Verdades y Mentiras: el drama de la bombilla

*En marzo de 1937, el periódico La Prensa, por alguna razón no muy clara, comenzó a recordar el drama de “La Bombilla”

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Sexta de siete partes)

Ciudad de México. — Todo comenzó en 1937, cuando “alguien” engañó a las autoridades en el Hospital Militar y depositó un acta apócrifa; al principio, todo mundo se burló porque se sabía que los bisturíes jamás tocaron el cadáver de Obregón, cuya viuda lavó y conservó la ropa que el general estrenó para ir al restaurante “La Bombilla”. No se ignoraba que en las prendas, (saco, camisa y camiseta), estaban perfectamente marcados los cinco impactos que remataron al presidente electo, porque el primer tiro lo recibió en la mejilla derecha, salió por la nuca y fue mortal, el sonorense sobrevivió apenas unos minutos. Fueron seis balazos los que realizó el dibujante José de León Toral.

Cinco de esos tiros los dirigió Toral hacia la espalda del general Obregón y pretendió seguir disparando, pero fue desarmado por Juan H. Jaime, quien lo iba a matar con su pistola cuando Manrique gritó que “no lo ejecutaran, para que pudiera denunciar a sus cómplices”.

Realmente como los verdaderos historiadores lo confirmaron, Álvaro Obregón recibió sólo seis balazos y todos del arma .32 de José de León Toral.

Bueno, en marzo de 1937, el periódico LA PRENSA, por alguna razón no muy clara, comenzó a recordar el drama de “La Bombilla”. No se sabe quien realizó la crónica, porque antes no se permitía que los reporteros se convirtieran en protagonistas, de manera que las notas no fueron firmadas aunque sí bien redactadas.

El escribiente se hacía llamar “este repórter”. Y explicó a sus lectores que “LA PRENSA sabía del acta, pero que prefirió guardar el secreto hasta mejor ocasión”. Uff¡ No por coincidencia, Francisco Martín Moreno también comentó para sus lectores “que guardó el secreto del diagrama porque así se lo había prometido a su abuelo”.

O sea que nueve años después de la tragedia en “La Bombilla”, el “repórter” se lució con su rezagado estilo policial: “Ring, ring…Suena el teléfono. Este repórter levanta el auricular y se entera que”….

Y sin prueba alguna comenzó a relatar que “tiene una bomba noticiosa” que estremecerá a miles de lectores, porque Álvaro Obregón “fue afectado por muchas más heridas que las que pudo provocar con seis disparos el dibujante José de León Toral” y que por lo menos “pudo ser agredido por dos tiradores”, todo esto reflexionado “a la luz de la lógica”.

Entonces, su lógica le aconsejó ir a la Procuraduría del Distrito y consultar a un experto, pero se topó con un mediocre servidor público llamado Santiago Martínez, supuesto perito en Balística, a quien le mostró copia del falso documento de “reconocimiento de heridas”.

De las declaraciones del “perito”, sacó en claro dos cosas importantes: que de acuerdo con las probabilidades “la pistola utilizada por José de León Toral era calibre .38 y no .32, pues los orificios de entrada medidos en 6 y 7 milímetros corresponden al primer calibre, .38, no así el de ocho que alude el acta, pues los ocho milímetros SON REGULARMENTE DE ORIFICIOS DE BALA CALIBRE .45”.

El acta no detalla las heridas situadas en la región escapular izquierda, reconoce el “repórter”, por lo que “podría conjeturarse que también hayan correspondido a calibre .45, ¿Quién podría negarlo o afirmarlo, después de los años transcurridos?”.

En otro párrafo el “repórter” mismo comete un error, tan grave, que si LA PRENSA hubiera tenido un corrector de estilo, el cronista hubiera sido expulsado por mentiroso.

“Habría otra prueba—escribe—que nos acercaría más a la verdad, sería la ropa que usaba el general al ser asesinado, PERO NO SABEMOS si se le sepultó con ella o la guardan sus familiares en Sonora, pero lo MAS PROBABLE es que haya sido lo primero, ya que como ES SABIDO, AUN CON LAS INYECCIONES PUESTAS AL CADAVER POR EL DOCTOR CERISOLA Y ESTO A BORDO DEL TREN QUE LO CONDUJO A TIERRAS DEL NOROESTE, llegó a Huatabampo en completa descomposición, de manera que apenas sí hubo tiempo para sepultarlo”.

El mismo “repórter” confirmaba así que el 17 de julio de 1928, no hubo tal embalsamamiento en la ciudad de México y por lo tanto, era falso de toda falsedad el papel que aparentemente evidenciaba “una autopsia y un embalsamiento”.

Y la “lógica” del “repórter” volvía a fallar: El cadáver del expresidente de México, del presidente electo, ¿fue presentado en Palacio Nacional para el velorio, todo ensangrentado y con la misma ropa que usó durante el banquete en “La Bombilla”? ¡Claro que no!

Pero no terminaban ahí las graves equivocaciones del “repórter” misterioso: muy ufano comentó que su revelación, (el acta falsa y el famoso diagrama al que nos referiremos ampliamente), provocó gran sensación, principalmente en los círculos políticos, pues todavía se creía en “los seis tiros del arma de José de León Toral, quien POR CIERTO “DESNUCO” AL GENERAL OBREGON AL PRIMER TIRO”.

El balazo de la región maseterina, que salió a 7 centímetros abajo y atrás del nacimiento del pabellón de la oreja izquierda, “HIZO LAS VECES DE UN DESCABELLO Y EL GENERAL OBREGON MURIO INSTANTANEAMENTE”.

De todas maneras, añade cínicamente el “repórter”, queda la interrogación, sin respuesta satisfactoria, pues MIENTRAS LOS TESTIGOS OCULARES DEL SUCESO NIEGAN QUE SE HAYAN REGISTRADO OTROS DISPAROS, “el acta del doctor Juan G. Saldaña asevera lo contrario y la huella de OCHO MILIMETROS con escara de un milímetro, a nivel de la cuarta vértebra dorsal y a 5 centímetros de la línea media acrecienta la duda de que se usaron dos pistolas cuando menos para asesinar a Obregón y que una de ellas era probablemente de calibre .45”.

O sea el muy burro sostenía que los agujeros redondos de ocho milímetros son de proyectil calibre .45, cuando que éstos dejan un orificio redondo de 11.43 milímetros, y en cambio, las balas calibre .32 sí dejan orificios de 8 milímetros.

De hecho, las autoridades de LA PRENSA, desconfiaron del “repórter” entusiasmado con su “crónica falsa”, y el miércoles 24 de marzo de 1937, no le dieron “principal” a la nota, apenas sí un cintillo en primera plana y, en la página 3, citaron: “19 perforaciones presentaba el cadáver del general Obregón. DE DARSE CREDITO al acta que se levantó en el Hospital Militar, hubo otros disparos que no hizo Toral sobre el expresidente”.

Y es que el “perito” Santiago Martínez insistía en sus errores: “Una perforación de 6 o 7 milímetros, corresponde PROBABLEMENTE a calibre .38 de una pistola. La perforación circular, de 8 milímetros, es REGULARMENTE de pistola .45”.

De lo anterior se desprende, aseguró el “repórter” encarrerado en sus absurdos, que ateniéndose a lo que dice el “acta de reconocimiento de heridas y embalsamamiento del general Obregón, para asesinar a éste se usaron dos pistolas: una, calibre .38 o sea la correspondiente a Toral y otra .45, cuyo portador no se ha descubierto” (¿?).

En vano intento por corregir la grave pifia del “repórter” misterioso y para aclarar lo de los calibres, la Secretaría de Guerra se comunicó a LA PRENSA para enfatizar que los calibres se miden por centésimas de PULGADA, excepto el calibre 9 milímetros. Por ejemplo, el .22 deja orificio circular de 5.588 milímetros; el .25, 6.35 milímetros. El .32, 8.128 milímetros. Calibre .38, 9.652 milímetros. El .44, 11.176 milímetros y el .45, 11.43 milímetros.

La conversión es sencilla. La más fácil, aproximada, es dividir entre 4 el calibre en pulgadas y da cifras en milímetros. Ejemplo: 22 entre cuatro, da 5.5. El 25 entre 4: 6.25, el 32 entre 4: 8.

Pero el diarista presentía que se estaba jugando el trabajo e intentó confundir a sus jefes y a los lectores: dijo que “en el momento de los balazos hubo terrible confusión en La Bombilla”. Nada más falso: hubo inquietud pero no “terrible confusión”, pues se estaba en plena época de violencia a mano armada y la gente vivía en alerta continua.

El “repórter” creía justificar su lamentabilísmo error histórico: en la “confusión” algunos amigos de Obregón dispararon contra Toral y acribillaron al expresidente de México. Eso es estúpido creerlo y mucho más escribirlo: ¿por qué José de León Toral resultó ileso en ese tiroteo contra él?, ¿Y cómo habría sido acribillado por equivocación el general, si cuando le disparó Toral se desplomó como herido por un rayo y cayó bajo la mesa? Cuando la gente reaccionó el general estaba casi muerto bajo su mesa y Toral esperaba que lo mataran a balazos, como le había dicho mentalmente a su ángel de la guarda. Presentaba un blanco perfecto y nadie, absolutamente nadie disparó contra el dibujante, cuando Jaime iba a darle muerte, fue detenido por Manrique, quien consideraba que “había cómplices”…como en su momento se creyó en el asesinato de Colosio. Mario Aburto dijo mil veces la verdad, que actuó solo para cobrar en dólares por entrevista de prensa, pero nadie le creyó.

Desesperado, el “repórter” de LA PRENSA buscó apoyo entre sus colegas, alguien que le dijera que sus “voladas” podían ser ciertas. Y este fue el resultado: entrevistó a los periodistas Francisco Herrera Meave, Carlos Quiroz, Rafael Muñoz, Manuel Mellado y Gustavo Castañares.

Francisco le contó que hubo desconcierto pero no confusión. La mayoría de los asistentes escuchó los balazos, (aunque algunos historiadores insisten en que “fueron confundidos por los sonidos de la batería de la orquesta”), y varios hombres armados fueron inmediatamente hacia la salida, para que nadie pudiera escapar si no se identificaba.

El mismo Francisco Herrera Meave expresó que fue él quien pisó el mantel de la mesa, al saltar sobre la misma para ayudar a Obregón, quien cayó debajo de la mesa, “Mi general, ¿qué le pasa? Dígame”, sin recibir respuesta.

(Después de ser presentada “el acta de reconocimiento de lesiones y embalsamamiento” alguien inventó que la huella que había dejado Herrera en la mesa, “era de una bota del militar que disparó con calibre .45 contra su jefe y amigo”. El escritor Francisco Martín Moreno llegó al colmo de la infamia al “identificar” al supuesto militar asesino como el general Otero, gran amigo de Obregón).

Al pretender jalar el cuerpo, “me llené toda la manga de sangre y llegaron Castañares y Aarón Sáenz, el cuerpo finalmente fue sacado del restaurante por los amigos de Obregón; Aarón Sáenz lloraba, Topete gritaba que le habían matado a su padre. Un día antes, por cierto, fuimos a comer con Obregón y aulló en forma espeluznante un perro, el general comentó que ese perro le estaba haciendo un recibimiento. Finalmente dijo que ya no aceptaría más banquetes y se dedicaría a preparar su retorno a la Presidencia”, concluyó Herrera.

El general Ignacio Otero también dijo que entre quienes llevaron a Obregón a su casa, en un auto Cadillac, estaba el doctor Alejandro Sánchez, médico personal del expresidente, los recibió el doctor Osornio, (quien había ayudado en la operación quirúrgica que se realizó a bordo de un tren, cuando el general Obregón fue alcanzado por una esquirla de granada, que le lastimó el brazo derecho para siempre), y ningún otro médico fue admitido en la residencia. Ningún doctor ajeno “autopsió ni embalsamó” el cuerpo de Obregón y menos fueron llevados los restos al Hospital Militar. De la casa familiar fue trasladado, aseado y con ropa nueva, el cuerpo del general Obregón a Palacio Nacional, se le rindieron honores y al día siguiente se le llevó a la Estación Ferroviaria Colonia, para su traslado urgente a Sonora.

Por su parte, el periodista Gustavo Castañares, juró que estaba a dieta el 17 de julio de 1928, y por lo tanto casi no consumió alimentos y menos alcohol, “yo estaba sentado frente a Obregón, vi perfectamente a Toral cuando le mostraba el dibujo y luego le disparó por el lado derecho, el general hizo un gesto de dolor y se deslizó bajo la mesa, hacia su lado izquierdo, mientras Toral disparaba otras cinco ocasiones por la espalda, No hubo más disparos, me dejaría quemar la mano derecha si hubo más disparos”.

Los otros periodistas dijeron lo mismo, más o menos, en el sentido de que nadie más disparó contra el general. El político Enrique Courtade, testigo presencial del asesinato, dijo de la falsa acta oficial que “mínimo está mal redactada y se hizo con precipitaciones; nadie más disparó, solo el dibujante José de León Toral”.

Obviamente, el “repórter” comenzó a “matar” su nota “exclusiva” pero no sin culpar a…La Madre Conchita.

Cabe mencionar que el Vaticano la considera “una mártir de México”, porque, en algo similar a lo que se hizo aquí con Othón Cortés, (a quien un fiscal de ingrato recuerdo por su demencia, lo acusó de ser el “segundo francotirador” contra Colosio), fue culpada de conspiración y sentenciada a 20 años de prisión, siendo inocente.

La atención se desvió inmediatamente hacia la monja sacramentaria y más cuando comenzaron a rumorarse infamias, (México se lleva las palmas en mitos y leyendas, antiguas y actuales), en el sentido de que en las Islas Marías “había tenido partos fallidos”, antes de que se casara con el dinamitero Carlos Castro Balda.

Amigos lectores: Volvamos al tema principal de este trabajo. Verdades y Mentiras. Si el asunto del diagrama desconcertante fue publicado por LA PRENSA, tan ampliamente que se vendieron miles y miles de ejemplares, en marzo de 1937, (de donde indudablemente surgió la idea del libro “México Acribillado”), ¿Cómo es posible aceptar que una editorial asegure en su publicidad que el asunto se mantuvo oculto OCHENTA AÑOS y sólo se descubrió gracias al historiador Francisco Martín Moreno?.

El tantas veces mencionado “repórter” de LA PRENSA, que de algún modo consiguió el acta falsa y engañó a sus jefes y al público en general, explica el nacimiento del diagrama.

Con el acta apócrifa y aparentemente “copia del original que está con el número 148, en el Hospital Militar”, se presentó el redactor en el domicilio del doctor Alberto Lozano Garza, médico forense del Hospital Juárez y le suplicó que interpretara los datos.

Así nació el famoso diagrama. “El médico tomó un papel, hizo un dibujo pintando el cuerpo de un muñeco y fue poniendo puntos en los sitios correspondientes, de conformidad con la descripción del acta. Y dijo que una perforación puede ser oval y medir más que otra circular, correspondiente al mismo calibre de la pistola y esto depende de la forma del disparo y de cómo penetra la bala al cuerpo”, explicó el ”repórter”.

Amablemente el doctor Lozano, (autor del diagrama, nunca olvidarlo, por favor), “explicó a nuestro redactor que el juicio de todas maneras no puede ser exacto, en vista de que lo único que habría sacado completamente de dudas, HUBIERA SIDO LA AUTOPSIA, PERO QUE COMO NO SE HIZO, la opinión adolece de no ser expresada ANTE LA REALIDAD, O SEA ANTE LA VERDAD ANATOMICA, CON EL CADAVER DEL GENERAL OBREGON DELANTE”.

Más claro ni el agua. El supuesto “documento histórico” valía para dos cosas. Pero el “redactor” prefirió disfrazar su fracaso y se fue por la medida de los orificios, aunque Lozano Garza le había dicho que hay diferencias notables relacionadas con balas de una misma pistola, dependiendo del ángulo de tiro, la flexibilidad de la piel, la posición de víctima y victimario, etcétera.

Y comenzó el gran embuste. A pesar de que Francisco Martín Moreno vio y leyó las mentiras del “repórter” de LA PRENSA, (véase la página 572 de “México Acribillado”, nota 61 del capítulo 3: “LA PRENSA, Marzo de 1937”), explica en la página 18 de su obra:

Mi gran curiosidad por la historia comenzó cuando, siendo yo muy joven, Ave Tito, (su abuelo), me contó cómo León Toral SUPUESTAMENTE asesinó al presidente Obregón en La Bombilla, y haciéndose pasar como caricaturista, disparó seis balazos a bocajarro por el lado izquierdo de su ilustre víctima.

–Pero imagínate: con independencia de la puntería que hubiera podido tener ESE RETRASADO MENTAL MANIPULADO A PLACER POR EL CLERO, en el cuerpo de Obregón se encontraron diecinueve orificios de bala, trece de entrada más seis de salida, según se descubrió A TRAVES DE LA NECROPSIA INFORMAL QUE SE LE PRACTICO Y DURANTE LA CUAL SE DIBUJÓ IMPROVISADAMENTE UN DIAGRAMA SOBRE LA PLANCHA EN LA QUE SE ENCONTRABA EL CADAVER”.

“Mi abuelo esperaba una afirmación como la que hice a continuación: Me dejaría cortar una mano por tener en mi poder el diagrama que dices. Imagínate lo que haría con él”…

Obviamente, el historiador no se cortó una mano. El abuelo, en su biblioteca, le extendió un viejo cartapacio, y “al abrirlo, (página 20, segundo párrafo), me encontré con el diagrama, que había permanecido oculto durante casi veinte años y que él, (Ave Tito), había adquirido en una subasta en 1946 después de una puja interminable con otro fanático comprador de textos, documentos y artículos extraños. UNA COPIA HABIA SIDO PUBLICADA CON SU AUTORIZACION, el 20 de mayo de 1947, en el periódico Excélsior…con ese SIMPLE DIBUJO yo construiría un mundo”.

No fue un mundo, pero sí redactaría un libro cargado de embustes “novelados” que por lo menos adquirieron 85,000 seguidores del historiador. CONTINUARÁ.

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