Desafío

*Luces de circo

*La propaganda

Rafael Loret de Mola/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

La mayor expresión de la parodia presidencial fue su torpe, trabado y repetidor discurso, el año anterior, en el Zócalo –sin lleno porque se acabaron los camiones de acarreados-, en donde retrató a su régimen con el espejo negro de Tezcatlipoca. Fue un abismo cuando insistió en la democracia y su supuesto combate a la corrupción al grado de que negó conocer a José Luis Abarca, exalcalde de Iguala -hay constancia de lo contrario-, tras algunas tibias protestas de los padres de las víctimas de Ayotzinapa.

También aseguró que no tiene complicidades y repitió su pregón sobre que “no somos iguales” mientras miles de mensajes electrónicos le dijeron que, en efecto, era bastante peor a sus predecesores y acerca de un expresidente, Felipe Calderón, expresó que había dejado la presidencia del país para convertirse en el líder obcecado de una facción política. Esto es, volvió a ser candidato suponiendo que si rebasa al INE, su gran objetivo, y hace ganar a su corcholata, hoy la marioneta de la Catrina de Posadas, en 2024 estará seguro bajo el cielo de la impunidad y acaso convertido en el que mueve los hilos… si los mandos militares lo permiten. ¡Y EUA!

Desde luego el temor sí hizo patente. Se obligó a la Guardia Nacional a despojarse de sus uniformes para mezclarse entre la multitud y resguardar al mandatario fingiendo que miles se le acercaban haciéndole recorrer muy despacio la marcha por él convocada y que se convirtió en el mayor acarreo de la historia. Y lo aceptó Andrés Manuel:

–Sí, hay muchos acarreados; pero es porque están muy contentos por la lucha contra la corrupción.

Y, en el clímax, AMLO habló de cambiar de política y de presidente como sustento de los años por venir; con ello, claro, provocó la gritería a favor de su permanencia en el poder mientras se secaba la frente con un pañuelo. La hipocresía llegó todavía a más cuando incluso habló, repetitivamente, de los esfuerzos por aclarar el caso de Guerrero e impedir la impunidad. Se alargó en este punto como una especie de preámbulo para proponer una nueva “comisión de la verdad”, exactamente en la línea del pasado inmediato, y aprovechó para elogiar a Rosario Ibarra, cuya hija Rosario Piedra Ibarra es la presidente de una de las instituciones tomadas por Andrés Manuel: la CNDH.

Mientras los contingentes solicitaban que terminaran las largas explicaciones sin sustentos, repetía las mismas consignas sobre la situación del país que se “ha agravado” porque no cesan las intentonas de las compañías corruptas. Nada de esto dicho sin pruebas -como tanto exigen quienes tratan de defender al mandante de los señalamientos en su contra-, y con absoluta falta de una argumentación basada en un juego de cifras destinadas a marear y manipular a la población porque “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. Como aceptar que existe la fortuna de una administración que se va quedando sin fondos.

La realidad es simple: los empleados federales y estatales fueron obligados a asistir al Zócalo además llevando dos personas con cada uno de ellos a quinientos pesos por cabeza, además de comprometer a los gobernadores y a sus corcholatas -Marcelo, Sheinbaum la casadera y Adán López- a medir fuerzas con el número de borregos llevados al centro neurálgico del país. No hubo tal apoyo masivo como se pretendió sino una concatenación de propaganda fascista rebosante de manipulación colectiva.

El costo millonario de la “gran marcha” con la que AMLO pretendió “tapar” la multitudinaria protesta de quienes se oponen a su gestión, calculado en más de mil millones de pesos, representa uno de los acercamientos al descarado fascismo que, por supuesto, ya no es simple especulación. La exaltación a la personalidad, provocada por una propaganda enferma de manipulación colectiva, es muy evidente lo mismo o más que el fracaso de la selección mexicana de fútbol.

Pero ¿qué se pretende? Creo que está a la vista el propósito: exhibir cómo puede reaccionar el mandante en 2024 en caso de que el INE sobreviva y acredite la victoria de alguno de los opositores, incluyendo a quienes se salgan del huacal de MORENA por la obcecación presidencial a favor de Claudia Sheinbaum Pardo quien apresuró su boda con Jesús Tarriba, ligado al cártel de Sinaloa, cual si se tratase de un acto adelantado de campaña.

Y, desde luego, cabe insistir por qué el Tribunal Electoral no actúa, firme como hasta hace uno y dos años, contra quienes, con el mayor descaro, se proponen desde ahora como la luz que alumbrará a la 4T una vez que cese el actual período gubernamental y AMLO decida retirarse a descansar a “La Chingada”… por un tiempo corto, dicho esto por la seguridad de que no cesará en su intento de dirigir la orquesta desde los balcones. A lo mejor si MORENA gana lo dejan seguir alternando sus noches entre su rancho de Palenque y el Palacio Nacional en el colmo de la farsa. Como Antonio López de Santa Anna.

Cuando López IV habla de un cambio de mentalidad se refiere, claro, a que todos piensen como él; no es referencia a la necesidad de que el colectivo salga de su sumisión -lo mismo que el “Tri” se destaque como potencia mundial del balompié-, sino a que sólo serán aceptados en el “nuevo mundo” amlista aquellos dispuestos a ponerse la camiseta del fascista mexicano quien, en su incongruencia, pretende ser paralelo a Juárez traicionado todos los principios y perspectivas del Benemérito. La farsa ha llegado demasiado lejos.

México no es AMLO y es lo que debería subrayarse para acabar con la falacia del falso icono.

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