Desafío

*Adiós al Banco

*Algunos peores

Rafael Loret de Mola/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Agustín Carstens Carstens, segundo que fue del aristócrata español Rodrigo Rato y Figaredo en el Fondo Monetario Internacional (FMI), auguró una baja en el crecimiento nacional –los economistas insisten en que NO se puede hablar de decrecimiento porque es inverosímil en términos de desarrollo aunque exista-, en 2017, como señal de despedida del Banco de México en donde inició sus andares como economista en 1980. Luego pasaría por la secretaría de Hacienda, con el aval de Rato –una verdadera rata-, rompiendo todas las sillas de sus despachos por causa de su voluminosa humanidad.

Más allá de su voluptuosa figura –era el funcionario de mayor peso físico en la ente mundial en su momento-, Carstens parecía tener la varita mágica por sus contactos de alto nivel cuando llegó a México con el aval de algunos de los más poderosos socios financieros de México en el mundo; una estrella, nada menos, y tan grande que todos podrían verla. Pese a ello, su trabajo en Hacienda dejó mucho que desear, como el de sus predecesores y sucesores –ninguno se salva-, en medio de crisis estructurales universales, generadas oficiosamente por Wall Street, y agravadas en nuestro país por la ausencia de alternativas para vadearlas.

De hecho, México fue el último país en salir de la inducida recesión, que comenzó en 2008 dejando secuelas todavía no superadas, causada, entre otros factores, por la gran cantidad de delitos bancarios y la crisis alimentaria mundial, insisto, provocadas desde los Estados Unidos para expandir su dominio sobre las naciones más depauperadas por el gobierno de Washington. Si ya estábamos con graves problemas antes de Trump, con la administración de Biden, marcado como incompetente por el 68 por ciento de los estadounidenses, se cerraron las salidas e inició la asfixia, agravada por la xenofobia hipócritamente oculta, sobre todo, hacia México. Pero para AMLO son los cantos de sirena… y fentanilo.

Pendientes de los informativos norteamericanos y de los programas de parodia política combinados con la seriedad, no hemos encontrado alguno, ni uno solo, que defienda a Trump o a Biden con explicaciones razonables sobre sus actuaciones. Mucho menos con el ridículo que hizo AMLO el año pasado, a estas alturas, al negarse a reconocer lo evidente, la victoria absoluta de Joe Biden en las elecciones del martes 3 de noviembre de 2020.

Carl Bernstein, quien junto a Bob Woodward destazó a Nixon por el caso “Watergate”, señaló a Trump como un “psicópata” mientras sus compañeros de mesa, incluyendo una artista cómica, le lanzaban diversos epítetos asegurando que no podía sostenerse en el poder quien había dado muestras evidentes de no saber gobernar.

En paralelo, en México sucede otro tanto, solo que aquí, se dice, que la aprobación a AMLO es todavía “mayoritaria”; no sé de dónde sacan las cifras los encuestadores pero eso alegan. Sabemos sí que la República está ensangrentada y vive días de zozobra interminables por los virus, el hambre que avanza, el desempleo y como cereza del pastel putrefacto la maldición de las imposiciones partidistas.

Noviembre no arrojó luces sino más oscuridad.

        La Anécdota

Hacemos el recuento de los peores gobernadores de este lapso marcado por la “grilla” barata de los dirigentes partidistas:

1.- Layda Sansores Sanromán, de Campeche, señalada por sus histriónicas majaderías amén de su cercanía con los narcos y súbdita de Claudia Sheinbaum. Es genéticamente corrupta si nos atenemos al pasado de su padre, el “Negro” Sansores.

2.- Cuitláhuac García Jiménez, de Veracruz, morenista, empeñado en servirle al presidente como moderno barbero a cambio de no cumplir con ninguna de sus promesas de campaña y dejando espacio para los criminales. Luego de Duarte y Yunes siguió el alud de politiquerías.  

3.- Ricardo Gallardo Cardona, de San Luis Potosí, empeñado por sus vínculos non santos con los peores. Fue postulado por el PT y el Verde, aliados de Morena pero sin ser morenista. ¿De qué se trataba? De darle vuelo por sí solo y vadear las posibles acusaciones y rencillas en su contra.  

4.- Evelyn Salgado, la niña de papi, el célebre violador de Guerrero en las cavernas del nepotismo inexplicable, quien NO ha sido capaz de controlar o suavizar, siquiera, la rebatiña entra los cárteles que rodean al Palacio de Gobierno.

5.- Américo Villarreal Anaya, de MORENA también, quien disputa con su antecesor, Francisco García Cabeza de Vaca, panista por razones desconocidas, el apoyo de los cárteles que pululan por su entidad. Está absolutamente atrapado en las redes de los sicarios más afamados y acusado con ferocidad antes de los comicios para después dejarlo a su aire con la Fiscalía General en retirada. Una vergüenza.

Esto es, curiosamente, cuatro morenistas y un aliado. Los alumnos del PRI salieron peores que sus padres políticos. ¡Caramba! Y yo que creía, como la mayor parte de los mexicanos, que aquellos eran los más nefastos.

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