familiar, y “al llegar el doctor de confianza, para su inaudita sorpresa se encuentra con 19 orificios de bala, de diversos calibres y disparados a diversas distancias”.

Entonces no fue el médico legista militar Juan G. Saldaña el que levantó el acta de “reconocimiento de heridas y embalsamamiento” del general Obregón, fue el médico de confianza. Solo que Osornio y Sánchez, los amigos del general Obregón, jamás dijeron haber visto tantas heridas, pero sí las causadas por el arma de Toral, el primer balazo “desnucó” al personaje al penetrar por la región maseterina y salir por la nuca, los otros cinco tiros lesionaron la espalda de Obregón.

Sin duda alguna, amigos lectores, se habrán percatado de la criminal distorsión que de la historia se hizo, por la más estúpida versión que se ha dado sobre el homicidio del sonorense que intentó violar la “no reelección”.

En su descripción de los hechos, de los cuales no pudo ser testigo, Francisco Martin Moreno asegura que EL ASESINO, (todavía no lo era), colocó su pistola Star sobre LA ESPALDA de Obregón y ahí lo hirió con el deseo de que alguno o todos los proyectiles lo alcanzaran en el corazón.

Y dejó para el excelente tirador y cazador Ramírez Planas, el balazo en el cráneo. En la página 527, último párrafo, se explica que el cazador «DISPARARÍA A LA DISTANCIA, ESCONDIDO EN ALGÚN RECODO DE LA BOMBILLA, CON UN RIFLE DOTADO DE MIRA TELESCÓPICA, MIENTRAS QUE JOSE PREVÉ LO HARÍA CON DOS PISTOLAS, POR DEBAJO DE LA MESA, OCULTO POR LOS ENORMES MANTELES, JUSTAMENTE ENFRENTE DE OBREGÓN Y DE AARÓN SÁENZ. CUANDO LEÓN TORAL, EMPEZARA A DISPARAR ELLOS LO HARÍAN Y DE NO ATREVERSE POR LA RAZÓN QUE FUERA, CUANDO LA ORQUESTA DE ALFONSO ESPARZA OTEO INICIARA LA SEGUNDA ESTROFA DE «EL LIMONCITO», LA PIEZA FAVORITA DEL MANCO, EN ESE MOMENTO ESTALLARÍA LA BALACERA.

Repetimos, los fusiles de mira telescópica comenzaron a ser apenas conocidos en México hasta 1955-1956, jamás en 1928. Además, si “los conspiradores” contaban con un fusil dotado de mira telescópica, ¿para qué los disfraces con peluca y barba postiza? Habría bastado con que el excelente cazador y tirador tendiera una solitaria emboscada al general Obregón y lo matara a medio kilómetro de distancia, casi sin riesgo de fallar y de manera impune.

Otras exageraciones que los lectores seguramente advirtieron: las mesas del banquete nunca tuvieron “enormes manteles” y era materialmente imposible que bajo esos muebles, comunes y corrientes, se escondiera un tipo sin que ninguno de los invitados lo viera. Y luego que abriera fuego con dos pistolas, y tuviera tiempo de recoger sus casquillos, para escapar disfrazado…por la única puerta de salida, que fue instantáneamente vigilada durante la tragedia, precisamente para que ningún sospechoso pudiera abandonar la escena del crimen.

En cuanto al disparo de fusil que habría destrozado la cabeza de Obregón, ¿por qué primero fue una bala de gran calibre, (.44 o .45, a juzgar por el diámetro de entrada), y salió convertida en una bala calibre .32? IMPOSIBLE.

Otro error del escritor: Obregón “cayó sobre el cabrito en adobo”, giró a la izquierda y cayó pesadamente al suelo, abriéndose la frente por el impacto.

Nunca tuvo demasiado cerca el “cabrito en adobo”, precisamente segundos antes de que llegara Toral a sus espaldas, el general Obregón había rechazado ese platillo y le estaban aproximando frijoles refritos. Tampoco giró a la izquierda, fue deslizándose bajo la mesa y se lastimó con el borde del mueble. Inmediatamente, Aarón Sáenz y otros se metieron y sacaron al general…¿por qué no descubrieron al supuesto asesino José Prevé recogiendo sus cartuchos?

Y volviendo un poco al tema del diagrama, el escritor vuelve a confundir al lector de manera desleal para la clientela de Alfaguara: en la página 545, explica que en la tarde del 17 de julio de 1928, “antes de ser velado el cadáver en Palacio Nacional, Juan G. Saldaña, el mayor médico cirujano adscrito al anfiteatro del Hospital Militar de Instrucción, levanta el “Acta de reconocimiento de heridas y embalsamamiento del general Álvaro Obregón”.

Confirma en SECRETO, DE MANERA EXTRAOFICIAL Y SIN MEDIAR INSTRUCCIÓN JUDICIAL PARA LLEVAR A CABO LA NECROPSIA, LAS DIECINUEVE HERIDAS DE BALA EN EL CUERPO DEL PRESIDENTE ELECTO. EL DOCUMENTO PERMANECE ESCONDIDO DURANTE CASI VEINTE AÑOS HASTA QUE “EXCELSIOR” FINALMENTE LO PUBLICA EN 1947, CON AUTORIZACIÓN DE AVE TITO. ¡Qué IMPORTANTE ES EL DIAGRAMA QUE MI ABUELO ME OBSEQUIO TANTOS AÑOS ATRÁS! ESE REGALO ME HABÍA SUMERGIDO EN UN LARGO PROCESO DE INVESTIGACIÓN, AL FINAL DEL CUAL YO ESPERABA VER SURGIR MI “MÉXICO ACRIBILLADO” PARA ECHAR UN POCO DE LUZ EN NUESTRA HISTORIA Y, SOBRE TODO, HONRAR LA MEMORIA Y LA GENEROSIDAD DE AVE TITO, A QUIEN YA NO PUEDO AGRADECÉRSELO A BESOS NI INVITÁNDOLO A COMER SUS CAMARONES EN CUALQUIER CHANGARRO DE LA COSTA GRANDE DE GUERRERO.

En el fondo, quizá fue mejor que tarde o temprano se descubriera que el famoso diagrama, original, jamás fue obtenido en una subasta en 1946. Y que el abuelo pudo haber “dado su autorización para que se publicara el 20 de mayo de 1947 en Excélsior”, a petición de otro reportero mentiroso llamado Leopoldo Toquero Demarías, quien al igual que el misterioso “repórter” de LA PRENSA, presentó otra copia “certificada” del “Acta de Reconocimiento de Heridas y Embalsamamiento del general Álvaro Obregón” y su extemporánea crónica, (le ganó por DIEZ AÑOS el “repórter” de LA PRENSA), fue encabezada vistosamente por Excélsior: “FUERON 6 LOS ASESINOS DEL GENERAL OBREGÓN, O TORAL USO SEIS PISTOLAS”.

El mismo cuento, el mismo diagrama, sólo que a éste le adicionaron los dibujantes de Excélsior “datos sobre los supuestamente diferentes calibres de las trece heridas que después se convirtieron en diecinueve”.

Si el escritor dijo la verdad, cosa que difícilmente podrá probar, su abuelo debió ser engañado en la subasta mencionada y más al comentar que “se descubrió a través de la NECROPSIA INFORMAL QUE SE LE Practicó Y DURANTE LA CUAL SE DIBUJÓ IMPROVISADAMENTE UN DIAGRAMA SOBRE LA PLANCHA EN LA QUE SE ENCONTRABA EL CADAVER”.

Creemos que ha quedado claro que el diagrama fue elaborado para LA PRENSA el 23 de marzo de 1937 y publicado al día siguiente, además de que el cuerpo de Obregón jamás estuvo “en una plancha” y nunca se realizó alguna AUTOPSIA INFORMAL.

Según el diagrama alterado por Excélsior, los calibres mencionados en la publicación del 20 de mayo de 1947, son: .32, .45, .38 especial, calibre 8 milímetros y calibre 7 milímetros. Estos dos últimos calibres NO EXISTEN y menos el de TRES MILIMETROS que describe Francisco Martin Moreno.

Por cierto, como no somos peritos en Balística, sólo destacaremos a continuación que al describir el acta “preciosa para la historia”, el escritor enfatiza que “uno de los orificios de entrada TENIA DOS ORIFICIOS DE SALIDA”. ¿Cómo puede afirmarse eso, si los bisturíes nunca tocaron el cadáver de Obregón?.

Y después de todo, ya deberíamos estar acostumbrados a la impunidad de que gozan muchos intelectuales, sin que las autoridades se atrevan a desmentirlos. El mismo Octavio Paz, (quien protegió a un traductor comunista que dio muerte a su rival en amores, al encontrarlo en el departamento de su exesposa), aseguró en 1968 que la cifra más confiable en cuanto a los muertos de Tlatelolco, se publicó en el periódico inglés The Guardian: 325 víctimas. Nunca reconoció su grave error, a pesar de que The Guardian fue bajando el número hasta doscientos y tantos…porque comprobó que su reportero también era un embustero y durante la balacera estuvo escondido en un departamento, y por lo tanto, jamás pudo comprobar su “reportaje”.

En cuanto a documentos oficiales falsificados en México, baste saber que el Consejo Nacional de Huelga dio a conocer un oficio aparentemente firmado por el director del Servicio Médico Forense, en donde se reconocía que “según las autopsias relacionadas con el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, se confirmaba que las víctimas fueron agredidas en ángulos horizontales”.

Esto significaba según el CNH que “no hubo francotiradores en las alturas, sino que el drama tuvo lugar a nivel de la explanada de las banderas”. El truco se descubrió gracias a que el falsificador escribió GIBSON y la firma no coincidía. El director del Semefo se llamó Miguel Gilbón Maitrett. El mismo personaje se quejó en la Procuraduría General de la República, pero por la confusión generalizada las averiguaciones se quedaron estancadas. De eso y más eran capaces los activistas “estudiantiles”, cuyos jefes incluso llegaron a exigir oficialmente que “se castigara a Gustavo Díaz Ordaz…A PESAR DE QUE HABIA MUERTO”, que tal circunstancia no importaba (¿?).

Lamentablemente, uno de los mejores periódicos del país, El Universal, también se dejó llevar por el fanatismo de alguno de sus reporteros, (en general muchos periodistas eran comunistas o simpatizantes), y publicó tal vez sin reflexión alguna que “en el Servicio Médico Forense LAS AUTOPSIAS MOSTRARON QUE LA GRAN MAYORIA DE LAS VICTIMAS MURIERON A CONSECUENCIA DE HERIDAS DE BAYONETA. Y OTRAS POR DISPAROS DE ARMA DE FUEGO HECHOS A CORTA DISTANCIA”. La noticia se dio el 4 de octubre de 1968, según La Noche de Tlatelolco, página 224. En fin, es de desear que en algún futuro el gobierno se desprenda del “síndrome del 68”, que ha promovido en cincuenta años que las mentiras sobrevivan por mucho a las verdades y que se tenga temor de reconocer que Madero y Pino Suárez no fueron asesinados en Lecumberri, sino en las caballerizas de Palacio Nacional; que los restos que se creían de Cuauhtémoc son de mujer, igual que los del “Hombre de Tepexpan” y que la estatua que se levantó cerca del aeropuerto internacional de la ciudad de México, debe ser retirada porque no representa a un niño heroico.

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