DESAFÍO

*Divisiones, Dinero

*Presidente o Roble

Rafael Loret de Mola/Sol Quintana Roo

El año continúa mostrando todas las aristas de una política, la de la TTTT, completamente anquilosada y torpe, acaso también perversa bajo los designios de una sola, suprema voluntad que parece fortificarse a medida de su inclinación totalitaria, autócrata. AMLO no es, de ninguna manera, un demócrata capaz de escuchar disensos o admitir contrapesos y esto está a la vista hasta de los mayores aduladores obviamente mercenarios.

Observamos a los partidos políticos, en el inicio de 2022, no solo divididos sino fracturados y con militancias en rebelión y confrontadas, unas por la ligereza con la cual se arman las candidaturas ajenas a los principios torales y otras porque no quieren plegarse al antiguo método presidencialista del “dedazo” y de la excesiva presencia el mandante-mandatario dentro del instituto por él fundado, MORENA, cuando en el PRD algunos sectores comenzaron a inquietarse por el exceso de protagonismo de AMLO, tras su segunda derrota como aspirante presidencial en 2012 aunque

existieran dudas razonables sobre las impudicias de los procesos en ese año y seis atrás, en 2006.

Es evidente que el PRI y el PRD están rebasados por los nuevos tiempos y por la desconfianza general hacia las dirigencias zigzagueantes. El PRI corre el riesgo inminente de agotar sus gubernaturas –este año podría perder dos, las de Hidalgo y Oaxaca, de las cuatro que aún tiene con Edamex y Coahuila como baluartes-, y con ello redondear el cero en cuanto a su territorialidad; y el PRD, sin alianza posible en Aguascalientes donde es clara la fuerza del panismo con una lideresa firme, no parece tener espacios para alguna recuperación.

Por su parte, el PAN parece estar en la cuerda floja por el éxodo de simpatizantes –es el partido con un menor número de éstos aunque represente a la segunda fuerza electoral del país-, y los altibajos de sus líderes y gobernadores, situados entre denuncias de haber lucrado con el narcotráfico –tal es el caso de Tamaulipas y Quintana Roo-, y acoso misógino a candidatas con perspectiva ganadora como sucedió en Chihuahua en 2021 –bajo las asechanzas del todavía impune Javier Corral-, y comienza a repetirse en el caso de Aguascalientes por la soberbia ciega del gobernador Martín Orozco.

Con lo que respecta a MORENA los desacuerdos son enormes y han llegado a la cúspide en donde se defiende al siniestro gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, luego de destazar el estado de derecho en la entidad, mientras desde las bancadas camarales, específicamente la del Senado, se le acusa por afrentar contra los derechos de la ciudadanía tras la aprehensión de José Manuel del Río Virgen, secretario técnico de la Junta de Coordinación Política de la Cámara Alta y operador de Monreal en sus sueños presidenciales. Lo grave es que a esta corriente se sumó el presidente del partido, Mario Delgado, en una especie de temerario jaque al Palacio Nacional.

Si a ello agregamos la docta actitud de Porfirio Muñoz Ledo quien salió a cuestionar a sus compañeros de partido en el Senado por su lacayuna actitud ante el presidente y la autocracia, el dilema se convierte en uno conflicto serio cuyo destino puede ser, otra vez, la ruptura al grado de que AMLO tenga la ocurrencia de apoyar a otra opción o fundar, una vez más, un partido más “puro” a sus intereses personalistas.

Mientras todo ello ocurre, Movimiento Ciudadano (MC) avanza, como nunca antes, con dos gubernaturas claves en su bolsillo –Jalisco y Nuevo León- y decenas de Ayuntamientos.

De allí que Dante Delgado, su fundador, haya expresado su seguridad respecto a que ganará la presidencia de la República en 2024 ya sin AMLO como factor populachero. Las cortinas de fuego nos llevan a Xibalbá.

La Anécdota

Finalizaba la década de los 40s del siglo pasado y un joven reportero se atrevió a indagar sobre los rumores acerca de que el presidente de la República, Miguel Alemán, no estaba bien de salud. Acudió al secretario particular del mandatario, Rogerio de la Selva Escoto y éste, en tono de reprimenda, le respondió:

Mire, jovencito. El presidente Alemán no se enferma nunca. Es un roble y está día a día al servicio de la patria.

Entonces, ¿por qué no está en su despacho?

Que no lo vea usted es otra cosa. No sea impertinente y regrese a buscar notas que valgan la pena.

Así, hasta hoy. Un presidente enfermo, Andrés, oculta su realidad y miente sobre las cifras de la pandemia para justificar el desdeñoso mal ejemplo personal hacia las mínimas medidas sanitaria. ¿Qué deberá ocurrir para que se ponga un cubrebocas como la mayoría de los mexicanos?

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