«GENERADOR» DE VIOLENCIA EN CIUDADES DE LA FRONTERA NORTE

*Casi cuatro años después de la “muerte” de Esparroga Moreno, en enero de 2017, causaron gran revuelo las declaraciones de Renato Sales Heredia, titular de la Comisión Nacional de Seguridad, al anunciar la detención en Sinaloa, de Juan José Esparragoza

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

(Tercera y última parte)

Ciudad de México.- El aún comandante federal, Rubén Castillo Conde, fue asesinado el 23 de enero de 2003, cuando se disponía a regresar de Ciudad Juárez a la Ciudad de México y el ex poderoso comandante antinarcóticos de la PGR, Guillermo González Calderoni, que se exilió en los Estados Unidos tras múltiples acusaciones por corrupto, fue “cazado” 15 días más tarde, el 6 de febrero, en McCallen, Texas, por un asesino profesional que lo mató de un tiro en la cabeza.

Para experimentados jefes policíacos, Esparragoza Moreno fue el autor intelectual de todas esas ejecuciones, aunque algunos calificaron los hechos como “coincidencias”, lo cierto es que todos los jefes que de una u otra forma tomaron parte en su captura acabaron muertos.

Casi cuatro años después de la “muerte” de Esparroga Moreno, en enero de 2017, causaron gran revuelo las declaraciones de Renato Sales Heredia, titular de la Comisión Nacional de Seguridad, al anunciar la detención en Sinaloa, de Juan José Esparragoza.

Tal anuncio, ofrecido en conferencia de prensa, cimbraron a la PGR y a la Drug Enforcement Administration (DEA), ya que ambas, pese a que nunca lo han admitido, estiman que el mítico capo ya está muerto, aunque, paradójicamente, siguen ofreciendo millones de dólares y pesos por su captura, ofrecimiento que válida que está vivo.

La captura de Juan José Esparragoza Monzón, “El Negro”; fue magnificada por Sales Heredia, al señalarlo como responsable de coordinar una red de distribución de droga, administrar recursos financieros de una célula del Cártel de Sinaloa e invertir el dinero sucio en bienes muebles e inmuebles en Baja California, Baja California Sur, Jalisco, Sinaloa y Querétaro.

Fue aprehendido junto con Jesús Alfredo Beltrán Bojórquez y Jesús Alfonso Ríos Gómez, chofer y escolta, con lo que dijeron que era todo un arsenal: un arma larga y dos cortas, tres celulares, tres kilos de heroína y 199 “ladrillos” de cocaína, 200 kilos, aproximadamente.

Sales Heredia, lo calificó como “generador” de violencia en ciudades de la frontera norte y dijo que se había concretado el objetivo prioritario 106, de los 122 del Gobierno Federal. Los tres fueron puestos a disposición del Ministerio Público Federal en Sinaloa.

Pero no había sido el gran capo que se creyó en principio. Pasada la euforia se precisaron las cosas.

No era Esparragoza Moreno,“El Azul”, legendario capo durante varias décadas, sino Esparragoza Monzón, “El Negro”, primogénito del primero, que si bien forma parte del Cártel de Sinaloa, solo es uno más de los peones de la organización criminal, a diferencia de su padre que por más de 40 años ha figurado como el consejero de la mafia mexicana de las drogas.

Esparragoza Monzón es hijo de Gloria Monzón Araujo, esposa y supuesta viuda de “El Azul”, señalada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos de haber creado una red de gasolineras en Culiacán que era utilizada para el blanqueo de dinero y que fueron aseguradas por la PGR.

A diferencia de Sales Heredia, Francisco Domínguez Servién, gobernador de Querétaro, uno de los estados donde “El Negro” lavaba dinero de las drogas, según Sales Heredia, dijo que no era noticia la detención de un delincuente y que su administración investigaría las supuestas inversiones ilícitas hechas en Querétaro.

A Esparrogoza Moreno no se le ha vuelto a ver, pero sí se habla de su muerte por un infarto, aunque dadas las frecuentes equivocaciones de las autoridades antidrogas en otros casos, hay escepticismo en aceptar tal versión y no descartan que su “muerte” sea otra más de sus estratagemas para, muy a su estilo, seguir operando, siempre sin dejarse ver pero sí hacerse sentir, ya no desde un segundo plano, sino casi desde ultratumba.

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