EL CHAPO: CINCO LUSTROS DE CARRERA DELICTIVA

*Su primera captura, cuando aún no era el personaje mítico del narco en que lo dejaron convertirse, ocurrió el 9 de junio de 1993, en San Marcos, Guatemala, a donde huyó tras el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo 

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

(Primera de cuatro partes)

Ciudad de México.- Poco más de cinco lustros duró la carrera delictiva de quien en un tiempo llegó a ser considerado el capo más poderoso de todo México: Joaquín Archibaldo “El Chapo” Guzmán Loera; en esos 25 años llegó a la cima de su trayectoria delictiva y también a la cima de su existencia, pues al quedar confinado en una cárcel norteamericana, todo parece indicar que pasará ahí el resto de sus días. 

Su primera captura, cuando aún no era el personaje mítico del narco en que lo dejaron convertirse, ocurrió  el 9 de junio de 1993, en San Marcos, Guatemala, a donde huyó tras el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el 24 de mayo de 1993, al que confundieron los sicarios de los hermanos Arellano Félix con “El Chapo”.  

Hasta ese tiempo, Guzmán Loera conservaba lo más preciado para un narcotraficante, el anonimato, pese a que ya manejaba el trasiego de droga desde Panamá hasta el estado fronterizo mexicano con Estados Unidos: Tijuana, Baja California.   

Tras su captura fue llevado a Tapachula, Chiapas, entregado a México y confinado en el penal de alta seguridad llamado entonces “La Palma”, donde permaneció dos años y cinco meses, ya que el 22 de noviembre de 1995 logró que lo trasladaran al penal de alta Seguridad de Puente Grande, Jalisco. 

Desde que llegó a dicho presidio impuso sus reglas y se convirtió en amo y señor de la cárcel, hasta que el 19 de enero del 2001 se fugó, aunque después él mismo declararía que las autoridades le habían abierto las puertas. 

Durante 13 años permaneció prófugo, hasta el 2014 y en ese tiempo, bajo los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, “El Chapo” se hizo más fuerte, alcanzó la cumbre y se convirtió en el capo más rico y poderoso de México. 

Con una espectacular escolta de pistoleros, de la que nunca se daban cuenta las autoridades encargadas de recapturarlo, se movía libremente por todo el país e incluso por diversas partes del mundo, haciendo contactos, comprando conciencias y ensanchando su imperio.  

Esa impunidad para delinquir y la protección de quienes lo “perseguían”, cambió radicalmente con el nuevo régimen y tuvo que huir y andar a salto de mata desde diciembre de 2012, hasta que el 22 de febrero de 2014 fue recapturado por segunda ocasión y recluido de nueva cuenta en el penal que ya conocía, pero al que le habían cambiado el nombre por “El Altiplano”. 

 Enrique Peña Nieto se ufanó de la aprehensión, pero el gusto le duró poco, ya que a los 17 meses, el 11 de julio de 2015, “El Chapo” volvió a escapar en una espectacular e inverosímil fuga y entonces el gobierno peñista guardó vergonzoso silencio. 

Pero esta vez no duraría tantos años prófugo, el 8 de enero de 2016 a menos de medio año de haberse fugado fue reaprehendido por tercera ocasión y esa sería su última y definitiva escapatoria, pues el 19 de enero de 2017 se le extraditó a los Estados Unidos bajo 17 cargos, todos relacionados con la distribución de droga. 

Fue extraditado para enfrentar cargos por narcotráfico como jefe del Cártel de Sinaloa, el principal introductor de cocaína y otras drogas a los EU, según la Drug Enforcement Administration (DEA), aunque también lo reclaman los estados de Texas, California, Arizona, Illinois y Florida, independientemente de que aún tiene cargos pendientes en México. 

Ahora “El Chapo” se halla confinado en aislamiento total, bajo estrictas medidas de seguridad, en una cárcel federal en el Distrito de Manhattan, dada su peligrosidad y su historial de fugas al más puro tipo hollywoodense.  

El proceso contra el jefe del Cártel de Sinaloa y mayor exportador de drogas a la Unión Americana se programó para el mes de abril del 2018, pero por diversas causas se pospondría varias veces, hasta que finalmente el llamado “Juicio del Siglo”, denominado así por el gobierno norteamericano comenzaría a principios de diciembre en Brooklyn, Nueva York. 

La respetable abogada de origen argentino, Andrea Goldbarg, es quien está al frente del grupo de fiscales de EU que presentará las pruebas o evidencias con las que buscará condenar al mexicano a la pena máxima de ese país, que es cadena perpetua, de resultar culpable y será el juez Brian Cogan, el que dicte la sentencia definitiva. 

Por su parte, el abogado Jeffrey Lichtman, famoso porque sabe bien lo que es defender a clientes reputados como gánsters, es quien encabeza la defensa “El Chapo”, secundado por Eduardo Balarezo y William Púrpura.  

Curiosamente, durante el tiempo que “El Chapo” se mantuvo como uno de los narcos más poderosos: 25 años, ese mismo lapso el litigante Lichtman también ha llevado a cabo la defensa de sonados casos criminales, desde narcotráfico hasta homicidio, incluida la defensa de John Gotti Júnior, un ex jefe de la mafia de Nueva York, evitándole una sentencia condenatoria por asociación delictiva. 

Los primeros días del inicio del “Juicio del Siglo” fueron solamente para conformar el jurado, mediante el cual siete mujeres y cinco hombres, seleccionados de entre 45 ciudadanos estadounidenses, decidirán el futuro de “El Chapo”.   

Antes de que comenzara formalmente el juicio, “El Chapo» pidió al juez que tuviera un gesto humanitario y le permitiera abrazar a su esposa Emma Coronel Aispuro, de 29 años, una exuberante ex reina de belleza, pero el juez Cogan le negó la autorización. 

Una de las estrategias de la defensa de “El Chapo”, fue el de tratar de hacer aparecer a su cliente, como un simple subalterno de Ismael “El Mayo” Zambada García, al que señaló como el verdadero jefe del Cártel de Sinaloa.  

Aseguró al jurado que el verdadero jefe del cártel de Sinaloa es su co-acusado Ismael «El Mayo» Zambada, “que nunca ha pasado un día en prisión y sigue prófugo, y quien pagó a los dos anteriores presidentes de México, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, millones de dólares en sobornos”. 

La respuesta de la fiscal Goldbarg se dio con la presencia de su primer gran testigo, Jesús Reynaldo “El Rey” Zambada García, hermano de “El Mayo”, quien señaló a “El Chapo” como uno de los líderes del Cártel de Sinaloa. 

“EL CHAPO” FUE SEÑALADO POR “El REY”

Detenido en 2008 y posteriormente extraditado a Estados Unidos, «El Rey» aseguró que su hermano (El Mayo) y “El Chapo” eran socios y los principales líderes de la organización con más influencia que otros capos, como el desaparecido Amado Carrillo Fuentes, el «Señor de los Cielos» o Juan José Esparragoza, «El Azul». 

Dijo que formó parte de dicho Cártel desde 1987, hasta su arresto, ocupándose del sistema de contabilidad para la venta de cocaína en Estados Unidos y cuestiones de inteligencia y seguridad, recibiendo los cargamentos de droga y gestionando las operaciones en la Ciudad de México. 

A preguntas expresas de la fiscalía, detalló la estructura de la organización y la manera en que, como «sublíder», manejó durante su gestión el tráfico de estupefacientes y cómo la droga era transportada desde Colombia a México y posteriormente a EU. 

Detalló cómo durante los años noventa se recibían en Cancún continuos cargamentos de cocaína en lanchas rápidas y cómo, con apoyo de miembros de las fuerzas de seguridad mexicanas que cobraban sobornos, se distribuían. 

 Aseguró que por cada tonelada de cocaína que se vendía en California se obtenía en su época un beneficio neto de 13 millones de dólares, después de los gastos de su transporte, sí se vendía en Chicago la ganancia aumentaba a los 16 millones y si llegaba a Nueva York, podían alcanzar hasta los 26 millones por tonelada. 

En las operaciones, bajo el método del Cártel de Sinaloa, explicó, participaban cinco capos como inversores, que se repartían los beneficios y también las posibles pérdidas en caso de alguna requisa, de esa manera los narcos se volvieron más fuertes y protegían sus inversiones. 

Sobre su relación con “El Chapo”, dijo que lo conoció tras su primera huida de prisión en 2001 y cómo su hermano Ismael le ayudó a escapar cuando estuvo a punto de ser recapturado en una operación militar. 

Declaró que durante su etapa en la Ciudad de México, tenía contacto principalmente con su hermano, pero que también “saludaba” a “El Chapo” por teléfono o se transmitieron mensajes a través de otras personas.  

La última vez que habló con él, dijo, fue en 2008, cuando Guzmán le pidió que fuera a discutir un «tratado de paz» con Arturo Beltrán para poner fin a una «guerra» que mantenían.  

Después, indicó en su testimonio, que por órdenes de “El Chapo”, él personalmente entregó millones de dólares a Genaro García Luna, primero como director de la Agencia Federal de Investigaciones y después como secretario de Seguridad Pública Federal y a Gabriel Regino, asesor en seguridad del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal y actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. 

Declaró, también que los sobornos eran entregados a gobernadores, jefes policíacos y hasta miembros de la Interpol, a quienes daban millonarias cantidades en dólares por dejarlos operar sin problemas. 

Tanto los ex presidentes, como García Luna y Gabriel Regino, desestimaron las acusaciones y las calificaron como infundios, como calumnias, venidas de un delincuente que lo único que busca son beneficios para recibir una pena menor por sus delitos. 

También, señaló que “El Chapo” formó parte de un plan para asesinar a José Luis Santiago Vasconcelos, entonces titular de la Subprocuraduría de Investigaciones Especiales en Delincuencia Organizada (SIEDO), llamada ahora SEIDO, al tratarse de un funcionario al que todos le tenían respeto porque «no agarraba dinero de nadie».  

Otro de los testigos que ha confirmado la jerarquía de “El Chapo” como líder del Cártel de Sinaloa, es su ex piloto Miguel Ángel Martínez Martínez, “El Tololoche” o “El Gordo”, quien dijo que aunque nunca robó o traicionó a “El Chapo”, éste le mandó matar en cuatro ocasiones. 

Declaró que durante el “boom” de la cocaína, en la década de los noventas, “El Chapo» llegó a tener cuatro jets, casas en cada playa de México, ranchos en cada estado y su propio zoológico.   

Relató que en esa época, su jefe le regaló un reloj Rólex con diamantes y durante los noventa le llegó a pagar hasta un millón de dólares de salario por sus servicios como piloto.  

Detalló que para transportar la droga desde México a Los Ángeles, se usó un túnel, camionetas de doble fondo y latas de chiles jalapeños para esconder la cocaína, que el túnel, utilizado de 1985 a 1990, estaba en Agua Prieta, en la frontera con Douglas, Arizona, por donde se habrían traficado entre 25 y 30 toneladas de cocaína por año. 

Entre los que presuntamente aceptaron sobornos de Guzmán Loera, Martínez identificó al extinto comandante federal Guillermo González Calderoni, quien en ese entonces tenía a su cargo la oficina en Guadalajara de la Dirección General de Seguridad de la Procuraduría General de la República.  

Otro de los testimonios que parece reafirmar la supremacía de “El Chapo” al frente de la organización sinaloense, es el del narcotraficante colombiano Juan Carlos Ramírez Abadía, “El Chupeta”, ex líder del Cártel del Norte del Valle, quien afirmó que abasteció de cocaína al Cártel de Sinaloa durante seis años, de 1990 a 1996.  

Dijo que una vez visitó en una prisión de México, acompañado del comandante federal Guillermo González Calderoni y de “El Chapo”, a Juan José Esparragoza, «El Azul», al que se referían como “padrino”, lo que buscaban era la autorización del capo para cambiar la ruta de envío de la droga, de aviones a barcos camaroneros, a través del Pacífico. 

En la celda, donde estaba «El Azul» había bebida, marihuana y todo tipo de comida y éste, a modo de chiste, le comentó: “Mi compadre Calderoni me dijo que están llegando tantos aviones con coca de Colombia, que los gabachos dicen que parece que están invadiendo México, de tantos que llegan en la madrugada». 

Precisó que su primera reunión con “El Chapo”, fue en el lobby de un hotel de Ciudad de México en 1990, para arreglar el envío de cinco de sus aviones con 4 toneladas de cocaína que habían llegado a una pista cercana a Los Mochis, en Sinaloa. 

Aseguró que quedó muy satisfecho con lo que sus pilotos le contaron: “La pista estaba muy bien iluminada, la descarga fue rápida, se reabastecieron enseguida los aviones con combustible y la protección de la policía federal, presente en el lugar, fue magnífica”. 

 “El Chapo” le cobraba en cocaína, quedándose con un 40% de la droga trasladada a Estados Unidos, “era un 3% más de lo que cobraban otros, pero el traslado, era súper rápido, en menos de una semana, cuando los competidores tardaban un mes o más”. 

Las evidencias y pruebas contra “El Chapo”, figuran en más de 320 mil páginas de documentos, 117 mil archivos de sonido, cientos de fotos y al menos una grabación de video y se contemplan además las declaraciones de otros 16 testigos que podrían hundir a “El Chapo”.  

 Mientras tanto, el “Juicio del Siglo” se prolongaba, tanto la fiscalía como la defensa anticipan que utilizarán sus mejores armas y estrategias legales para condenar o absolver a “El Chapo”, según resulte el veredicto. 

Hace unos años, al conocer que sería extraditado a los Estados Unidos, publicamos un amplio reportaje en el que, pormenorizadamente, dimos a conocer la trayectoria de “El Chapo” Guzmán.

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