EL ESCÁNDALO DE POZA RICA 

*No terminaba aún el revuelo formado por el descubrimiento del fraude con gasolina, cuando estallaba otro escándalo, en torno a un todopoderoso en dos regímenes: Jaime José Merino de la Peña, ex cacique local

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

(Cinco de siete partes)

Ciudad de México.- Y no terminaba aún el revuelo formado por el descubrimiento del fraude con gasolina, cuando estallaba otro escándalo, en Poza Rica, en torno a un todopoderoso en dos regímenes: Jaime José Merino de la Peña, ex cacique local.

Por si fuera poco -añadió- los trabajadores transitorios de la Sección 34 del STPRM manifestaron que ya no estaban dispuestos a soportar las amenazas de muerte y de cárcel que les hacían los ejecutivos sindicales”.

De pronto, a bordo de un avión, llegó el “Conde Gasolinas”, Manuel Martínez Castro, elegantemente vestido pero titubeante y demacrado. Al ser llevado al despacho del coronel Manuel Suárez Domínguez, inicialmente se negó a contestar preguntas, pero dijo que “comprendieran —los  periodistas— que en ese momento tenía sus ideas y el espíritu confusos, porque hacía diez minutos que había descendido de la nave aérea”.

Luego dijo que salió por carretera hacia el norte y llegó a Estados Unidos por Nuevo Laredo, poco antes «me enteré de que habían sido detenidos los choferes de mis carrotanques. Solicité amparo porque yo soy el dueño de las “pipas” y se me creía culpable. Las noticias fueron exageradas en los  periódicos«.

«A mi casa se presentó el agente de la policía de Pemex, Héctor Martínez Cabañas, y me dijo que estaban detenidos los manejadores. Claramente, noté que el policía iba por dinero. Me dijo que todo se podía arreglar con su jefe, Melchor Cárdenas González, pero que me costaría mucho dinero y que fuera a su oficina».

«Me presenté en Pemex y no estaba el director. Mi abogado, Ignacio Mendoza Iglesias, decidió pedir un amparo. Después salí del país. Renuncié a defenderme del juicio de extradición, de todos modos estaba perdido, pues soy desertor del Ejército Nacional«.

«En Pemex no tuve ningún  puesto, simplemente una concesión, desde 1952, pero no recuerdo quien me la otorgó. En Estados Unidos estuve tres meses y bajé mucho de peso. Se me vino encima el mundo. Llegué el jueves 20 de agosto de 1959, procedente de Nueva Orleans«.

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