CHETUMAL, A 67 AÑOS DEL HURACÁN “JANET”

*Fue en la transición del 27 y 28 de septiembre de 1955, que quedó registrada una de las páginas más trágicas en la historia de la Capital y Quintana Roo

Luis Enrique Tuz/Sol Quintana Roo

Chetumal.- Este 27 de septiembre se cumplieron 67 años del aniversario luctuoso del huracán “Janet”, que en el año 1955 destruyó la ciudad de Chetumal, por eso se realizó en el Panteón Municipal una ofrenda floral en la fosa común, sitio donde fueron depositados los restos de las personas que no fueron identificadas en su momento.

En el evento oficial en la que estuvieron las autoridades de los tres niveles de gobierno, por razones no aclaradas, no estuvo el cronista vitalicio de Chetumal, Fabián Herrera Manzanilla, sin embargo, estuvieron dos sobrevivientes Emilio Villanueva Enríquez y Manuel Olivera Ken.

Fue en la transición del 27 y 28 de septiembre de 1955, que quedó registrada una de las páginas más trágicas en la historia de la Capital y Quintana Roo. Se trató del impacto del Huracán “Janet”, fatídico viajero que prácticamente arrasó con la ciudad, para algunos, es considerada unas las grandes catástrofes naturales registradas en la península de Yucatán.

Con relación al número de habitantes a la llegada del “Janet”, existe mucha imprecisión, Herman Konrad señaló que eran 5 mil, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) 7 mil 240 y el profesor Santiago Pacheco Cruz estimó 12 mil 058.

La ciudad Chetumal era apacible y aún estaba en vías de consolidación, despachaba como Gobernador del Territorio, el controvertido y polémico Margarito Ramírez Miranda.

La arquitectura predominante era la de madera y láminas de zinc estilo “anglo caribeño”, existían pocas casas de particulares de mampostería.

En lo concerniente a los edificios públicos de concreto, estaba el Palacio de Gobierno, ya concluido con sus tres niveles; el Teatro “Presidente Ávila Camacho”, con su techumbre de láminas; el Jardín de Niños “Benito Juárez”; el Hospital “Morelos”; la Escuela Primaria “Belisario Domínguez”; la “Presidente Obregón; el Hotel “Los Cocos”; la Penitenciaría del Territorio; el segundo aeropuerto; el Faro; la sede la Compañía Fija del Territorio; el Mercado, “Presidente Alemán”; la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, aún en construcción; habilitados como refugio en forma oficial, y por los chetumaleños, quienes al sentir los fuertes efectos del meteoro acudieron a ellos.

El huracán se gestó en el otro lado del Atlántico como una onda tropical débil, pero a medida que se trasladaba hacia el oeste, se iba fortaleciendo, así, el 26 de septiembre evolucionó a tormenta tropical y rápidamente en un huracán ya con más de 200 kilómetros por hora.

Fue el décimo huracán registrado en esa álgida e imborrable temporada ciclónica; su nombre fue retirado para siempre de la lista por su gran estela de destrucción y muerte ocasionada a su paso por el Caribe y la península yucateca.

En la ciudad, se empezó a monitorear a través de las comunicaciones recibidas por medio del Observatorio Meteorológico Nacional, días antes.

Por tal motivo, al definirse su trayectoria hacia la capital, el gobierno territorial, apoyado en los elementos de la Inspección de Policía y la Guarnición de la Plaza, recorrieron la ciudad para exhortar a la ciudadanía a que acudieran a los refugios habilitados, ya que se tenían noticias de su inminente llegada y peligrosa fuerza, sin olvidar, el perifoneo realizado por las arterias capitalinas.

Sin embargo, muchas personas no optaron por acudir a los refugios y decidieron quedarse en su casa, hubo en cierto modo incredulidad sobre su llegada y sus efectos; “Hilda” semanas atrás, había amenazado con llegar, pero desvió su curso hacia el centro de Quintana Roo.

El momento crucial empezó a partir de las 10:00 horas, de la noche del 27 de septiembre, cuando sus efectos ya se sentían y muchas personas al ver que sus casas no resistirían, en pleno vendaval acudieron a los refugios que ya estaban casi saturados, encontrándose en su camino con láminas volando y proyectiles de madera, que les causaron la muerte.

Las aguas de la bahía se desbordaron del sur ingresando casi al legendario cerro de la avenida de los Héroes, un fenómeno que los especialistas llaman “Mar de Leva”, devorando todo a su paso incluso vidas humanas.

Los pozos y zanjas con más de un metro de profundidad, construidos para empezar los trabajos de instalación de la red de agua potable, fueron trampas mortales para muchos.

Al amanecer el 28 de septiembre, era todo muerte, desolación y destrucción, aquella pintoresca ciudad prácticamente desapareció.

La cifra oficial de muertos, ascendió a 87, pero extraoficialmente se habla de 300 y el Centro Nacional de Prevención de Desastres Naturales, estima fueron 712 fallecidos.

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