Desafío: Carcajada del gato / Mes de efemérides

Por Rafael Loret de Mola

Cuando escribí “El Gatopardo de Andrés”, siguiendo la huella del gran novelista Guissepe Tomasi de Lampedusa –“El Gatopardo”, 1954-, no observaba en la perspectiva lo rápido que caerían los antifaces de la hipocresía que convirtieron al protagonista de mi versión de un presunto redentor –o mesías si se quiere-, a un farsante de libro después de cacarear tanto el esquema de la Cuarta Transformación sin modificar nada volviendo sobre sus pasos al pretérito.

López Obrador se ha convertido en lo que niega ser, una especie de neoliberal de clóset o, peor aún, en un nuevo estereotipo de priista de armario adherido a los viejos vicios del sistema a los que tanto cuestionó cuando estaba del otro lado del escritorio presidencial y no medía adjetivos, provocaciones y manifestaciones para exaltar su liderazgo opositor a lo largo de un cuarto de siglo, digamos desde 1995 cuando decidió bloquear los pozos petroleros de Tabasco infringiendo las leyes y para protestar por el supuesto fraude electoral en los comicios para gobernador de Tabasco en 1994 cuando se impuso, con mil truculencias, otro mañoso tabasqueño: Roberto Madrazo Pintado. Luego volverían a verse las caras en las elecciones de 2006, también manoseadas pero sólo que a favor del entonces partido en el poder, el PAN y de Felipe Calderòn.

Ahora Andrés hace proselitismo con alto costo para el erario, temeroso de que la revocación de mandato sea efectiva dentro de once días. Primero anuncia que reducirá la edad para la pensión universal –incluyendo a todos los mexicanos con esta edad y mayores, hasta él-, la misma que comenzó a organizarse desde el año anterior, luego de la jornada electoral intermedia, con evidente ánimo de estar en la boleta del 2021 pero como zopilote, revoloteando sobre ella en busca de la carroña de los electores guiados por su voluntad hacia el abismo de la indignidad.

Y, para redondear, en burla flagrante al Instituto Nacional Electoral que defiende su autonomía tratando de reducir la sobrerrepresentación de un partido –en este caso la MORENA de AMLO-, que reduce la democracia, otra vez, al presidencialismo unipersonal, autoritario, el peldaño anterior a una nueva dictadura: Iturbide, Santa Anna, Porfirio Díaz, el PRI –con su abuelo el PNR y su padre el PRM- y la 4T –por tiranía sería la quinta-.

¿Qué pretende? Sus “informes”, como una interminable secuela de autoelogios y arengas manipuladoras con números tan sombríos y falsos como los derivados de la maldita pandemia o de la vacunación con la marca “Patria” que sigue en proceso… a cuatro años y un mes tras el inicio de la pandemia en México.

¡A este grado de soberbia hemos llegado! Sólo que el reyezuelo de Palacio Nacional ya tiene contrapeso y lo pudimos constatar el domingo 21 de marzo de 2021 cuando una multitud lo señaló ¡culpable! por quince delitos de elevada sanción por los que debería purgar sentencia de más de 200 años de prisión –vitalicia, diríamos-, además de la destitución inmediata de su cargo. Luego se repetiría la dosis con las multitudinarias protestas del 13 de noviembre de 2022, el 26 de febrero de 2023 y el 18 de febrero de este año, que no dejaron dormir al soberbio inquilino de Palacio Nacional que promovió en su descargo, con gran costo para el erario y con miles de acarreados, el 27 de noviembre del 2022 y el sábado 18 de marzo de 2023.  

Allí estuve, el 26 de febrero del 23 en Tampico, y seguí la ruta en otras marchas más. No tendré que preocuparme por lo que digan de mí todos mis descendientes cuando pregunten que hacía yo en las horas oscuras de México. Los aduladores y los zopilotes se quedarán callados para siempre. ¡Muera el mal gobierno!

       La Anécdota

Por terminar marzo debemos aceptar los célebres idus del mes con más rastros terribles pero igualmente con despertares magníficos. El 21 honramos el natalicio de Benito Juárez, el mayor de los mexicanos, nacido en 1806 y elevado al altar de la patria en 1872; ahora además será efeméride de la puesta en marcha de la estación de aviones en Santa Lucía hace ya dos años; y el 23 del mes recogimos la dolorosa efeméride del crimen abyecto, sin que se acuse a los autores intelectuales del mismo, contra Luis Donaldo Colosio quien, acaso, habría cambiado el modelo presidencialista como lo prometió diecisiete días antes a la sombra del Monumento a la Revolución.

En ese mismo espacio, el domingo 21 de 2021 –fecha que señaló el falsario de AMLO para la encuesta que debería llevar a proceso a sus predecesores apostando después a la amnesia del colectivo- donde yacen los revolucionarios más señalados, los caudillos y los mandatarios asesinos, desde Madero, Carranza, Cárdenas y Villa hasta Calles y Obregón, levantamos la voz medio millón de compatriotas, la mía también, para reclamar la extinción de un régimen que lo ha traicionado a todos. Debemos pasarle la factura el próximo 2 de junio sin prejuicios ni temores ni falsas interpretaciones. Hagámoslo contra todo intento de ofensiva manipuladora desde el poder presidencial.

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