EL DRAMA EN CDMX: NARCO DESCUARTIZA NIÑOS

*La guerra que enfrentan los cárteles que operan en esta ciudad ya exhibió otro lado oscuro: El reclutamiento de niños y el crimen de infantes por parte de los grupos rivales que pelean todos los días por el control del mercado de las drogas

Ricardo Ravelo | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Tercera y última parte)

Ciudad de México.- La guerra que enfrentan los cárteles que operan en esta ciudad ya exhibió otro lado oscuro: el reclutamiento de niños y el crimen de infantes por parte de los grupos rivales que pelean todos los días por el control del mercado de las drogas.

El epicentro esta vez fue el centro de la Ciudad de México, supuestamente una de las zonas más vigiladas por la policía que encabeza Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana, quien el 26 de junio pasado fue atacado a balazos por sicarios del cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Y es que dos menores de edad que desaparecieron después de que acudieron a festejar a San Judas Tadeo fueron identificados como dos de las víctimas que fueron descuartizadas presuntamente por un grupo rival del cártel Unión Tepito autodenominado cártel AntiUnión Tepito.

Los adolescentes Alan Yahir y Héctor Efraín de 12 y 14 años de edad, respectivamente, fueron asesinados la noche del pasado 27 de octubre en pleno centro de la Ciudad de México, en una casa ubicada en la calle República de Chile, centro de operaciones del cártel Unión-Tepito.

De acuerdo con las investigaciones del caso, las víctimas vivían en lo que se conoce como el Centro Histórico, donde presuntamente se dedicaban al comercio, igual que sus padres; la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México ha trazado varias líneas de investigación para esclarecer el caso. La primera de ellas es el narcotráfico, la venganza del crimen organizado.

Una primera versión establece que los niños asesinados se dedicaban a vender dulces, pero las autoridades no descartan que estuvieran implicados en la venta de drogas y que un cártel rival al que ellos presuntamente pertenecían los asesinó en venganza.

La historia de este caso, elaborada por la Fiscalía capitalina, señala que Alan Yahír y Héctor Efraín asistieron a la iglesia de San Hipólito y, más tarde, Héctor le habría pedido a Alan que lo acompañara a ver a su novia.

Al ser interrogada por las autoridades, la novia declaró que Héctor nunca llegó con ella. Lo estaba esperando para asistir a ver unos arrancones de motocicletas en la alcaldía de Iztapalapa.

Las autoridades de la Ciudad de México consideran que ambos niños fueron asesinados y desmembrados dentro de una vecindad localizada en la calle República de Chile, lugar donde se asegura que operan sicarios del cártel Unión-Tepito.

Según la reconstrucción del caso, a cargo de la Fiscalía capitalina, un sujeto identificado como Édgar Zúñiga, a quien apodan “El Zúñiga” –quien fue el encargado de trasladar los restos de Alan Yahir y Héctor.

Cuando fue detenido argumentó mentiras: dijo ser un indigente adicto a las drogas y que le habían pagado para sacar unas cajas y botes de basura, cuyo contenido dijo desconocer.

Las autoridades descubrieron la patraña y detectaron que “El Zúñiga” en realidad trabaja para el cártel Unión-Tepito, particularmente para dos cabecillas de ese grupo criminal identificados como “El Chari” y “El David”.

También interrogados por las autoridades, los familiares de los menores asesinados aseguraron que sus hijos se dedicaban al comercio, igual que ellos, pero las autoridades investigan que los niños en realidad tenían relación directa con narcotraficantes y extorsionadores de la Unión que operan en el Centro Histórico de la capital del país. Según su expediente criminal, la actual es la cuarta captura del famoso “Zúñiga”. Ya había estado en prisión en 2011, 2014 y 2019.

La captura del presunto sicario ocurrió de manera accidental, según reportó la Fiscalía de la Ciudad de México: Cuando dos agentes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana se movilizaron hacia la esquina que conforman las calles de Chile y Belisario Domínguez para llevar a cabo un corte de circulación e impedir que un grupo de motociclistas ingresara al primer cuadro de la ciudad.

Las calles estaban vacías, se asegura. Por ello, a los agentes les llamó la atención que un hombre –“El Zúñiga”– empujara nerviosamente un “diablito”. Llevaba unas cajas y adentro unos bultos negros. Eran bolsas de plástico.

Cuando pasó cerca de los agentes se le cayeron dos cajas de plástico. Uno de los policías se acercó para brindarle ayuda. En se momento el policía notó que de las cajas habían salido tres bolsas de plástico negro. “El Zúñiga” quiso volver a colocar las bolsas en las cajas en forma apresurada, pero estaban pesadas.

Una de las bolsas estaba visiblemente rasgada, por ello, el agente comenzó a observar que en su interior había pedazos de carne “muy blanca”. Después comenzó a reconocer los restos humanos de una persona que había sido descuartizada. Lo que vio fue un pedazo de hombro, un brazo y una oreja.

En ese momento reportó el hallazgo a las autoridades y descubrieron que los restos pertenecían a Alan Yahir y Héctor, quienes habían sido reportados como desaparecidos.

El presunto operador de la Unión-Tepito afirmó, al rendir sus declaraciones ministeriales, que desconocía el contenido de las bolsas de plástico y que le habían pagado con dos gramos de cocaína para deshacerse de lo que llamó “la basura”.

Los niños Alan Yahír y Héctor eran miembros de la comunidad mazahua de Antonio Pueblo Nuevo, Estado de México. Según la Fiscalía capitalina, vivían en el número 36 de la calle Pensador Mexicano, donde días antes del crimen se había lanzado una alerta debido a su desaparición, el martes 27 de octubre cuando habrían sido “levantados” en las calles de Donceles y Allende por un hombre que conducía una motocicleta.

La línea de investigación que sigue la Fiscalía capitalina es que los niños asesinados estaban implicados en la venta de droga, eran informantes del crimen organizado y realizaban tareas como halcones.

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