DESDE LA BARRERA

¿AMLO no le teme a la cuarta ola? 

Aletia Molina/Sol Quintana Roo

López Obrador convierte en política cualquier tema al reducirlo a la simplonería de culpar al pasado, sus otros datos o los complots de los medios en su contra. No importa que sean temas de salud, financieros o de política internacional, siempre renuncia a analizarlos o consultar a verdaderos expertos… Aunque esto haya traído consecuencias mortales. 

Ahora que vivimos la cuarta ola del COVID con más de 30 mil contagios nuevos, el mandatario y el subsecretario López Gatell se consuelan con el hecho de que sí, hay más contagios, pero como se trata de una variante menos letal, no hay muertes.  

Sin embargo, aclarando contextos: el jueves, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo: “Aunque ómicron parece ser menos grave en comparación con delta, especialmente para las personas vacunadas, no significa que deba clasificarse como leve”. Agregó que está causando muertes y “desbordando” los servicios hospitalarios. Es decir, menos grave no significa inofensiva, como parece creer el Presidente.  

¿Cómo están reaccionando en otras latitudes? En Europa, el fin de año estuvo marcado por al aumento en las restricciones. Algunos países, como Suiza y Francia, pusieron sobre la mesa la obligatoriedad de las vacunas. En Italia (90% de vacunados) se cancelaron todas las celebraciones públicas de Nochevieja y los cubrebocas se volvieron obligatorios en el exterior. Adicionalmente, se anunciaron una serie de medidas preventivas en el transporte de larga distancia, el transporte público local, los cines, los teatros, los museos y los eventos deportivos. Otros países impusieron medidas menos severas, como cierres parciales y el uso del cubrebocas en el exterior, pero no se metieron con la obligatoriedad de la vacunación.  

Estados Unidos consideró, en principio, no cerrar actividades. Sin embargo, la semana pasada se registraron cifras récord de contagios: más de un millón en un solo día; Francia y Reino Unido llegaron a unos 300.000 y más de 200.000, respectivamente. Australia, que se había venido defendiendo con eficacia y contabilizó 50 mil. En estos casos se trata de países con gran parte de su población vacunada.  

Otra vez, la OMS señala que la enorme circulación de ómicron abre el riesgo de que mute a variedades más agresivas, además de que está presionando los servicios hospitalarios a nivel global. El debate sobre la obligatoriedad de las vacunas, las restricciones internacionales a los viajeros, la portación de papeles especiales para circular en los transportes públicos o entrar a lugares como restaurantes o museos se retoma con fuerza. Por supuesto, las protestas contra estas medidas se recrudecen. El debate no es fácil y está afectando a los gobernantes. 

Pero en nuestro país, no hay debate. El gobierno parece decidido a no cerrar ninguna actividad social o económica. Tampoco impondrá la obligatoriedad de la vacunación o el uso del cubrebocas.  Vamos, ni siquiera hay preocupación por un aumento en las hospitalizaciones o las afectaciones a los niños.  

El gobierno sigue utilizando políticamente las vacunas y se niega a realizar un número mayor de pruebas. Sheinbaum se jacta de que en los centros gratuitos de pruebas se hagan 50 exámenes diarios por cada sede, algo completamente insuficiente, pero ayuda a que las estadísticas no sean peores, si no se contabilizan, pues, no se ven. 

No hay ninguna presión de importancia para que el gobierno de López cambie su política. La mayoría de la población, incluidos los empresarios y comerciantes, no quieren la obligatoriedad de nada ni el cierre de establecimientos grandes o pequeños. Fueron muy duros los meses de cierre y hay la creencia de que el gobierno está manejando bien la pandemia del COVID-19.  

El lema parece ser: cerrar los ojos y arriesgarse.  

Las familias que han perdido a uno o varios de sus integrantes han sido afectadas gravemente. Los sobrevivientes de la pandemia sufren secuelas que podrían acompañarlos de por vida. Y no, el gobierno no ha hecho un buen trabajo, pero parece no importar lo suficiente para reclamarle a AMLO y que modifique su política. 

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