Desafío: Dedazo o destapador

No hay dedazo ya, exclamaron los dirigentes de Morena unos días después de la apoteósica fiesta de Mario Delgado, presidente del organismo, para agasajar los quince años de su hija como un millonario, tan cursi como fifí, desprendido de toda obligación política cuando mantiene a México en la profunda incertidumbre sobre su futuro.

No hay dedazo, pero sí hubo destapador que exaltó a las corcholatas como preseas o premios y deshizo o se inventó precandidaturas negociando con descaro con sus partidos aliados, el PT y el Verde, admitiendo aspirantes de esta filiación para encender más las turbinas de una aeronave en ruta hacia una explosión inexplicable para millones de mexicanos tuertos. Y de este punto surgió, con habilidad maquiavélica, la sobrerrepresentación en las Cámaras.

Rompiendo los tiempos electorales marcados por la ley, vaya si se adelantaron los que fueron llamados “coordinadores para la transformación”. Solo un cerebro obtuso, delirante, con tintes de estar sacudido por dentro por los espíritus de los tiranos que nunca admitían un “no” como respuesta, puede creerse que la ingenuidad de los mexicanos sea tanta como para digerir semejantes patrañas entregándoles cinco millones de pesos -que fueron muchos más al final-, para pasearse sin promoverse, un absurdo tan grande como la permanencia del mandante en el poder a pesar de las deudas sociales y morales contraídas por él en contra del pueblo.

¡Jamás ha gobernado para los pobres a quienes nunca intentó sacar de su postración salvo por el programa de las limosnas! Y todo para que sirvan de yunque para los bueyes acarreadores de votos comprados con mil ochocientos pesos y un viaje a Toluca, desde la CDMX -esto es bajo la organización de Claudia Sheinbaum cuando aún ejercía la jefatura de gobierno de la urbe, para sufragar por una maestra de primaria, Delfina Gómez Álvarez, profundamente corrupta desde que fue alcaldesa de Texcoco y obligaba a quienes trabajaban para ella a entregarles el diezmo. Ahora el grupo Texcoco, con Hilario Martínez y Horacio Duarte, ha desplazado al priista Atlacomulco que se quedó con Peña y su devastación en un país acicateado por las trampas de miles de corifeos. Y esto solo en el Estado de México.

No hay cambio, sino gatopardismo -bien valdría la pena el análisis sobre ello-, o “El Gatopardo de Andrés” para entender la coyuntura de aquel pretencioso dispuesto a recrear el “Maximato” callista o convertirse en referente internacional con una estructura latina parecida a la OEA por considerarla lacayuna de los Estados Unidos; y aunque podría no faltarle razón en este punto las pretensiones son bastante superiores a la realidad palpable.

¿Qué hará AMLO luego de su nueva apoteosis del 2 de Junio pasado? Es probable que se vuelva loco o recrudezca su enajenación, como ya ocurrió con su mayor antagonista, Carlos Salinas, quien al dejar el poder se sintió tan hundido que recurrió a la argucia vulgar de una huelga de hambre, en San Bernabé, Nuevo León, para defender la honra de su familia dilapidada por Raúl, el hermano incómodo, preso por su relación con el magnicidio de su cuñado, Francisco Ruiz Massieu. Una familia tan disfuncional como la del propio AMLO quien defiende bajo su manto a hermanos, hijos, primos y una gama de figuras intocables a pesar de haber sido descubiertos por la opinión pública o, mejor dicho, por los periodistas críticos tan vilipendiados por la suprema voluntad cada que amanece en Palacio Nacional. Esta es la terrible herencia de Claudia Sheinbaum: rompe o se somete. No tiene otro camino.

Encarrilados los pretensos secretarios de Estado, forrados con millones de pesos que les otorgaron para exaltar la 4T deplorable solo para esta gira de reconocimiento que nos caerá como tormenta huracanada de desviaciones tales como la de escribir libros destinados a disimular los graves yerros de la 4T o el audaz contrapeso de quien se pone al frente de las mujeres, mintiéndoles, cuando solo se ha convertido en productora de espectáculos masivos -pan y circo- con cargo al erario y como señuelo para los ignorantes y manipulados, lo mismo que drogadictos y enfermos por el abandono familiar, cuyos votos valen lo mismo que el de cada egresado de las universidades o profesionales que piensan, pero no pueden resguardarse de la marabunta de los infelices.

       La Anécdota  

Valuando al mandante por diversos puntos de la geografía nacional me encuentro con el argumento más socorrido para aprobarlo: los bonos que se entregan a los adultos mayores y discapacitados -entre quienes situamos a los llamados “ninis” que son también handicaps mentales-. Es una argucia si consideramos que el propio AMLO ha dicho que de entre los pobres y marginados se encuentran sus votos en un acto supremo de cinismo y demagogia.

Pese a ello, la fortaleza de la propaganda goebbeliana, el icono de Hitler, al servicio del totalitarismo actual recrudece la teoría de tremebundo plan para avasallar al mundo y, especialmente, a Latinoamérica, digamos el primer eslabón, con objetivos inciertos medidos por el odio intrínseco hacia los Estados Unidos. Tal es el meollo de la compleja situación actual liderada por AMLO, Lula, Díaz Canel, Ortega, Petro y Maduro. ¡Era cierto el acuerdo para dar forma al célebre Foro de São Paulo!

En esta tesitura arrecian las verborreas contra los críticos -el único contrapeso que va quedando, muchas veces perdido por las amenazas y la desinformación que surge del poder mismo-, incluso las y los jueces arrinconados -en Veracruz la represión es de mayores decibeles que la implementada por el reo Javier Duarte de Ochoa-, además de los empresarios no sumisos, es decir aquellos que saben del riesgo de sus inversiones bajo un régimen absolutamente descarriado. Los muy grandes multimillonarios, se acercan y se alejan del régimen con movimientos estratégicos que no siempre son favorables.

De allí la inestable economía -se presume por el “súper peso” y las remesas-, sin oxígeno para llegar a una pobre meta de crecimiento en un periodo dominado por la improvisación, el mayor defecto del populismo usado sin el menor sentido de responsabilidad por los herederos de Goebbels.

Parece un desafío casi imposible remontar la ignorancia que adoptan los analfabetos culturales que se dejan llevar por el flautista de Tepetitán.

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