EJEMPLAR PADRE DE FAMILIA

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Tercera de siete partes)

Ciudad de México. – Así se fue preparando la estrategia del defensor de oficio, quien no tomó en cuenta que el “sensacionalismo mediático” en México es muy poderoso, y que, como dijo Eduardo Larrañaga Salazar, maestro de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco, “hay que rastrear la literatura, la estafa periodística que relata los cuentos más absurdos para aumentar las ventas”.

El profesor reconoció que los jueces tienen grandes problemas para juzgar: “Entre los asesinos está el que quita la vida por instinto sanguinario o el que mata por razones más o menos comprensibles;  los “asesinos por naturaleza” o los criminales que asumen funciones oficiales;  los que ponen su arte al servicio de una buena causa;  los que se vanaglorian de que nunca han matado sin previa advertencia;  los asesinos más peligrosos que mantienen a raya a otros desechos humanos con despiadada brutalidad,  o sea aquellos que se han arrogado el papel de ser, a la vez tribunal de justicia y verdugo; los salvajes congénitos que son incapaces de dominar la “manía de matar hombres” o los que asesinan por cosas de poca monta. Los que solventan cuestiones de honor con el homicidio. Las muertes que trae consigo el vandalismo juvenil o el exceso de fuerzas vitales.

Los asesinatos valiosos o meritorios que sirvieron para eliminar a hombres peligrosos. Los mercenarios que liquidan por dinero. El que lo hace porque le gusta ver cómo se desploma su víctima. El que se contamina de la sed de sangre para identificarse con un ídolo o modelo criminal. El asesino profesional, “el perfecto asesino”, que mata sin tener en cuenta la relación existente entre él y su víctima. Los que se irritan repentinamente y comienzan a disparar sin previo aviso. Los que liquidan a un individuo sin motivo alguno. Los que encubren su afán asesino con la sombra de un mandato divino. Los que lo hacen por el simple placer de asesinar. El que mata a traición. El envidioso que suma blasones por sus múltiples víctimas. El que se vale de peleas concertadas para asesinar”.…

Agregó el licenciado Larrañaga para la revista “Vínculo Jurídico” que muchos piensan “que el asesinato es  un acto realmente fácil de realizar, que cualquiera puede cometer un crimen.

La parte más difícil, como descubren inevitablemente todos ellos, es deshacerse del cadáver. Resolver este problema equivale a conseguir el asesinato perfecto,  lo que ha estimulado la imaginación humana hasta llegar a límites de crueldad casi inconcebibles”.  Pero concluye,  cuando “leemos que el siquiatra israelí que reconoció a Eichmann,  el asesino nazi de los campos de concentración,  lo calificó como un hombre completamente normal,   (–Después de haberle examinado me parece más normal de lo que mismo me considero—dijo el profesionista),  y otro especialista lo consideró como “ejemplar padre de familia”,  no nos cabe la menor duda de que debemos recurrir a otros esquemas de  interpretación de la realidad”.

Sin embargo, amigo(a) lector(a), ¿recuerdas acaso lo que inicialmente reconoció la hidalguense desventurada, cuando llegaron las cámaras de televisión,  a la Colonia Moctezuma,  el 25 de enero de 2006,  poco después de su arresto casual?

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