AUTORIDADES CORROMPIDAS

*Las policías de la entidad se convirtieron en verdaderos brazos armados de los cárteles. Por ello había acciones que nadie entendía de otra manera más que como complicidad abierta y descarada

*De acuerdo con cifras oficiales, en un trienio fueron detenidos unos diez mil criminales en Ciudad Juárez, acusados de secuestros, narcomenudeo y asesinatos, pero solo unos quinientos se quedaron en prisión

*El Operativo Conjunto Chihuahua resultó un fracaso, después de seis meses quedó claro que, frente a la ola de terror que azotaba a Chihuahua, el despliegue de policías y militares era insuficiente frente al poder del narcotráfico

Ricardo Ravelo/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

(Segunda de cinco partes)

Ciudad de México.- El panorama en Chihuahua era negro. Además de la ineficacia del gobernador Baeza y de la colusión de muchos alcaldes con el crimen, se sumaba el hecho de que las policías de la entidad se convirtieron en verdaderos brazos armados de los cárteles. Por ello había acciones que nadie entendía de otra manera más que como complicidad abierta y descarada de los cuerpos de seguridad.

En varios municipios era común –pero en Ciudad Juárez alcanzó niveles de escándalo– el hecho de que la policía detenía a presuntos narcos y delincuentes de otros giros y tan pronto se ponían a disposición de las autoridades estatales, no tardaban ni 48 horas encerrados porque los ponían en libertad.

Un caso que llamó la atención y que ejemplifica lo anterior fue el de un policía joven que detuvo a unos sicarios cuando viajaban a bordo de un vehículo. Iban armados hasta los dientes. Al policía le advirtieron que no se arriesgara porque lo iban a matar. La gente que iba en el vehículo era muy peligrosa. No hizo caso. Procedió a efectuar la detención de los delincuentes, armado con un rifle R-15.

Uno de los narcos le advirtió: “En 48 horas estaré libre y te buscaré para partirte la madre”. La sentencia era real y se cumplió. Transcurridas las 48 horas el policía desapareció y fue hallado muerto y con el tiro de gracia.

No existía ningún tipo de colaboración entre las autoridades municipales y estatales. De acuerdo con cifras oficiales, en un trienio fueron detenidos unos diez mil criminales en Ciudad Juárez, acusados de secuestros, narcomenudeo y asesinatos, pero solo unos quinientos se quedaron en prisión, pues la gran mayoría fueron puestos en libertad.

La procuraduría no le daba ningún tipo de seguimiento a los casos –tampoco permitía que otras autoridades actuaran– lo que derivó en más violencia y muerte. La corrupción policíaca y de las autoridades encargadas de la procuración de justicia frenaba las acciones incluso de la Federación.

Ejemplo de ellos fue el Operativo Conjunto Chihuahua, implementado por el Gobierno Federal en 2008, el cual resultó un fracaso. Anunciado por el entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, como la panacea para resolver la violencia del narcotráfico en Chihuahua, las acciones militares terminaron convertidas en operaciones infructuosas.

La idea de Mouriño, se dijo en aquella ocasión, era fracturar y desmantelar las cadenas y redes operativas, logísticas y financieras de los grupos criminales. Esa fue la razón por lo que arribaron al Estado más de 4 mil policías federales y otro tanto similar de militares que, de inmediato, tomaron el mando de la seguridad mediante la instalación de diez bases de operaciones mixtas y 46 puestos de control móviles. Para patrullar el Estado, las fuerzas federales contaban con 180 vehículos, 13 equipos de detección molecular, tres aviones C-130 Hércules y un Boeing 727/100 de la Fuerza Aérea Mexicana.

Aquel aparatoso movimiento policíaco y militar buscaba frenar la violencia y debilitar al pernicioso Cártel de Juárez y su principal ejército de sicarios, La Línea. Pero después de seis meses quedó claro que, frente a la ola de terror que azotaba a Chihuahua, el despliegue de policías y militares era insuficiente frente al poder del narcotráfico.

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