EL ASESINATO DE JOHN F. KENNEDY

*¿Lee Harvey Oswald fue realmente el asesino del Presidente Kennedy? ¿Por qué lo asesinó? ¿Tuvo algún cómplice? ¿Por qué asesinó Jack Ruby a Oswald?

Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Ciudad de México.- Son tantas las versiones sobre el atentado del Presidente de los Estados Unidos de AméricaJohn F. Kennedy, perpetrado hace casi 55 años, que es difícil creer que la única versión comprobable sigue siendo la ofrecida por la Comisión Warren: el magnicida fue Lee Harvey Oswald, cuya progenitora fue advertida oportunamente que “el niño problema representaba un gran peligro para su familia y la sociedad y que era urgente la atención siquiátrica para intentar la recuperación”.

La señora nunca atendió la recomendación profesional. Su vástago se perdió en ideas extrañas y hostiles. Fue expulsado de muchas escuelas, se casó posteriormente con bella rusa, compró por correo un fusil con mira telescópica y un revólver, practicó tiro al blanco durante meses y disparó en abril de 1963, con el rifle, contra un general —Edwin A. Walker— a quien comparaba con Hitler, pero la mira estaba desajustada y el militar se salvó.

Obsesionado en desquitarse de la vida, Lee ajustó la mira y el 22 de noviembre, a poco más de nueve meses de la gratuita y fallida agresión contra Walker, abatió a tiros a John F. Kennedy desde el sexto piso de un depósito de libros en DallasTexas.

A partir de ese día negro se desataron las versiones, en su mayoría prendidas con alfileres sobre datos endebles, pero considerados “lógicos”, como las numerosas teorías sobre conspiraciones, involucramiento de gobiernos extranjeros en el asesinato, complicidades, intereses turbios.

Son demasiados los autores de comentarios, reportajes, crónicas, libros, películas, documentales, etcétera, pero ninguno ha logrado derruir la versión oficial de la Comisión Warren, basada en el detenido examen de la información entregada por el FBI, (cinco volúmenes), y otros organismos de investigación federal y estatal, así como el testimonio oral o escrito de 552 individuos. El informe se entregó el 24 de septiembre de 1964.

La editorial Novaro encargó a Javier Ortiz Monasterio traducir y condensar el Informe de la Comisión Warren (888 páginas), “libro apasionante, de una precisión extraordinaria y de una objetividad a toda prueba. Para millones de personas interesadas en conocer el resultado exacto de las investigaciones sobre el asesinato del popularísimo presidente Kennedy, fue destinado el Informe Warren, como contribución a difundir en el mundo la verdad sobre las circunstancias de uno de los hechos que más sacudieron a la opinión mundial”, expresó oportunamente el traductor.

Y comentó en el libro en español que “Robert Oswald —hermano de Lee— afirmó ante la Comisión, el 21 de febrero de 1964, que en enero del mismo año, Marina (esposa rusa de Lee) le había contado que su esposo había estado a punto de matar al antiguo Vicepresidente de los Estados UnidosRichard M. Nixon”. Marina no había hablado de ello a la Comisión cuando dio testimonio en febrero.

Ella afirmó que poco antes de partir de Dallas Nueva OrleansOswald terminó un día de leer el periódico de la mañana, se vistió bien y tomó una pistola. Marina le preguntó a dónde iba. Él respondió que Nixon iba a llegar y que quería verlo. Marina le recordó que después del atentado contra Walker, le había prometido no recomenzar nunca. “Lo llamé al baño y cerré la puerta y quería yo impedirle salir y entonces comencé a llorar. Y le dije que no lo hiciera y que me lo había prometido. Recuerdo que lo detuve. Forcejeamos unos minutos, y al fin, él se tranquilizó”… Agregó.

La Comisión preguntó a Marina si creía que podía haberse equivocado acerca de la persona a la que su esposo había amenazado; ella respondió que estaba segura de que era Nixon. Más tarde, Marina se mostró vacilante en su testimonio y dijo que su esposo solo había mencionado una vez el nombre de Nixon. Era posible que Marina Oswald se hubiera equivocado y que Lee se refiriera al vicepresidente Johnson. Y dado que no había otras pruebas de que Oswald hubiera tenido la intención de matar a alguien en esa ocasión, la Comisión no tomó en cuenta ese testimonio de Marina en su dictamen sobre el asesinato del Presidente Kennedy.

Tal vez se equivocó Marina en el nombre, pero no en el hecho de que Lee Harvey Oswald estaba obsesionado en dar muerte a alguien con un revólver, tampoco se retractó la señora de lo que ocurrió en el baño, del llanto y del forcejeo para evitar que el tipo saliera armado para agredir.

Marina no desmintió nunca la recomendación de un siquiatra, durante la infancia de Lee, quien recomendó oficialmente a la madre del muchacho que lo internara en una clínica para atención urgente, para intentar una recuperación que se adivinaba difícil. La mujer siempre se negó a reconocer la realidad y nunca llevó siquiera a Lee para una primera consulta ante otros profesionales de la siquiatría.

Por coincidencia, tras el magnicidio, el fiscal Jim Garrison se enteró de muchos detalles y se obsesionó de manera enfermiza con el asunto, al grado de creerse capaz de “descubrir el complot” en el asesinato de Kennedy. En aquellos tiempos pocos sabían que Garrison fue rechazado en el Ejército por otros problemas siquiátricos o sicológicos.

No se dio por enterado Garrison que desde sus años escolares, Lee demostró enorme aversión contra la autoridad, viniese de donde llegase, incluida su madre, a su padre no lo conoció. Lee tuvo varios hermanos, uno de los cuales dijo, mucho tiempo después del asesinato célebre, que “Lee y solo Lee había disparado contra el Presidente John F. Kennedy, simplemente para darse a conocer”.

Jim Garrison hacía caso omiso de que el francotirador saltaba muchas reglas de convivencia y no tuvo muchas amigas y menos novias, que apenas sí tenía relaciones sexuales con Marina, a quien conquistó en Rusia, en uno de tantos arranques extraños que tuvo Lee en su relativamente corta existencia. Y que supuestamente por motivos políticos, renunció el norteamericano a su nacionalidad y se fue al otro lado del mundo, luego de tener graves problemas en su pequeño entorno social. 

Obviamente, no le convenció del todo la existencia en Rusia y regresó con su mujer, hermosa rubia de ojos azules.

Los conflictos arreciaron: se declaraba “amigo de cubanos anticastristas” y posteriormente elogiaba a los “cubanos castristas”, lo que le trajo varias golpizas y consignaciones ante la policía. En una ocasión llegó a la Ciudad de México, para hacer trámites en las embajadas rusa y cubana, donde fracasó rotundamente y retornó a Estados Unidos, ya con la firme intención de, como dijo su hermano, “darse a conocer ante el mundo”.

Para ello elaboró un plan que implicaba la compra de armas, (un revólver corto y una carabina con mira telescópica), y tiempo de entrenamiento intensivo en un campo de tiro, a pesar de que durante un tiempo de “marine” había aprobado satisfactoriamente las pruebas de tiro al blanco. Un testigo declaró posteriormente que “nunca había visto disparar con tanta velocidad, a base de mira telescópica”.

Pocas personas recuerdan el episodio que pudo haber cambiado la historia mundial. Edwin A. Walker era un general sumergido en conflictos racistas, cuando en las Universidades no eran admitidos fácilmente estudiantes “de color”. En ese tiempo, Oswald no sabía ajustar miras telescópicas como la de su fusil Mannlicher Carcano y por eso falló el disparo que pudo cambiar el giro de los acontecimientos.

Previo al atentado que perpetraría contra Edwin A. WalkerLee Harvey Oswald se hizo retratar con su fusil y su revólver y autografió varias fotografías, para obsequiarlas a otras tantas amistades que lo creían “un cazador de fascistas”.

(Como es sencillo de comprender, ningún conspirador profesional se comportaría en forma tan infantiloide, pues todos sus  planes serían descubiertos con facilidad durante las investigaciones posteriores).

Precisamente, una de las imágenes de Lee con el fusil y el revólver que utilizó el 22 de noviembre de 1963, (con el rifle mató a Kennedy, con el revólver al policía J. D. Tippit), cobró celebridad a través de su publicación en la primera plana de la revista Life.  Y precisamente Marina Oswald había escrito al reverso de una foto: “¿Cazador de fascistas?… ja ja ja”.

Bueno, el caso es que el 10 de abril de 1963, por la noche, el enfermo norteamericano envolvió en una manta el fusil italiano y acechó al general Walker, hasta tenerlo a tiro en lujosa residencia. El militar bajó la cabeza incidentalmente cuando Lee abrió fuego y la bala se estrelló contra la pared de un despacho donde trabajaba el general, quien se arrojó al suelo como lo aconsejaba su pasado adiestramiento.

Asustado, Lee Harvey Oswald escapó en automóvil, enterró el fusil Mannlicher Carcano y por la radio esperó noticias de la agresión. Era tanta su ansiedad que nunca recordó la carta manuscrita en ruso que le había dejado a Marina, con instrucciones precisas sobre su comportamiento “en caso necesario”.

El enloquecido sujeto pedía en ruso a Marina que “si lo arrestaban, lo herían o lo mataban, se fuera ella con las niñas a Rusia, no sin destruir ropa y documentos de Lee Harvey Oswald”.

Cuando el matrimonio creía que el atentado contra el general Edwin A. Walker pasaría inadvertido, la radiodifundió la noticia y Lee se preparó para huir con rumbo desconocido, pero en ese momento, “casualmente”, llegó el ex diplomático George De Mohrenschildt, (en tiempos pasados había huido de México, porque querían matarlo los guardaespaldas de influyente personaje mexicano, a cuya esposa había intentado enamorar), y supo que faltaba el fusil Mannlicher Carcano, por lo que inmediatamente señaló a Lee como el “tirador fallido”.

La perspicacia de George De Mohrenschildt sorprendió a Marina Lee no pudo negar la agresión, pero jamás fue denunciado por el entonces recién llegado, quien supo desde abril de 1963  que el exmarine era un peligroso enfermo mental.

Por coincidencia, una de las fotos de Lee Harvey Oswald, con el fusil italiano y el revólver, había sido dedicada precisamente a De Mohrenschildt, a quien le había comentado Marina que la compra de armas era dinero desperdiciado.

El fusil fue desenterrado por Lee, le ajustó la mira telescópica y comenzó a practicar tiro al blanco en un campo comercial de DallasTexas. Cientos de casquillos fueron usados y recargados por el joven enfermo, obsesionado por darse a conocer “a como diera lugar”.

Los problemas conyugales se incrementaron al margen del entrenamiento y Marina se refugió con unos amigos, de los pocos que tenían. La psicosis de Lee hizo crisis y comenzó a preparar “algo que de verdad despertara la conciencia de todos”.

Estaba tan obsesionado que no le importó que sus armas estuvieran registradas bajo el seudónimo de “Alec Hidell”, pero firmadas con puño y letra de Lee Harvey Oswald.

Menos se dio cuenta de que Marina Oswald había guardado cuidadosamente la carta en ruso de abril de 1963 y menospreció la habilidad de los peritos del FBI, para analizar la originalidad de las fotografías donde Lee aparecía con el Mannlicher Carcano y el revólver de “Alec Hidell”.

El joven ya trabajaba en un almacén de libros en la Plaza Dealey, por donde pasaría la caravana presidencial que, en noviembre de 1963, visitaría la ciudad de DallasTexas.

Oculto como si se tratara de un cortinero, el fusil italiano fue llevado al depósito de libros. Lee Harvey se rodeó con cajas llenas de libros, de manera que le cubrieran la espalda en el momento en que abriera fuego contra el Presidente John F. Kennedy. El joven exmarine había comprado piezas de pollo frito y no se dio cuenta de que, por la grasa, sus huellas digitales quedaron impresas en el fusil y papel con que había envuelto el rifle.

El traductor Javier Ortiz Monasterio narró en el resumen en español del Informe de la Comisión Warren, que el viernes 22 de noviembre de 1963, a las 11.40 de la mañana, hora del Centro, el Presidente de los Estados UnidosJohn F. Kennedy y su esposa, aterrizaban en Love Field, el aeropuerto de DallasTexas.

En la agenda del Presidente estaban inscritos para ese día un desfile en automóvil por las calles de Dallas, un discurso en el banquete que tendría lugar en el Trade Mart y un vuelo a Austin. El desfile tenía por objeto fomentar la popularidad del Presidente en una ciudad que no le había dado su apoyo en las elecciones.

En vista del buen tiempo, el Presidente había ordenado que quitaran el toldo de su automóvil. El Presidente viajaba en el asiento posterior, a la derecha. A su izquierda iba su esposa. En los asientos plegables de la limosina se hallaban el señor Connally, gobernador del estado de Texas, y su esposa. William R. Greer, agente del Servicio Secreto, conducía el automóvil.

A su derecha iba sentado otro agente del mismo servicio, Roy H. Kellerman.

LA HERIDA MORTAL

En el automóvil que seguía inmediatamente al coche presidencial iban ocho agentes del Servicio Secreto, cuya misión consistía en vigilar a la multitud y descubrir cualquier detalle sospechoso en las ventanas de los edificios. En el tercer automóvil viajaban el vicepresidente Lyndon B. Johnson, su esposa y el senador Ralph W. Yarborough.

El reloj del depósito de libros marcaba las 12.30. El coche presidencial avanzaba aproximadamente a 18 kilómetros por hora.

Unos cuantos segundos después se oyó una rápida sucesión de disparos. El Presidente se llevó las manos al cuello. Una bala acababa de perforarle el cuello.

Otra bala había herido a Connally en el extremo derecho de la espalda, a la altura del pecho. El proyectil salió por debajo de la tetilla derecha, perforó el brazo del gobernador a la altura de la muñeca y le hirió todavía en el muslo izquierdo. La esposa del gobernador le recostó en su regazo.

Entonces, la tercera bala hirió al Presidente en la nuca. La herida era mortal. El Presidente se desplomó sobre su esposa.

El agente secreto Clinton J. Hill, que iba en el estribo del automóvil que seguía al del Presidente, oyó un ruido como de cohetes y vio que el Presidente se desplomaba hacia adelante y hacia la izquierda. Hill saltó del auto y se precipitó hacia la limosina presidencial. En el coche del Vicepresidente, el agente Youngblood oyó una explosión y advirtió una agitación desusada en la multitud. Inmediatamente, se echó sobre el Vicepresidente para protegerle.

En ese mismo instante, el agente Kellerman, que iba en el asiento delantero del coche presidencial, se volvió para observar al Presidente. Viendo que este estaba herido, dijo al chofer: “Vámonos de aquí. Ya nos pegaron”. En seguida ordenó por radio al auto que abría el desfile: “Vamos inmediatamente el hospital”. Geer aceleró instantáneamente. En ese momento, el agente Hill consiguió trepar en la parte trasera del coche, adonde la señora Kennendy se había encaramado. Hill la empujó hacia el asiento trasero y cubrió al Presidente y a su esposa, en tanto que el coche se dirigía a gran velocidad al Parkland Memorial Hospital, que distaba unos seis kilómetros.

A la 1 p.m., después de recibir la extremaunción, el Presidente Kennedy fue declarado muerto. El gobernador Connaly fue operado y salió con vida.

Al enterarse de la muerte del Presidente, el vicepresidente Johnson, perfectamente custodiado, partió del Hospital Parkland hacia Love Field y entró en el avión presidencial.

Poco después llegó al avión la señora Kennedy, acompañando el cadáver de su esposo. A las 2.38 p.m., Lyndon B. Johnson prestó juramento como trigésimo sexto Presidente de los Estados Unidos, en el avión. El avión despegó inmediatamente rumbo a WashingtonD.C., y aterrizó a las 5.38 p.m., hora del Este. El cuerpo del Presidente Kennedy fue transportado al Centro Médico Naval Nacional, donde se procedió a la autopsia.

Entre tanto, en el sitio del asesinato, varios testigos declararon que habían visto disparar un rifle desde la ventana del extremo sudeste del edificio de la Texas School Book Depository, en el sexto piso. El testigo Howard L. Brennan, que presenciaba el desfile desde Elm Street, exactamente enfrente del edificio, comunicó inmediatamente a un policía que había visto a un hombre delgado, de unos treinta años y aproximadamente de 1.75 metros de estatura, disparar un rifle desde la última ventana del sexto piso en dirección del coche presidencial.

El testigo se juzgaba capaz de identificar a ese personaje, porque lo había visto en la ventana pocos minutos antes de la llegada del desfile. A las 12.34, el radio de la policía mencionó el edificio como uno de los sitios de donde podían haber procedido los disparos, y a las 12.45 horas comunicó una descripción del presunto asesino, basándose en la descripción de Brennan.

Un motociclista de la policía de Dallas, oyó el primer disparo y comprendió que se trataba de un disparo de rifle de alto calibre. Apenas habían pasado dos minutos después de los disparos, el motociclista vio a Lee Harvey Oswald cuando se dirigía a la salida, con un refresco en la mano derecha, el superintendente dijo que Lee trabajaba ahí, por lo que no fue interrogado.

Posteriormente, Oswald fue a su casa, se puso una chamarra y salió a toda prisa, armado con un revólver. La policía había transmitido por radio la descripción del sospechoso. El policía J. D. Tippit interceptó a Lee, como a la 1.15 p.m., Lee sacó su revólver y disparó cuatro veces contra el uniformado, luego se dio a la fuga tras tirar los cartuchos vacíos, mientras murmuraba algo así como “pobre policía idiota” o “pobre diablo de policía”, según dijo el testigo del homicidio, chofer William W. Scoggins.

Lee Harvey Oswald se metió a un cine sin pagar boleto y la cajera, Julia Postal, llamó a la policía y buscaron al intruso, quien dijo: “Bueno, esto es el fin” y sacó su pistola, jaló el gatillo, pero el arma se embaló y un policía golpeó en el rostro al sospechoso, quien fue desarmado, esposado y conducido a la central de policía.

Entre 1 y 2 de la tarde, la policía descubrió en el sexto piso del depósito de libros, frente a la última ventana, las cajas de cartón detrás de las cuales se había parapetado el asesino para disparar, y tres cartuchos vacíos. También descubrió, entre dos hileras de cajones, un rifle todavía cargado, sobre el que estaban grabados los datos siguientes: “C2766, 1940, MADE ITALY, CAL.6.5”.  Una vez desarmado, el rifle cabía perfectamente en un saco de papel, confeccionado a mano, que se hallaba muy cerca de los cartuchos.

Lee Harvey Oswald había nacido en Nueva Orleans, el 18 de octubre de 1939, dos meses después de la muerte de su padre. Su madre, Marguerite Claverie, tenía otros dos hijos, mayores que LeeJohn Pic, medio hermano de Lee, era hijo del primer marido de Marguerite Claverie, de quien esta se había divorciado. El otro, Robert Oswald, era cinco años mayor que Lee.

Cuando Lee tenía tres años, su madre lo había confiado a un orfanatorio, porque su trabajo no le permitía ocuparse de sus hijos. En 1945 se casó en terceras nupcias con Edwin A. Ekdahl, (tal vez, simbólicamente, Lee quiso matar a Ekdahl, cuando disparó contra Edwin A. Walker), quien supuestamente se encariñó con Lee.

Poco antes de que Lee cumpliera nueve años, su madre se divorció de Edwin A. Ekdahl. En agosto de 1952, Lee era un “niño problema” por lo que fue atendido en una institución siquiátrica para menores desadaptados.

A una trabajadora social le confió Lee que su madre no se ocupaba de él y lo consideraba una “carga”.

El misterioso exdiplomático George De Mohrenschildt supo que Lee Harvey Oswald era un peligroso enfermo mental, pero nunca lo delató ante el FBI. Se enteró de que Lee era propietario de un fusil con mira telescópica y que había disparado contra el general Edwin A. Walker, no solo porque lo suponía tan nefasto como Hitler, sino porque quizá le recordaba a su padrastro Edwin A. Ekdhal, quien había sido infiel a Marguerite Oswald, madre del joven exmarine. 

George De Mohrenschildt guardó silencio al respecto, siempre, aunque se rumoraba que el remordimiento lo llevó a su violento suicidio, registrado en 1977.

INSANO MENTAL

¿Lee Harvey Oswald era un insano mental? Cada quien deberá llegar a sus propias conclusiones.

Los autores Alfonso Quiroz Cuarón y Samuel Maynez Puente, en su obra “Psicoanálisis del Magnicidio” –Editorial Jurídica Mexicana– indicaron que la atención universal, intensamente conmovida, se concentró en ese punto geográfico, (DallasTexas), que el crimen y la insania mental han inmortalizado con su nimbo siniestro… John F. Kennedy y su convicción profunda por la libertad y sus recios ideales por los derechos del hombre, que configuraron la brillante carrera política que lo convirtió en uno de los más grandes y sinceros estadistas del mundo, “fue abatido por las fuerzas oscuras que armaron la mano de un fanático”.

Dallas era un foco de oposición a las ideas políticas del Presidente mártir y era testimonio el letrero que ese día un hombre del pueblo ostentaba sobre un automóvil: “A causa de sus ideas socialistas siento completo desprecio por usted”. Apenas el día 24 de octubre de 1963, en la misma ciudad, el político Adlai E. Stevenson fue escupido por un individuo y golpeado por otro después de pronunciar un discurso en el día de las Naciones Unidas.

Pero, aquel día,  22 de noviembre de 1963, durante el recorrido presidencial, Kennedy fue aclamado y su esposa le dijo en algún instante: “No te has de quejar, el pueblo de Dallas te recibe con cordialidad”.

Poco después del atentado comenzaron a publicarse datos sobre Lee Harvey Oswald, quien se había significado por faltar a clases y haberse comportado como “muchacho problema”, algunos psiquiatras en cuyas manos estuvo le diagnosticaron demencia precoz o hebefrenia y su recomendación fue internarlo por ser potencialmente peligroso.

A los 17 años de edad, plena adolescencia, el 24 de octubre de 1956, (Lee nació el 18 de octubre de 1939), se alistó en la Marina y en cuatro años de servicio compareció dos veces ante una Corte Marcial, cuando estaba en Japón.  Y se le expulsó de la Marina el 13 de septiembre de 1960.

Inadaptado en el hogar, en la escuela, en el Ejército o en el trabajo, inadaptado aun en su país, Lee Harvey Oswald decidió renunciar a su nacionalidad para conseguir la soviética y se casó en Rusia con Marina, joven rusa que le da dos hijas, la segunda nacida el 15 de octubre de 1963… Cuando Lee consigue empleo en el Departamento de Textos para Escuelas Públicas.

Tras intrascendente peregrinar entre empleo y empleo, “con rigor prohíbe a su esposa que se pinte los labios, que aprenda el idioma del país y solo hable en ruso, la riñe furiosamente y ella en confidencia a una amiga le dice que solo tienen relaciones cada dos meses, que todo mundo lo odiaba en Rusia y era enemigo del tabaco y la bebida”, señalan Alfonso Quiroz Cuarón y Samuel Maynez Puente.

Los seres neuróticos nada hacen como los demás, como los hombres normales, todo lo complican porque justamente lo que en ellos está profundamente perturbado es el afecto, el amor, lo que en su desvío sigue los más extraños caminos, que ya desde la infancia pueden identificarse y “el magnicidio de Dallas fue de los llamados crípticos, laberínticos o paranoicos, cuyos móviles quedan ocultos al razonamiento y que siempre han apasionado el interés, porque son los más terribles y dramáticos hechos de la Criminología”, expresaron los autores de “Psicoanálisis del Magnicidio”.

Ocho semanas antes de asesinar a KennedyOswald vino a México, donde visitó las embajadas cubana y soviética.  La esposa de Lee estaba al tanto de ese viaje desde antes de que tuviera lugar, pero no lo confesó, sino hasta que dio testimonio ante la Comisión Warren.  Oswald estuvo en nuestro país desde el 26 de septiembre de 1963 hasta el 3 de octubre del mismo año. Quería entrar en Cuba y recomendó Lee absoluto secreto.

Según Marina, su marido había pensado primero en escapar a Cuba obligando a un avión a desviarse hacia dicho país, pero ella le disuadió.  Algunas personas que hablaron con Oswald, en el autobús en el que viajó a la Ciudad de México, declararon que Oswald les había dicho que tenía el plan de ir a Cuba desde México y entrevistarse con Fidel Castro Ruz.

El estudio de los sucesos, los contactos humanos y las influencias que contribuyeron a formar el carácter de Oswald, puede arrojar cierta luz sobre los motivos de su crimen.  Y tal vez la conclusión más importante que se saca de dicho estudio es que Oswald estuvo siempre profundamente separado del mundo en que vivió.

Las características de su vida fueron el aislamiento, la frustración y el fracaso. En raras ocasiones, si es que alguna vez, llegó a establecer un contacto verdaderamente humano con alguien y nunca llegó a encontrar su sitio en el mundo, nada le satisfacía.  Cuando se hallaba en los Estados Unidos, consideraba el sistema capitalista como una forma de explotación de los hombres de su condición y soñaba en Rusia y en Cuba.

Cuando estaba en la Unión Soviética, sufría, según parece, al ver los privilegios de que disfrutaban los miembros del partido comunista, y hablaba bien de los Estados Unidos. También acusaba a su esposa de preferir a otros y la impulsaba en Estados Unidos a que regresara a la Unión Soviética sin él, pero sin concederle el divorcio. Y al mismo tiempo le decía que “la quería y que no podía vivir sin ella”.  Según Marina Oswald, su marido no podía ser feliz en ningún sitio, “solo en la luna, tal vez”.

A los 13 años, Lee no había tenido problemas en la escuela, su hermano Robert estaba en la Marina y su hermano John Pic, en el Servicio de Guardacostas, apostado en Nueva York.  Las relaciones entre Marguerite John eran tensas. John estaba casado y no se llevaba muy bien con Lee porque este “había amenazado con una navaja de muelle a su cuñada”.

Un examen reveló que Lee era tenso y retraído, que experimentaba gran repugnancia a hablar de sí mismo y de sus sentimientos y evitaba sistemáticamente la comunicación con otros.  Las causas de ello eran la angustia, la timidez y el sentimiento de inseguridad. “No quiero ningún amigo y no me gusta hablar, todos me son antipáticos”, decía.  Y para compensar sus defectos y frustraciones, Lee se imaginaba omnipotente.

Un doctor de apellido Hartogs resumía así su dictamen: “Ese chiquillo bien hecho, de 13 años, posee recursos mentales superiores y apenas funciona un poco por debajo del nivel de su capacidad, a pesar de su tendencia crónica a escapar de la escuela.  No se le ha descubierto lesión neurológica ni cambios mentales psicóticos.  Tiene disturbio de la personalidad con caracteres esquizoides y tendencias pasivo-agresivas.  Hay que considerar a Lee como un chiquillo muy sacudido emocionalmente, que sufre bajo el impacto de varios factores que existen realmente: aislamiento y privación emocional, falta de afecto, ausencia de vida de familia, rechazo por parte de una madre autocentrada y llena de conflictos”.

La señora Siegel, de clínica psiquiátrica, dijo que Lee se había retraído porque nadie había respondido a su necesidad de amor, la madre lo dejaba solo todo el día y el chico no tenía amigos, por eso se reconcentró en una vida totalmente aislada y despegada, donde hacía lo que se le antojaba y no tenía que acomodarse a ninguna regla ni entrar en contacto con los demás, lo que confirmó Lee al decir que “sentía que él jamás había importado un comino a su madre”.

Marguerite Oswald era superficialmente amable, pero, en realidad, era una persona de actitud defensiva, rígida y concentrada en sí misma, con una dificultad real para aceptar a otros y entrar en relaciones con ellos, con poca comprensión de la conducta de su hijo y de la concha de protección en que este se había encerrado.

El doctor Hartogs añadió en su oportunidad que la señora Oswald no se daba cuenta de que el retraimiento de su hijo era una forma de “protesta silenciosa, pero violenta, contra el abandono en que ella lo tenía y manifestaba su reacción a la falta completa de verdadera vida de familia”.

Un esfuerzo paciente y prolongado en una relación continua con un terapeuta pudo haber dado buenos resultados y el “daño podía repararse en parte”, dijo la señora Siegel.

Pero el jovencito no recibió jamás la ayuda que necesitaba, se pensó en enviarlo a una clínica para jóvenes, pero Marguerite consiguió otra casa alquilada y lejana, antes de que Lee pudiera ser obligado a recluirse.

Fue cuando le llegó otra idea homicida: eliminar a Eisenhower porque estaba explotando a los trabajadores”.

Ya había comenzado Lee a interesarse en literatura comunista, alababa a Nikita Krushchev y declaró en otra ocasión que le molestaba mucho en Nueva Orleans no encontrar a otras personas que se interesaran en el comunismo como él.

En los años que pasó en la Marina estudió marxismo y algunos compañeros le llamaban “Oswaldovich”, estudiaba ruso y leía periódicos en ese idioma, tenía un gran deseo de pasar a la historia como un hombre que había visto mucho más lejos que sus contemporáneos y había sabido optar por el futuro. Si la vida no le brindaba satisfacciones, parecía evidente que Oswald se dedicaría en cuerpo y alma a su gran sueño de pasar a la historia.

Ya en Rusia, Oswald escribió a su hermano John que pensaba vivir en la Unión Soviética toda su vida, sin embargo, ahí también tuvo desengaños, como los había tenido en los Estados Unidos.  El primero fue que la Unión Soviética no lo recibía con los brazos abiertos, sino que le negaba el permiso de permanecer en ella.

Esto lo impulsó a tratar de suicidarse, el 21 de octubre de 1959, abriéndose las venas de la muñeca izquierda. Pero lo descubrieron a tiempo y lo trasladaron al hospital, en el que estuvo hasta el 28 de octubre.

A los 20 años había partido a la Unión Soviética, llenos de ilusiones y, antes de cumplir los 23, regresó a los Estados Unidos, muy desilusionado.

El retorno a los Estados Unidos fue una confesión pública de que el acto más importante de su vida, la ida a la Unión Soviética, había sido un fracaso. Marina observó los efectos que ese fracaso produjo en la psicología de Oswald, “inmediatamente después de la llegada a los Estados UnidosLee cambió, yo no lo conocía así en Rusia, la irritabilidad de Oswald era extremada”.

Y comenzó a tener actitudes inesperadas.  Fuera de su familia, Oswald no tenía amigos cuando llegó a Texas y no los tuvo hasta su muerte.  Solo parecía estimar a George De Mohrenschildt. Las personas de habla rusa que frecuentó en el otoño de 1962 le eran poco simpáticas, en particular porque hacían muchos regalos a Marina, ella recibió cantidades de vestidos y “él se molestaba por esa ayuda generosa, porque Marina no perdía ocasión de hacerlo notar.  Él se mostraba agresivo con la gente, yo lo comprendo porque eso lo hería. Jamás hubiera podido él darle a ella lo que los demás le regalaban en abundancia, por mucho que hubiera trabajado. Y trabajaba mucho”, dijo la esposa del exdiplomático.

Llamó la atención que Lee cortara sus relaciones con su progenitora, Marguerite Oswald, quien visitaba al matrimonio para hacerle regalos a Marina y a su hijita June Lee, incluso Lee ordenó a Marina que “no dejara entrar a Marguerite”.

Oswald fue a Nueva Orleans en abril de 1963, ahí se interesó por el pasado de su familia. Con el objeto de investigar acerca de sus orígenes, visitó a algunos parientes viejos de su padre, fue a ver la tumba de su progenitor en el cementerio y consiguió que uno de los parientes de su padre le regalara una fotografía de este, lo que resultó sorprendente porque hasta entonces Oswald no había manifestado el menor interés por su padre.

Al cabo de cierto tiempo, Oswald lloraba a solas y una vez lo sorprendió Marina, él se disculpó con cualquier pretexto.

Para abril de 1963, cuando Lee había llegado al extremo de golpear a su propia madre y amenazar con un puñal a su hermano John, decidió atentar contra el general Edwin A. Walker, a quien consideraba insoportable como Hitler, de quien decía que alguien debió matarlo para evitar tanto sufrimiento de inocentes.

El día 10 disparó contra el militar con el fusil italiano que utilizaría el 22 de noviembre del mismo año para asesinar a Kennedy.

Entre tanto, Marina había leído con desesperación una carta en ruso que Lee le había dejado aquella ocasión…

La traducción es: 

1. -Esta es la llave del apartado postal, que está situado en la oficina principal de correos de la ciudad, en Ervay Street.  Es la misma calle del “drugstore” en el que tú esperabas siempre.  Encontrarás el apartado postal en la oficina de correos que se halla a 4 cuadras en la misma calle que el “drugstore”.  Yo pagué el apartado el mes pasado, así que no te preocupes por eso.

2.-Envía las noticias que tengas sobre lo que me suceda a la embajada, incluyendo los recortes de periódicos, en caso de que los periódicos digan algo sobre mí.  Creo que la embajada acudirá rápidamente en tu ayuda en cuanto lo sepa todo.

3.-Pagué la renta el día 2, así que no te preocupes por eso.

4.-También pagué hace poco el agua y el gas.

5.-Tal vez llegue dinero del trabajo. Ese dinero será enviado al apartado postal. Ve al banco a cobrar el cheque.

6.-Puedes tirar o regalar mi ropa, etc. No guardes esas cosas. Sin embargo, preferiría que conservaras mis documentos personales, (militares, civiles, etc.).

7.-Algunos de mis documentos están en la petaquita azul.

8.-Encontrarás la libreta de direcciones sobre mi mesa en el estudio, en caso de que la necesites.

9.-Aquí tenemos amigos, la Cruz Roja te ayudará también.

10.-El día 2 te di todo el dinero que podía,  60 dólares. Tú y la niña pueden vivir otros 2 meses gastando 10 dólares por semana.

11.-Si estoy vivo y me cogen preso, la cárcel está situada en el extremo del puente por el que pasábamos siempre que íbamos a la ciudad, (exactamente donde comienza la ciudad después de cruzar el puente), concluyó Lee Harvey Oswald.

La carta fue entregada a la policía, dentro de un libro en ruso, titulado “Libro de Consejos Utiles”, propiedad de Lee Harvey Oswald.

ATENTADO CONTRA EL GENERAL WALKER

El perito en grafología del FBIJames C. Cadigna, afirmó que el apunte había sido escrito por mano de Oswald.

Según el testimonio de Marina Oswald, el 10 de abril, Oswald salió de la casa en que vivían entonces, poco después de cenar. Como a las 10.30 p.m., no había regresado. Ella fue al cuarto de su esposo y encontró la nota que él le había dejado.  “Cuando volvió le pregunté qué había pasado. Estaba muy pálido. No recuerdo exactamente qué hora era, pero era muy tarde. Y él me dijo que no le hiciera preguntas. Lo único que me dijo fue que había disparado contra el general Walker”, indicó Marina.

Oswald dijo a su esposa que no sabía si había hecho blanco. Al día siguiente, cuando se enteró por los periódicos de que había errado el tiro, comentó que “sentía mucho no haberle pegado”.

En febrero de 1964, Marina declaró ante la Comisión Warren que, cuando su marido regresó a casa la noche del atentado contra el general Walker, le contó que lo había estado planeando durante 2 meses.  Tres días después le mostró una libreta en la que tenía unas fotografías de la casa de Walker y un mapa de la región en que estaba situada la casa.  Oswald destruyó esa libreta, pero entre sus objetos personales se encontraron tres fotografías que Marina identificó como las de la casa del general.

En efecto, dos de ellas habían sido tomadas desde un sitio próximo al del disparo, detrás de la casa.  La tercera era una fotografía de la entrada cochera de la casa del general; en ella se ve el sitio de la barda en el que el autor del atentado debió posar el rifle. El estado de los trabajos de construcción que aparecen en el fondo de la fotografía, permitió determinar que fue tomada entre el 8 y el 12 de marzo de 1963.  Oswald mandó pedir el rifle el 12 de marzo.  El arma le fue remitida el 20 de marzo y el atentado ocurrió el 10 de abril.  Por otra parte, un experto logró determinar que la tercera fotografía había sido tomada con la cámara Imperial Reflex que pertenecía a Oswald.

Además de las tres fotos identificadas por Marina, había otras dos en las que aparecía una vía de tren.  Marina declaró que creía que una de ellas estaba relacionada con la casa de Walker.  En efecto, la fotografía había sido tomada a cosa de 1 kilómetro de la casa. La otra, que Marina no reconoció, había sido tomada a menor distancia.  Marina le preguntó a Lee qué había hecho con el rifle y le respondió que lo había enterrado o escondido entre unos arbustos y mencionó la vía del tren.  Algunos días más tarde, Oswald volvió con el rifle.

Por su parte, la policía había encontrado la bala del atentado contra Walker, pero estaba tan mutilada que resultó imposible determinar el tipo de arma que la había disparado.  Más tarde se procedió a un nuevo examen de la bala, en relación con el rifle de Oswald.

Los expertos no pudieron llegar a una conclusión totalmente positiva. Según ellos, nada se oponía a que la bala hubiera sido disparada por el rifle de Oswald y aún había razones probables para creer que había sido disparada por él; pero era imposible excluir apodícticamente la posibilidad de que hubiera sido disparada por otra arma. La Comisión Warren consideró que este dictamen, integrado a las otras pruebas, era un argumento más contra Oswald.

Basándose en la nota manuscrita, en las fotografías encontradas entre los objetos de Oswald, en el testimonio de los expertos acerca del arma del atentado y en el testimonio de Marina Oswald, la Comisión concluyó que Lee Harvey Oswald fue el autor del atentado contra el general Walker. El hecho de que Oswald haya atentado contra la vida de una figura de la política era un argumento válido contra Oswald en el caso del asesinato del Presidente, y así lo consideraba la Comisión, pero la identificación del asesino de Kennedy se basó en pruebas independientes del atentado de Oswald contra el general Walker.

Así, se sabía que Oswald pretendía matar a Nixon y a Eisenhower, “piratear” un avión para llegar a Cuba, que golpeaba a su esposa y llegó a lastimar a su propia progenitora Marguerite, que persiguió arma blanca en mano, a su cuñada y a su hermano John, que intentó suicidarse en Rusia y que, lamentablemente, el maltrato hacia Marina provocó que la hermosa rubia, de ojos intensamente azules, también pensara seriamente en quitarse la vida, pues “Lee no dejaba de ofender y golpear a su mujer”.

La soviética no tenía amigos y se sentía “atrapada en un callejón sin salida, aunque reconocía que alguna vez ella provocó la ira de Lee, como por ejemplo al escribirle a un exnovio para quejarse amargamente por no haberse decidido, en su momento, a corresponderle en forma definitiva”.

Muchos adultos jóvenes no habían nacido cuando varios disparos de Lee Harvey Oswald sacrificaron al jefe de la Nación más poderosa del mundo y, como en México, a partir del asesinato de Colosio, comenzó en Estados Unidos una carrera demencial en busca de los tesoros que arrojan las ventas editoriales.

Hasta la fecha se ha culpado en el vecino país del norte a espías rusos, castristas, anticastristas, homosexuales, militares, narcotraficantes, líderes sindicales, Ku Klux Klan, traficantes de armas, FBICIALyndon Baynes Johnson, etcétera, como “autores intelectuales” del magnicidio.

En fin, cada quien puede perder su tiempo como le dé la gana. Pero, permítasenos orientar a quienes no habían llegado al mundo en 1963, 22 de noviembre, cuando el veterano periodista Jack Bell, de la agencia informativa Associated Press, oyó en Dallas, desde el cuarto automóvil de la caravana presidencial, el sonido de tres cadenciosos disparos, ni uno más ni uno menos.

El sonido del primer disparo vino desde “arriba y desde la derecha, luego hubo un segundo disparo, inconfundiblemente de un fusil. Fue seguido en unos cinco segundos por un tercero”.

Se produjo un momento de silencio espantable —según el relato del reportero Alfredo Marrón, en su revista Expediente Policiaco—, roto por agudos gritos y chillidos. Un hombre veía con temor sobre su hombro hacia el edificio del Depósito de Libros.

«Para uno—indicó oportunamente Jack Bell—familiarizado con campos de tiro, los disparos sonaban como el rápido y cadencioso fuego de un fusilero experimentado, tirando, cargando, disparando de nuevo y luego por tercera vez. La serie de tiros era tan rítmica que parecía difícil que fuera obra de un hombre».

No se oyó el sonido entrecortado que casi siempre ocurre cuando uno o más hombres están disparando”.

Ya en la entrada de emergencia del Hospital Parkland “vimos al Presidente John F. Kennedy, cara abajo en el asiento trasero de la limosina, con su traje gris apenas arrugado, pero había sangre en el piso”.

A los que argumentan, basándose en fotos borrosas y ambiguas que hubo un segundo tirador en algún punto de la plaza, “les pido que escuchen el sonido de tres disparos arriba y a la derecha, que resonarán siempre en mis oídos”, concluyó el periodista, refiriéndose al embuste propalado en torno a que desde un montículo herboso “alguien disparó de frente contra Kennedy”.

En Estados Unidos la verdad fue tan simple que nadie quería creerla: Lee Harvey Oswald quería destacar, ser famoso sin importar los medios, ni siquiera le interesó su familia y dejó una esposa bellísima, rubia, rusa, de ojos intensamente azules y dos hijas que realmente no conocieron a su padre.

De hecho, el magnicida no tenía intenciones, a principios de 1963, de matar a Kennedy, solo deseaba dar muerte al general Edwin A. Walker y por ello redactó un manuscrito para despedirse de su mujer, porque suponía que en el mejor de los casos, tendría que convertirse en prófugo de la justicia, si es que no resultaba detenido o acribillado a tiros por el atentado contra el militar, agresión perpetrada con el fusil Mannlicher Carcano que utilizaría en noviembre contra el Presidente Kennedy.

Según los “genios” que no titubean en llenar de lodo, “gratuitamente”, a las autoridades norteamericanas, Lee Harvey Oswald “no actuó solo, sino que se coordinó con otros dos tiradores, mediante aparatos de intercomunicación y dispararon simultáneamente”.

Uno de los emboscados habría disparado desde un montículo herboso “perforando el tórax del Presidente, mientras que el segundo conjurado no pudo hacer fuego, pero Lee disparó por arriba y detrás, haciendo estallar el cráneo de Kennedy.

Por ello, decían los embusteros, “la Comisión Warren ocultó las fotografías de la autopsia, porque desde el hospital Parkland se borraron las huellas del primer disparo, es decir, se imposibilitó saber si era de entrada o de salida el orificio que tenía en el pecho John F. Kennedy”.

También, dijeron, “se manipularon las pruebas para culpar a Lee Harvey Oswald y hacer creer a la opinión pública que hubo un solo agresor”.

La verdad es que el dictamen de autopsia, realizada en el hospital de la Armada, fue guardado por Jacqueline Kennedy durante tres años y en 1966 autorizó a los forenses que criticaban los informes de la Comisión Warren para que emitieran un dictamen objetivo, serio, formal, de alto nivel.

En el Centro Médico Naval se protocolizó la autopsia en su momento: “hombre musculoso, de 1.82 metros de estatura, 170 libras de peso, cabello rojizo y abundante, ojos azules. Tenía una herida en la parte POSTERIOR del cuerpo, por encima del borde escapular superior y supraclavicular, de 4 por y 7 milímetros, de forma oval. Era el orificio de ENTRADA de un proyectil que atravesó el cuello, saliendo junto a la tráquea. El orificio de salida de esa bala no se podía apreciar, porque la traqueotomía practicada en el hospital Parkland, donde murió Kennedy, fue precisamente sobre tal región”.

Había otro oficio de entrada por encima de la protuberancia occipital externa, con pérdida de cuero cabelludo y del hueso. Se extrajeron del cráneo dos fragmentos metálicos que eran parte de un proyectil calibre 6.5 y la conclusión a que llegó el equipo forense crítico, fue que el Presidente John F. Kennedy “recibió dos disparos que fueron hechos desde un lugar situado por detrás y encima de su cabeza. El primer proyectil no produjo una herida necesariamente mortal, afectando tan solo el cuello y la tráquea, pero el segundo proyectil destruyó un hemisferio cerebral rompiendo el seno longitudinal, lo que produjo una hemorragia masiva mortal de necesidad”.

Los proyectiles tipo Western Cartridge, calibre 6.5, fueron disparados indudablemente con el rifle italiano C-2766 Mannlicher Carcano que fue encontrado en el Texas School Book Depository Building, junto a la ventana desde la que se hicieron los disparos.

La ropa que vestía el Presidente Kennedy en el momento del atentado presentaba orificio de entrada en la parte baja del cuello, por la parte posterior, con huellas de cobre detectadas en el borde del orificio por espectrofotometría, “las fibras del borde del orificio aparecían aplastadas hacia dentro”.

El estudio de tres películas tomadas por algunas personas que presenciaban el paso de la caravana presidencial en DallasTexas, permitió ver en imagen el instante en que el Presidente Kennedy fue herido por dos proyectiles. La reconstrucción de la escena con la ayuda de los filmes permitió al Departamento de Balística determinar la trayectoria, el ángulo de tiro y el lugar desde donde el asesino realizó los disparos.

Las investigaciones señalaron a Lee Harvey Oswald como alienado del mundo en que vivía, aislado, frustrado, fracasado, sin relaciones verdaderamente amistosas con alguien, siempre insatisfecho de todos, imaginaba ser comandante, profeta, político, estaba seguro de llegar a ser Ministro algún día, manías de grandeza confirmadas por el testimonio de su hermosa mujer y otros familiares.

Tenía 24 años en el momento del crimen, pero su muerte violenta a manos del cabaretero Jack Ruby, quien lo agredió frente a las cámaras de televisión, impidió que dijera la verdad. Lee falleció en el hospital Parkland, donde poco tiempo antes había muerto el Presidente Kennedy.

Jack Ruby también murió en ese nosocomio, de cáncer, poco después de asegurar, en idioma hebreo y en secreto, a su hermano, que jamás fue amigo del magnicida.

EL ASESINO DE OSWALD

Efectivamente, el asesino de Oswald dijo ante el mundo que obró sin consignas. Se cerraba así, el 3 de enero de 1967, un capítulo más en el debatido caso Kennedy.

Las agencias informativas AP FP indicaron que Jack Ruby, el cabaretero que acabó con la vida de Lee Harvey Oswald, acusado de dar muerte al Presidente Kennedy, murió aquel día de cáncer generalizado y hasta sus últimos momentos negó que hubiese sido parte de un complot para callar al único que hubiese podido aclarar el crimen del siglo.

La muerte de Ruby sobrevino en forma tranquila, según reporte de los médicos del hospital Parkland, a solo unos cuantos pasos de los aposentos donde murieron Kennedy Oswald, el 22 y 24 de noviembre de 1963, respectivamente.

En el hospital se diagnosticó neumonía y luego cáncer extendido por el sistema linfático, los pulmones y el páncreas. Cerca del final, Earl Ruby le preguntó a su hermano, como muchas veces antes: “¿Estás seguro, Jack, de que no hubo algo más?

—No oculto algo, no estoy protegiendo a nadie. Nada hay que ocultar ni nadie a quien proteger, créeme— dijo Jack sin saber que su hermano Earl había llevado una grabadora. Así, en cinta magnética, sin darse cuenta, el asesino de Lee negó la existencia de una conjura y suplicó al mundo que creyese que no se llevaba secretos a la tumba. La cinta fue llevada a Nueva York y entregada a la compañía de discos Capitol, que se encargó de reproducirla en microsurco.

El hospital Parkland anunció poco después de la muerte de Jack Ruby que las autoridades de Dallas habían acordado que la autopsia de Ruby se realizara en presencia de un médico ajeno al personal del Plarkland, para evitar especulaciones.

Earl dijo que su hermano Jack en su declaración grabada se veía a sí mismo como una suerte de instrumento, no sufría la ilusión de pensar que Dios le dijo que lo hiciera o que era un instrumento de otra gente, sino que sucedió sin su voluntad consciente, Oswald fue para él un personaje fuera de su comprensión.

Pero se sabía que Ruby dijo al agente Ernest V. Sorrels, del Servicio Secreto, que “tenía que demostrar al mundo que un judío tiene coraje”… Segundos antes había disparado contra Oswald.

Luego afirmó Ruby que mató a Oswald porque no podía resistir la idea de que Jacqueline Kennedy tuviera que pasar por la terrible angustia de regresar a Dallas y testificar en el juicio de Oswald. La Comisión Warren describía así a Ruby: Nacido en Chicago, en el ghetto de Maxwell, el 25 de marzo de 1911, hijo de inmigrantes polacos rápidamente desilusionados en sus esperanzas de triunfar en los Estados UnidosRuby creció en la calle. Su padre, Joseph Rubinstein, era un gran bebedor y pocas veces tenía empleo. Su progenitora era una mujer inestable, Fannie estuvo internada en una institución para enfermos mentales. Jack tenía 10 años de edad cuando sus padres se separaron y fue a un hogar adoptivo. No cursó la segunda enseñanza.

Luego de una vida aventurera, se convirtió en propietario de un club nocturno en DallasTexas. Cuando mató a Oswald debía al gobierno 40 mil dólares por impuestos federales. Entre 1949 y 1963 fue arrestado ocho veces por la policía de Dallas bajo diversas acusaciones, entre ellas portar armas y permitir bailar en su cabaret después de la hora límite.

Un siquiatra lo calificó de sicopático depresivo, ajeno a la realidad. Sus amigos dijeron que era un cazador de publicidad, jovial, que trataba de ser siempre el centro de atención.

Jack Ruby llegó a decir que le asaltaban pesadillas en las que veía como miles de judíos eran masacrados porque él, también judío, había silenciado al asesino del Presidente Kennedy. Jack tenía 55 años de edad al morir.

La grabación póstuma fue denominada “Controversia” por la empresa Capitol.

De 1963 a la fecha se han escrito decenas de libros y artículos sobre el homicidio del Presidente Kennedy, en loable esfuerzo por encontrar “la verdad”, pero hasta hoy, nadie ha presentado pruebas de una conspiración interna o externa que parece buscarse con ahínco.

La conocida película “JFK” del mentiroso Oliver Stone (severamente criticado por historiadores, políticos y periodistas, quienes lo acusaron de inventar hechos para la cinta), por ejemplo, contiene gran número de las injusticias que mencionara John Edgar Hoover, titular del FBI, en 1950.

Había dicho el famoso funcionario que “si se diesen a la publicidad las constancias de un expediente, se crearía un problema que excedería con mucho al del caso en investigación, pues saldrían a relucir nombres de personas que bien podrían ser inocentes y que solo por imperio de las circunstancias figurasen en las diligencias realizadas”.

Dar a la publicidad esos nombres “sin explicar en qué forma están conectados en el caso, sería una gran injusticia. Y aun cuando posteriormente se les otorgara la oportunidad de justificarse, el hecho es que toda implicación deja tras de sí un residuo que la verdad no alcanza a disolver. No querría hacerme cómplice de acto alguno que manchara a personas inocentes por el resto de su vida. Y no podemos olvidar los principios básicos de una elemental decencia, ni la tradición americana del juego limpio”, comentó John Edgar Hoover.

Los informes internos del FBI —explicaba Hoover— contienen en detalle las declaraciones de los testigos. Si esos detalles “fuesen revelados, quedarían expuestos a malas interpretaciones, podrían ser citados fuera de su contexto o utilizados para torcer la verdad, deformar medias verdades y tergiversar los hechos en general”. Enfatizaba que un expediente no contiene solo información probada, un expediente, (en México se les llama ahora “carpetas de investigación”), debe considerarse como un conjunto. “Un informe puede denunciar los crímenes más atroces, pero a veces, la veracidad o falsedad de la denuncia surge únicamente cuando se han compulsado varios informes, cuando se ha investigado a fondo y se ha separado el trigo de la paja”, concluyó en 1950.

Así, amigo(a) lector(a), la película de Oliver Stone, “JFK”, para espectadores de habla inglesa, tiene cierta coherencia, pero no para miles de personas que entienden otro idioma, aficionados al cine que son envueltos a propósito por Stone, por un manejo de imágenes de distinto color y diferentes velocidades de proyección.

De hecho, si los concurrentes a los cinematógrafos tenían que leer las respectivas traducciones e interpretar el “mensaje” de la distorsionada película, se perdían en un laberinto que va desde ambientes controlados por cubanos de la época, (cuando Kennedy prácticamente ordenó el desmantelamiento de cohetería nuclear en Cuba, peligroso armamento autorizado por Fidel Castro Ruz), el paso por impactantes escenarios de homosexualismo y llegada hasta las esferas militares de alto nivel, sin olvidar los vericuetos de oficinas de seguridad nacional en Estados Unidos.

Obviamente, la juventud que no había nacido cuando Lee Harvey Oswald disparó en tres ocasiones, desde lo alto y por detrás del convoy presidencial de Kennedy, comenzó a creer en una gran conjura, en la que habrían participado la CIAFBIInteligencia Naval y hasta Lyndon Baines Johnson.

Sin embargo, en 55 años, nadie ha podido demostrar tal conspiración, a pesar de que, en promedio, se lanza nueva especulación por cada aniversario del magnicidio.

En la película no se explica que Oswald, en la vida real, consultó al abogado Dean Andrews para que averiguase si existía alguna solución legal en torno a su deshonrosa expulsión de la infantería de Marina, situación que le había llevado muchos problemas al exmarine.

El abogado declaró posteriormente que a Lee lo había enviado “un joven y rubio homosexual llamado Clay Bertrand. Pero el obsesivo fiscal Jim Garrison —quien pareció enloquecer al intentar demostrar una conjura, un complot, una gran conspiración en el magnicidio— confundió a Clay Bertrand con Clay Shaw, quien no era joven ni rubio y lo encausó por conspirar, pero las autoridades lo liberaron al considerarlo inocente. Pero la película de Stone lo marcó de por vida… Como advirtió John Edgar Hoover.

En otros avances de la película, se muestra la plaza donde fue tiroteado el convoy presidencial y se relacionan las escenas con el desplome de un enfermo y la película del espectador Abraham Zapruder, para dar a entender que aquel individuo distrajo a la policía y Lee Harvey Oswald aprovechó el momento.

La mayoría de los testigos interrogados no mencionaron distracción alguna a causa de los movimientos para atender al enfermo y sí, en cambio, que sonó un disparo y luego otros dos, mientras el automóvil presidencial era acelerado para salir de la zona de peligro.

La especulación mayor de Stone se da al mencionar la “probable” participación de varios “comandos”, en un fuego cruzado, triangulado y mortal (¿?), coordinado con aparatos de intercomunicación.

Sería interesante saber cómo interpretaría Stone y a qué clase de “conjura” interna se referiría, de haber estallado los 7 cartuchos de dinamita, con que el demente Richard P. Pavlick, cargó su automóvil, el 11 de diciembre de 1960.

Ese día, Richard P. Pavlick estacionó su vehículo frente al domicilio del padre de los Kennedy. Cuando salió John F. KennedyPresidente electo, hacia una iglesia y fue despedido por Jacqueline e hijos, Pavlick no se atrevió a dinamitarlos porque le dieron pena ella y los niños. De manera gratuita, Pavlicki estaba dispuesto a morir con Kennedy en la explosión de dinamita.

Faltaban más de treinta días para la toma de posesión. John F. Kennedy no había afectado intereses todavía, de los que menciona tontamente Stone en su película, y, sin embargo, había surgido el primer fanático peligroso. Por otros rumbos, Lee Harvey Oswald, entonces de 21 años, recordaba sonriente que de niño se negaba a saludar a su bandera nacional.

Pero también, a principios de los 60, George De Mohrenschildt, (quien en los 40 fue simpatizante nazi y en México estaba considerado como subversivo y parecía tener ligas con agentes de contraespionaje inglés y francés), protegía a Marina Nikolaevna Prusakova, esposa de Oswald, de las agresiones físicas de que era víctima a manos de su compañero.

A la hermosa rusa le llamaba la atención que en Rusia, a Oswald le agradaba ser llamado “Aleksy”, (obtuvo un permiso de cacería con ese nombre falso), y sus conocidos le decían “Alec”.

Como por casualidad en Estados Unidos obtuvo un empleo en una empresa de composición tipográfica en DallasTexas, donde falsificó documentos para sí mismo bajo el alias “Alec J. Hidell”.

En enero de 1963, Lee Harvey Oswald pidió a la casa Seaport Traders, de Los AngelesCalifornia, una Smith & Wesson, calibre .38, que debía remitir a nombre de “A. J. Hidell”.

El 10 de marzo de 1963, Oswald fotografió la residencia del general Walker en Turtle Creek, acaudalado barrio de Dallas, y el día 12, pidió a una tienda de deportes en Chicago, un Mannlicher Carcano, con mira telescópica, que le costó 21.45 dólares y debía llegar al apartado postal de “A. J. Hidell”.

Un amigo de los OswaldGary Taylor, visitó el hogar en ausencia del exmarine, vio el fusil y preguntó para qué se necesitaba y Marina no quiso responder. Oswald se retrató luego con sus armas y repartió varias fotos, en una de las cuales escribió: “preparado para todo”.

Es indudable que el Presidente John F. Kennedy quedó atrapado sin querer en la red invisible de la insania mental de Lee Harvey Oswald, su madre Marguerite Oswald, el general Edwin Walker, el cabaretero Jack Ruby, el polémico George De Mohrenschildt, dinamitero arrepentido Richard P. Pavlick, así como en su imprudente decisión de visitar una ciudad texana hostil, donde se cumplió su teoría: “Si alguien quisiera hacerme daño, bastaría con un fusil de mira telescópica desde lo alto de un edificio, el Servicio Secreto no podría protegerme”.

Se añadiría la obsesión del fiscal Jim Garrison, rechazado en el ejército por sus traumas sicológicos, fue el principal opositor del Informe Warren y quien indirectamente controló las objeciones de periodistas, escritores y el embustero cineasta Oliver Stone.

LA RED INVISIBLE DE INSANIA MENTAL

A partir de 1954 fue inconstitucional la segregación en las escuelas públicas en Estados Unidos y a James Howard Meredith, “hombre de color”, se le ocurrió matricularse en la universidad de OxfordMisisipi, el 30 de septiembre de 1962.

Como es sabido, al día siguiente se convirtió en el primer estudiante “negro” de esa institución, donde había sido rechazado en dos ocasiones con apoyo del gobernador segregacionista Ross Barnett, quien promovió manifestaciones que requirieron intervención del ejército y agentes federales enviados por el Presidente John F. Kennedy.

Agitadores llegados de todo el estado de Misisipi y estudiantes blancos locales desencadenaron violentos disturbios en Oxford, el periodista francés Paul Guihard y el curioso Ray Gunter fueron asesinados de sendos tiros en la cabeza y hubo más de 300 heridos, entre ellos 48 soldados y 30 agentes federales.

 (James H. Meredith se graduó en Ciencias Políticas el 18 de agosto de 1963 y el 6 de junio de 1966 fue víctima de un intento de asesinato mientras participaba en la “Marcha contra el Miedo”, que él mismo había organizado para luchar contra el racismo. Desilusionado, se enroló en el Partido Republicano e intentó varias veces ser electo al Congreso, sin éxito. Y colaboró con representantes de la ultraderecha como Jesse Helms y David Duke, exmiembro del Ku Klux Klan, negacionista del Holocausto, criminal convicto y promotor de teorías conspirativas, antisemitas y racistas).

Como el gesto de Meredith se consideró un momento crucial en la historia de los derechos civiles en los Estados UnidosBob Dylan escribió y cantó sobre los acontecimientos en la canción “Oxford Town”.

Charles W. Eagle describió el éxito de Meredith: “En una importante victoria contra la supremacía blanca, ha infligido un golpe devastador a la masiva resistencia blanca al movimiento por los derechos civiles y ha incitado al gobierno nacional a usar su abrumadora fuerza en apoyo de la lucha por la libertad de los negros”.

El 11 de junio de 1963, el Presidente John F. Kennedy habló al pueblo norteamericano por radio y televisión acerca de los derechos civiles.

Entre otros conceptos, expresó que “debe ser posible que los estudiantes norteamericanos de cualquier tez asistan a cualquier institución pública que elijan, sin que tengan que apoyarles las tropas”. Y que debe ser posible que los consumidores norteamericanos de cualquier tez reciban un servicio igual en establecimientos públicos, tales como hoteles y restaurantes, teatros y tiendas, sin que se vean obligados a recurrir a organizar una manifestación callejera, y debe ser posible que los ciudadanos norteamericanos de cualquier color se inscriban y voten en las elecciones libres, sin interferencias ajenas o temor a represalias.

El niño negro nacido hoy en Norteamérica tiene aproximadamente la mitad de oportunidades, en cuanto a completar su enseñanza secundaria, que el niño blanco nacido en el mismo lugar y el mismo día, una tercera parte de oportunidades de terminar la enseñanza universitaria; una tercera parte de convertirse en profesional; dos veces más de posibilidades de estar   desempleado; aproximadamente un séptimo de las oportunidades del niño blanco de ganar 10,000 dólares anuales; un ciclo probable de vida siete años inferior al blanco; y las perspectivas de ganar solo la mitad por concepto de sueldos”.

Cien años de retraso han transcurrido desde que el Presidente Lincoln liberó a los esclavos; “con todo, sus herederos, sus nietos, no son completamente libres, aún no se han liberado de la injusticia, aún no se han liberado de la opresión social y económica, y esta nación, con todas sus esperanzas y vanaglorias, no será completamente libre hasta que todos sus ciudadanos sean libres”.

“¿Vamos a decirle al mundo y aún más importante, vamos a decirnos los unos a los otros que esta es una tierra de hombres libres, con la excepción de los negros; que no tenemos ciudadanos de segunda clase, excepto los negros; que no tenemos sistema de clases o de castas, ni ghettos ni razas superiores, excepto con relación a los negros?”, preguntó.

“Las llamas de la frustración y de la discordia arden en todas las ciudades, del norte y del sur, donde no hay a la mano remedios legales. Se buscan los remedios en las calles, en actos públicos, desfiles y protestas que crean tensiones y que amenazan con estallidos de violencia y pérdidas de vidas…”, comentó.

«Aquellos que no hacen nada, invitan al deshonor y a la violencia. Aquellos que actúan valientemente reconocen el derecho y la realidad… Pediré legislación en torno al principio de que la discriminación racial no tiene cabida ni en la sociedad ni en las leyes de los Estados Unidos, para que todos los norteamericanos tengan el derecho a disfrutar de los servicios que están abiertos al público: hoteles, restaurantes, teatros, tiendas de venta al detalle y establecimientos similares».

«Este parece ser un elemental derecho, su negación es una indignidad arbitraria que en 1963 ningún norteamericano debiera tener que tolerar, pero muchos lo hacen», afirmó.

Conciudadanos: este es un problema que nos afecta a todos, en cada una de las ciudades del norte, tanto como del sur. Hoy, el desempleo entre los negros es dos o tres veces mayor que entre los blancos, las oportunidades de educación son inadecuadas y los negros emigran a las grandes ciudades, sin esperanzas de encontrar trabajo, especialmente los negros jóvenes y se les niega la oportunidad de comer en un restaurante, o de asistir a un cine; se les niega el derecho a una educación decente; se les niega, hoy mismo, casi el derecho de matricularse en una universidad estatal, a pesar de cumplir con los requisitos académicos. Me parece que estos asuntos deben preocuparnos a todos, no meramente al Presidente o a los congresistas o a los gobernadores, sino a todos los ciudadanos de los Estados Unidos”, dijo el Presidente John F. Kennedy.

Mientras tanto, el enfermo Lee Harvey Oswald parecía reflexionar sobre matar a Eisenhower, a Nixon, desviar un avión hacia La Habana, eliminar al general Edwin A. Walker, (quien había sido confinado temporalmente en una clínica siquiátrica por órdenes del fiscal Robert F. Kennedy, a causa de sus obsesiones racistas que difundía entre la tropa), borrar su deshonroso despido de la Armada y preparar un atentado que lo convirtiera en famoso.

Al mismo tiempo, el insano mental golpeaba brutalmente a su bella esposa, Marina Oswald y de vez en cuando a su madre, Marguerite Oswald, cuando no estaba persiguiendo navaja en mano a su cuñada y a su hermano John, quienes, como casi todo mundo, estaban hartos de la locura de Lee.

La Klein Sporting Goods Company, de Chicago, había enviado por correo, el 20 de marzo de 1963, el rifle C2766 Mannlicher Carcano a un tal “A. Hidell, Apartado Postal 2915, Dallas, Texas”.

Los microfilms del archivo de la compañía Klein demostraron que el 13 de marzo de 1963, un cliente había mandado pedir un rifle, empleando para ello un cupón recortado del número de febrero de la revista “American Rifleman”. El cupón estaba firmado a mano con letras de imprenta. El sobre, en el que el cliente repetía su dirección, estaba escrito también a mano, con letra ordinaria. Los expertos afirmaron, sin lugar a dudas, que Lee Harvey Oswald había escrito el cupón y el sobre. Para ello compararon dichos documentos con otros escritos de Oswald.

También el talón del cheque postal que el cliente “A. Hidell” envió para pagar el rifle, por valor de 21.45 dólares, había sido escrito ciertamente por Oswald. El rifle con telescopio costaba 19.95 dólares; sin telescópica, 12.78 dólares. El envío por correo costaba 1.50 dólares.

El servicio de inteligencia del ejército italiano informó que dicho rifle era el único Mannlicher Carcano que llevaba ese número de serie: C2766.

El revólver Smith & Wesson, calibre .38, fue comprado por correo a Seaport Traders, Inc., de Los Angeles, por A. J. Hidell. Los documentos de la compra habían sido escritos por Oswald. Igualmente, el exmarine llevaba en su cartera, cuando fue arrestado, dos credenciales firmadas por “Alek J. Hidell”, con el retrato de Oswald. Se trataba de credenciales falsificadas, hechas a base de retoques fotográficos sobre las credenciales legítimas de Oswald. La rusa Marina Oswald dijo que no existía Alek J. Hidell, y que Hidell solo era una alteración de Fidel, creada por Oswald.

Esas pruebas más las fotografías de cuerpo entero de Oswald, posando con el Mannlicher Carcano y el revólver .38, hacían difícil que el exmarine pudiera demostrar inocencia en el asesinato de Kennedy más el del policía Tippit.

Por su parte, el doctor en Filosofía Política, egresado de HarvardEdward Jay Epstein, en “El Mundo Secreto de Lee Harvey Oswald”, expresó que no parecía haber duda razonable: los disparos que mataron al Presidente John F. Kennedy, fueron hechos de arriba-abajo y de atrás-adelante, tres tiros realizados en menos de 7 segundos: el primero pegó en la espalda del mandatario, otro hirió la espalda y rodilla derecha de Connally tras rozarle la muñeca respectiva, el último dañó mortalmente la región occipital izquierda 

Explicó Jay Epstein que sobre la trayectoria de los proyectiles, la mejor prueba disponible sobre la naturaleza de las heridas infligidas al Presidente Kennedy y al gobernador Connally, corresponde a las fotografías y a los rayos X que se tomaron del Presidente, durante la autopsia realizada en el Hospital Naval de Bethesda.

Informó que ni la Comisión Warren ni sus consultores analizaron esta prueba porque, hasta 1966, la familia Kennedy la retuvo, pero que en 1968, tres patólogos y un radiólogo, nombrados por el ministro de justicia, Ramsey Clark, estudiaron sistemáticamente ese material.

En 1972 Cyril H. Wecht, forense de Allegheny CountyPennsylvania, detractor de los descubrimientos de la Comisión Warren, analizó independientemente la prueba de la autopsia.

Todos coincidieron sin la más mínima discrepancia, en que todos los proyectiles fueron disparados desde arriba y detrás; un análisis de las fibras de la camisa y chaqueta del Presidente demuestra que fueron empujadas hacia adentro por un proyectil que entró desde atrás.

Fueron abrumadoras las pruebas de que los proyectiles disparados contra la limusina del Presidente Kennedy, provinieron de una ventana de los pisos altos del Texas Book Depository, ventana situada arriba y detrás del mandatario.

El fusil, que balísticamente coincidía con los fragmentos disparados contra el coche presidencial, apareció en el sexto piso del Depósito de Libros, así como tres cápsulas de proyectil usadas y disparadas con la misma arma.

Edward Jay Epstein y su equipo multidisciplinario indicaron en “El Mundo Secreto de Lee Harvey Oswald” que, aunque se pueden formular preguntas acerca de la precisión general del fusil Mannlicher Carcano encontrado en el almacén, no caben dudas de que el arma específica puede dispararse con la más absoluta exactitud contra un blanco situado a noventa metros: la distancia que separaba la ventana del coche presidencial. Después del magnicidio, tres agentes del FBI dispararon con ese mismo fusil y de las tres veces, dos dieron en el blanco, en 5.6 segundos.

ERRORES EN LA COMISIÓN WARREN

La Comisión Warren calculó que el disparo de los tres proyectiles se produjo en 5.6 segundos, según el análisis de una filmación del asesinato realizada casualmente por Abraham Zapruder; se vio claramente que el tercer y fatal disparo se produjo en el cuadro 313 de la película; además, la Comisión supuso que el primer disparo no pudo ocurrir antes del cuadro 210 de la película, dado que antes de ese cuadro un roble bloqueaba el coche presidencial de la presunta línea de mira del asesino.

Sin embargo, enfatizó Jay Epstein, la Comisión cometió un grave error al analizar el tiempo transcurrido. La reconstrucción del asesinato, mediante la cual se establecía el primer momento en que el francotirador pudo disparar, se llevó a cabo en junio de 1964, cuando el roble que bloqueaba la línea de mira de los cuadros 180-210 estaba totalmente florecido.

Pero el crimen tuvo lugar el 22 de noviembre, cuando el árbol, de hoja caduca, carecía de follaje. Probablemente, el francotirador habría podido disparar incluso en el cuadro 186 y habría contado con un tiempo de 7 segundos para los tres disparos.

La diferencia es muy importante, entre 5.6 y 7 segundos, pues en este lapso los tres expertos que probaron el fusil lograron disparar tres veces con exactitud.

El doctor Epstein no creía en el empleo de más de un tirador, pues consideraba que “eso aumentaría necesariamente los riesgos de detección, tanto antes como después del acto, sin aumentar necesariamente las probabilidades de éxito”.

También señaló Epstein que después del asesinato de Kennedy, en una camilla del hospital Parkland, se encontró una bala casi en perfecto estado que coincidía con el fusil de Oswald.

Se manifestó la sospecha de que ese proyectil hubiera sido “sembrado”, pero tal acto carecería de sentido a la luz de que otros fragmentos encontrados en el automóvil coincidieron con el fusil Mannlicher Carcano y que, con el fin de “sembrar” el proyectil, los supuestos conspiradores habrían necesitado un control previo del rifle. Y si los conspiradores tuvieron realmente en su poder el fusil y lo utilizaron para disparar la bala que se fragmentó, parecería poco probable que hubiera “plantado” un proyectil para acusar mediante una estratagema a una arma que ya era “culpable”.

En su condensación del informe Warren, Javier Ortiz Monasterio, de la Editorial Novaro, comentó que todos los asesinatos famosos de la historia han dado lugar a mitos y rumores, (el ejemplo más claro y relativamente reciente en México, es el crimen de Luis Donaldo Colosio, candidato priísta a la Presidencia de la República), la mayoría de los cuales empiezan a correr en su versión original a raíz de los sucesos.

El asesinato del Presidente Kennedy no fue, en ese sentido, una excepción. Poco después de su muerte empezaron a correr los rumores más fantásticos. La Comisión Warren no quiso dejar de investigar esas conjeturas, porque muchas de ellas habían ejercido una profunda influencia sobre la opinión pública mundial.

Se sabe ya que, en cuanto había sido posible determinarlo, ni Lee Harvey Oswald formaba parte de una conspiración para asesinar al Presidente, ni Jack Ruby formaba parte de una conspiración para reducir a Oswald al silencio. Pero esas dos teorías no fueron, ni mucho menos, las únicas que se inventaron para explicar los hechos.

El público se planteó básicamente cuatro preguntas a propósito de los hechos que tuvieron lugar entre el 22 y 24 de noviembre de 1963: ¿Lee Harvey Oswald fue realmente el asesino del Presidente Kennedy? ¿Por qué lo asesinó? ¿Tuvo algún cómplice? ¿Por qué asesinó Jack Ruby a Oswald?

Muchas de las hipótesis que se lanzaron para responder satisfactoriamente a esas preguntas, se basaban sobre los datos falsos o inexactos que empezaron a correr inmediatamente después de los hechos, en un período amarillista en el que resultaba difícil distinguir claramente la verdad de la mentira, la hipótesis de la realidad.

Como es muy natural, los múltiples testigos del asesinato del Presidente y del de Oswald fueron unas de las principales fuentes de noticias. Ahora bien, precisamente a causa de la excitación del momento, no todos vieron ni oyeron la misma cosa y no todos interpretaron en la misma forma lo que vieron y oyeron. Esto sin contar con que muchos de ellos fueron modificando poco a poco su testimonio a medida que lo repetían, y que todos fueron entrevistados repetidas veces por diferentes personas y en circunstancias que hacían muy difícil el reportaje exacto.

Ni siquiera las personas que iban en los automóviles que formaban parte del desfile presidencial por Dallas hicieron las mismas declaraciones, porque también ellas vieron y oyeron desde puntos diferentes. Por otra parte, los que se hallaban más próximos a los puntos importantes sufrieron un choque sicológico violento, que tendía a afectar en la misma proporción sus recuerdos posteriores sobre los hechos.

Nada tiene de extraño que las noticias, tal como se dieron en Dallas, hayan sido en muchos casos inexactos, imprecisas o falsas. A ello contribuyó también la manera como las autoridades locales fueron informando al público sobre las investigaciones, en algunos casos sin verificar previamente la exactitud de los detalles.

Los autores de muchas de las teorías que han seguido corriendo hasta ahora eran personas de buena fe, sus errores provinieron simplemente de falta de información completa.

En esta categoría hay que clasificar las afirmaciones que se atribuyeron a los médicos que atendieron al Presidente en el Parkland Memorial Hospital y describieron después sus heridas. Como sabe el lector, la autopsia del cadáver se llevó a cabo en Washington varias horas más tarde y hasta entonces fue posible tener una idea exacta de las heridas que se hicieron al Presidente.

En todo proceso de acumulación de pruebas, es normal que los datos posteriores corrijan o completen a los anteriores. Pero rara vez se había dado a un proceso de acumulación de pruebas la publicidad que se le dio, en el caso del asesinato del Presidente Kennedy, y ello hizo particularmente difícil corregir con los datos posteriores las primeras informaciones de carácter más sensacional.

Además de las hipótesis que se fundaron sobre datos incompletos, hubo otras que eran simplemente producto de imaginaciones calenturientas. Numerosas personas afirmaron que habían visto a Oswald o a Ruby en los más diferentes puntos del globo terrestre. Lo que es aún peor, muchas de esas personas “revelaron sus informaciones” al público a través de la prensa o la televisión, aunque generalmente modificaron o retractaron su testimonio frente a los investigadores oficiales. Los rumores pulularon en tal forma que hubo que hacer investigaciones en todos los rincones de los Estados Unidos y en la mayoría de los continentes. Ha quedado claro que es falso que el Presidente Kennedy fue atrapado entre fuego cruzado.

Verdadero, que sólo Oswald disparó en tres ocasiones contra el mandatario, falló un tiro pero hirió al gobernador Connally, todo en menos de 7 segundos.

1.-Falso: “Un disparo, de frente, lesionó inicialmente a Kennedy”.

1.-Verdadero: El primer tiro, por arriba y atrás, le atravesó el tórax.

2.-Falso: “Imposible disparar tres balazos en menos de 6 segundos”.

2.-Verdadero: Tres agentes del FBI, lograron acertar series de tres disparos, en menos de 6 segundos, con el Mannlicher Carcano homicida.

3.-Falso: “No se encontraron huellas de Lee Harvey Oswald en el Depósito de Libros”.

3.-Verdadero: Se localizaron huellas digitales del exmarine, tanto en el rifle telescópico, como en las cajas que colocó para no ser visto.

4.-Falso: “Nunca se demostró que Lee fuera dueño del fusil y el revólver”.

4.-Verdadero: Al ser arrestado, Lee traía tarjetas a nombre de «Alek James Hidell» y las solicitudes de compra de esas armas fueron manuscritas y firmadas por el magnicida.

5.-Falso: “La imagen de Oswald con fusil y revólver es un fotomontaje”.

5.-Verdadero: Varios meses antes del magnicidio, Lee Harvey Oswald reveló, copió y firmó varias de esas fotografías, todavía no pensaba en dar muerte al Presidente Kennedy.

6.-Falso: “La bala que mató al Presidente Kennedy, llegó de frente y a la derecha”.

6.-Verdadero: El proyectil homicida llegó de arriba y atrás.

7.-Falso: “Un tirador de superficie abrió fuego desde la derecha, por ello el cráneo es impulsado hacia la izquierda”.

7.-Verdadero: El rostro de John F. Kennedy jamás recibió un tiro, un reflejo neurológico le hizo mover la cabeza hacia el rumbo por donde llegó la bala mortal.

8.-Falso: “El Presidente Kennedy presentaba un orificio de entrada, de proyectil de arma de fuego, en el pecho”.

8.-Verdadero: Se comprobó que fue de salida, las fibras de la ropa estaban hacia fuera, no así las fibras de la parte posterior del saco, por donde entró un proyectil del Mannlicher-Carcano.

9.-Falso: “La autopsia fue controlada para evitar que se supiera la verdad”.

9.-Verdadero: La señora Jacqueline Kennedy guardó durante varios años las pruebas de autopsia y las entregó a legistas expertos, que comprobaron que la bala mortal llegó de arriba y atrás.

10.-Falso: “Lee Harvey Oswald no sabía disparar”.

10.-Verdadero: Tenía inteligencia superior a la media, en mes y medio superó las pruebas militares de puntería.

11.-Falso: “Hubo testigos de disparos desde una valla de madera”.

11.-Verdadero: Nunca se ha comprobado la versión, si el cuerpo de Kennedy no tenía más orificios de entrada, de bala, que el de la cabeza y la espalda… ¿Cómo creer en un tiro de frente, que hubiera tenido una desviación de 45 grados para lesionar el pecho y luego salir por el cráneo?

12.-Falso: “La Comisión Warren reconstruyó el atentado y calculó en 5.6 segundos el tiempo que tuvo Oswald para disparar”.

12.-Verdadero: Se cometió un grave error, al filmar la escena donde un roble impide la visión, con su follaje; durante el magnicidio, el árbol había perdido las hojas, lo que dio hasta 7 segundos a Lee para acertar dos de los tres disparos que realizó con el Mannlicher-Carcano, de mira telescópica.

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