Desafío: Grandes hipocresías / La Iglesia o el PAN

Por Rafael Loret de Mola

El mandante López Obrador montó en cólera, y no lo disimuló, luego de que una foto familiar infortunada fuese subida a las redes sociales por alguna de las aplicaciones de los parientes cercanos hace dos años. En la gráfica se observaba al propio funcionario con su hijo menor lo que atrajo la curiosidad general porque rara vez puede verse a este con su vástago –con exceso de peso como refirió el propio Andrés Manuel-, lo que dio lugar a una catarata insolente de “memes” para abrir con ello, de nuevo, la polémica sobre si debe preservarse la identidad de los menores de edad. El muchacho, Jesús de nombre, tiene ahora diecinueve años y ya no es un niño como sus defensores arguyen.

Por supuesto, estoy en contra de cualquier escarnio contra un jovencito y más para quien se encuentra en vulnerabilidad extrema por el padre que él no escogió. Como bien aseveró López IV la pelea es con él y no contra quienes dependen del mismo aunque en el caso de su consorte, Beatriz Gutiérrez Müller, quien apareció bajo candilejas a mediados de su campaña en 2018, esta sí debe ser motivo de críticas por algunas de sus apariciones más controvertidas y por su papel de correctora histórica con la que ha metido en serios problemas a su marido –aunque no exista ninguna fotografía de su casamiento-. Quizá por ello ya desalojó Palacio Nacional; le queda el de Hierro para mitigar nostalgias.

Durante la larga y dura campaña presidencial, López IV no tuvo rubor alguno en mostrarse, en su departamento y en camiseta –de esas producidas en Japón y que son muy comunes en el sur y sureste del país-, tratando de ayudar a Jesús a hacer la tarea sin que nadie hablara entonces de que se exhibía a un niño a quien se ponía en alto riesgo por la condición política de su papá. Entonces nada dijo tampoco la señora Gutiérrez, madre del infante, como sí se pronunció cuando algunos “memes” ofendieron al pequeño tras acompañar a su padre en la apoteosis tras su victoria electoral en julio de 2018. #conlosniñosno: y estuve de acuerdo con esta postura y lo estaré siempre.

La hipocresía surge desde dos hechos innegables: el uso del pequeño en la campaña para mostrar una suerte de relajamiento familiar y, sobre todo, luego del asesinato del hijo de Alejandro Martí, Fernando, de catorce años en agosto de 2018, cuando el entonces presidente electo declaró, casi ufano y con una grotesca vulgaridad: “ni hablar; un pirruris menos”. Entonces, de manera inexplicable, no se produjo un linchamiento mediático… y en el colmo del cinismo hoy la vocería presidencial, en manos de la marioneta Jesús Ramírez Cuevas, niega rotundamente la expresión.

Hay más, mucho más. Para intentar justificar el asesinato de dos jesuitas en la sierra de Chihuahua –además de un guía turista y la desaparición de cuatro personas más-, López IV adujo que todo ello era “consecuencia del pasado” y no solo eso aprovechó el asunto para hablar con desprecio de la orden religiosa –de donde proviene el Papa Francisco-, e insistir en que ya no se disparaba contra los delincuentes desde helicópteros como “antes”.

Por desgracia, el mandante no da su brazo a torcer y sigue protegiendo a los criminales con sus célebres abrazos y su léxico respetuoso hacia los capos: “me señalan –dijo- porque saludé a la mamá del señor Guzmán Loera”. El señalamiento no venía al caso sobre todo porque “El Chapo”, a quien no quiere López IV llamar así disculpándose por haberlo hecho, es uno de los mayores matones en la historia del país y no merece más adjetivo que el de infame, no así la sociedad a la que tilda de conservadora ni a los periodistas a quienes fustiga llamándoles “mafiosos” y toda clase de injurias en una muestra de desequilibrio mental francamente agudo o de una prepotencia sin límite alguno.

Y esto es tan solo una pequeña muestra de la ausencia de escrúpulos y de su condición de cómplice de los facinerosos.

        La Anécdota

La hipocresía mayor del hijo de Manuelita Obrador y Andrés López –la costumbre del doble nombre privilegia a la progenitora y se utiliza en primera instancia el nombre de esta al bautizar a los hijos-, es con referencia, precisamente, a la religión.

Francamente, me sorprendió cuando Andrés mostró una estampita del Sagrado Corazón y leyó la leyenda: “Detente; el corazón de Jesús está conmigo”. No, definitivamente, no era el mismo AMLO a quien conocí en Tabasco hace veintiséis años y me confió:

–El PAN es la Iglesia más venenosa y debemos superarla para terminar con los fanatismos.

No estuve de acuerdo, por supuesto, y le respondí:

–Con esta teoría te echarás encima al 80 por ciento de los mexicanos.

Quizá por ello el activista de entonces se convirtió a la Fe al asumir la Presidencia; y hasta 2022 cuando minimizó los crímenes contra los jesuitas.

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