ASÍ FUE LA EXTRADICIÓN DEL “RATÓN”

*Sólo 40 minutos duró el operativo de entrega del peligroso capo

*Sigilo y celeridad para evitar otro “Culiacanazo”

Crónica de su traslado

José Sánchez López/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Ciudad de México.– Eran las 9 de la mañana con 10 minutos, el reo número 5684 de una de las celdas del penal El Altiplano, en Toluca, Estado de México, dormitaba plácidamente, a la vez que digería su desayuno consistente en huevo en salsa verde, pan blanco, una barra de trigo y un flan, que había engullido hora y media antes.

El importante y peligroso preso se encontraba tranquilo. Su cuerpo de abogados le había hecho creer que todo estaba bien, que no había motivos que lo hicieran pensar que pudiera ser entregado a la justicia norteamericana.

Nada presagiaba lo que ocurriría media hora después.

En punto de las 09.35 de la mañana, tres años y un mes después de su captura y liberación en el llamado “Culiacanazo”, que costó la vida al menos a 29 personas, miembros de la Policía Internacional (Interpol), arribaron al penal de máxima seguridad en el Helicóptero Black Hawk, matrícula XC-JBZ, con espacio para 16 plazas.

La aeronave iba al mando del director de Interpol México, Jorge Domínguez Martínez Vértiz, con seis elementos bajo su mando, altamente capacitados, personal de élite, quienes participarían en la ejecución del quirúrgico y sigiloso operativo.

El mismo director del penal, Leonardo Serra Bautista, salió a recibir al contingente de la Fiscalía General de la República y luego de media hora de intercambio de información, datos y documentos, ordenó a una media docena de custodios y técnicos penitenciarios acudir a la celda del reo número 5684.

Los celadores llegaron hasta la celda, de 4 metros, aproximadamente, y a manera del Palacio Negro de Lecumberri, ahora Archivo General de la Nación, los carceleros gritaron: “Ovidio Guzmán López, a la reja con todo y chivas”.

Ese grito, tradicionalmente, se daba cuando un presidiario era puesto en libertad, pero ese no fue el caso del “Ratón”, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, quien incrédulo, se vio de pronto sujetado por media docena de guardianes y llevado a paso veloz, agachado, ante el mismo director del penal, Leonardo Serra Bautista.

Seguidamente, las cosas se dieron de manera vertiginosa. El directivo, de manera personal, hizo entrega de “El Ratón” al comandante Martínez Vértiz.

Inmediatamente, el hijo de El Chapo, con su uniforme negro de reo peligroso y protegido con un chaleco blindado, fue subido, en vilo, al aparato aéreo.

Justo a las 10.15 horas, el helicóptero, de la misma manera sigilosa que llegó al penal, ya con su preciada carga a bordo, partió rumbo al aeropuerto internacional de Toluca, “Adolfo López Mateos”, situado en la localidad de San Pedro Totoltepec, en el Estado de México.

Diez minutos más tarde, una aeronave norteamericana despegó a las 10.25 horas rumbo a la ciudad de Chicago, en el estado de Illinois, donde, aproximadamente, llegaría a las 15:40 horas, tiempo de México, 16:40 hora de la Unión Americana.

El operativo y la entrega del peligroso capo a las autoridades de los Estados Unidos, había tardado solamente 40 minutos, en tanto que el traslado al vecino país del norte, duró cinco horas.

La rapidez y el sigilo del operativo, sin notificar a las autoridades del Estado de México, ni siquiera a la del penal, obedecieron a que todo fue de manera repentina, para a evitar, a toda costa, otro episodio como el del lamentable “Culiacanazo” que costó decenas de vidas.

En México, donde aún no se había abierto de manera formal un proceso penal contra Ovidio Guzmán, el capítulo de “El Ratón” quedó cerrado, mientras que en Estados Unidos se abre otro en el que tendrá que enfrentar a la justicia por conspiración para “trasportar sistemáticamente toneladas de cocaína desde y a través de Sudamérica y Centroamérica”, además de ser señalado como uno de los responsables del tráfico del fentanilo.

La pregunta es… ¿Será compañero de presidio de su padre el Chapo?

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