LA FUGA DEL SIGLO: AGENTE LIBRE DE LA CIA 

*En 1959 comenzó a aceptar trabajos y si la CIA quería que se hicieran llegar armas a fuerzas con las que no quería tratar en forma directa, Vidal se encargaba de servir sus pedidos 

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche | Sol Chiapas | Sol Belice | La Opinión de Puebla

(Quinta de siete partes)

Ciudad de México.- En 1959 comenzó a aceptar trabajos para la CIA, no como un agente regular sino con carácter libre. Si la CIA quería que se hicieran llegar armas a fuerzas con las que no quería tratar en forma directa, Vidal se encargaba de servir sus pedidos. Pero a pesar de todo su talento y de sus contactos, la pauta de vida de Vidal era demasiado temeraria para sobrevivir, a pesar de las muchas veces que había logrado escabullirse sin daño. 

El caso es que poco antes del crimen de Melchior, se reunieron en alguna parte Harry Kopelsohn, agente del servicio de inteligencia, “un gran soldado de Israel” en la búsqueda de nazis prófugos…Evsai Petrushansky, un ruso que había emigrado a los Estados Unidos en 1936, quien afirmaba haber sido agente del servicio de inteligencia de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y el mismo Joel David Kaplan, “El Rey de la Melaza”. 

Se pusieron de acuerdo para venir a México con pasaportes falsificados: Petrushansky aparecía como “Peter Green”, Kopelsohn era “Earl Scott” y Joel se hacía llamar “Richard Albert Yates”. 

En el aeropuerto internacional de la ciudad de México, el trío fue recibido por un empleado de Kaplan, Luis de Garay Jaimes, a quien le habían encargado conseguir un automóvil amplio y cómodo. 

El ruso hablaba con facilidad el idioma hebreo; después de la guerra se había dedicado a rodar películas pornográficas, que todavía se exhibían en 1961. En una de sus películas presentaba como estrella a su prima Rita Nemirov, cuyo nombre de pantalla era Bonnie Sharie. Y había presionado al “Rey de la Melaza” para que se casara con Bonnie. 

Harry Kopelsohn, cazador de nazis, tenía enjutado el brazo derecho y como actividad “complementaria” administraba una casa de citas en Frankfort, Alemania. 

Louis Melchior Vidal le había solicitado “ayuda urgente”, para ocultarse en México, a su “amigo” Joel, porque “tenía que desaparecer por un tiempo”. 

En el hotel Continental Hilton, (el mismo donde, en 1962, la otrora bella actriz Marilyn Monroe demostró sin lugar a duda que no usaba ropa interior y se dejó tomar una foto que recorrió el mundo), el trío se reunió con Louis y se asombró cuando la futura víctima se exhibió con pantalones absurdamente parchados con un pedazo de paño de color raro cosido en la entrepierna.

Luis de Garay llevó posteriormente el auto grande al hotel El Diplomático, desde donde el ruso y su amigo israelí se llevaron “a pasear” a Louis. A las 2.30 de la madrugada apareció Petrushansky, (“Peter Green”), dando sólo una explicación enigmática del vidrio roto de las ventanillas del coche y sin decir nada acerca de unas manchas de sangre en el tapizado. 

Joel recordó posteriormente que el ruso dijo que “había habido un desacuerdo y que Vidal había sufrido un accidente”. 

Por cierto, Kopelsohn y Petrushansky hablaban en hebreo en presencia de Joel, a sabiendas de que el norteamericano no podía entender. 

El industrial expresó que “tal como lo oí, Vidal fue escamoteado rápidamente esa noche, a través de los contactos de Kopelsohn con el movimiento clandestino israelí.  

Según me dijeron, Kopelsohn compró un cadáver en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, pero se toparon con alguna dificultad y terminaron por conseguir un cadáver que distaba mucho de parecerse a Vidal, y él y Petrushansky lo llevaron en coche al pueblo del Ajusco, donde le metieron cuatro balazos. Rompieron la ventanilla del Buick de Luis de Garay y salpicaron sangre sobre el tapizado. 

Deben haber golpeado el rostro del cadáver con la pala a fin de ocultar el hecho de que no se parecía mucho a Vidal. Los dedos fueron mutilados con objeto de destruir toda posibilidad de identificar huellas digitales. No pudieron siquiera meter la camiseta de Vidal en el cuerpo demasiado grande y terminaron por tirar de ella hacia arriba y que le cubriera la cara”. 

“Arrojaron el cadáver en la tumba provisional abierta probablemente por Petrushansky, ya que Kopelsohn sólo tiene un brazo bueno y después regresaron a México con el Buick hecho una porquería y me lo entregaron a mí”, añadió. 

La investigación, (enfatizan los autores del libro “Kaplan, Fuga en Diez Segundos”), realizada por el Servicio Secreto mexicano sólo dejó un cuadro fragmentario de lo que ocurrió. En un informe se pone en boca del “botones” del hotel El Diplomático, Enrique Núñez Puente, el comentario de que “esas personas parecían estar nerviosas y estuvieron entrando y saliendo del hotel durante toda la noche, obrando de manera muy sospechosa, provocando incluso un comentario de broma con la recepcionista, en el sentido de que uno debía tener cuidado con esos individuos, parecen muy recelosos como si hubieran matado a alguien, ya que uno de ellos tiene los zapatos llenos de lodo y sus manos están llenas de sangre”. 

Como para que fuese identificado Louis, el ruso sacó algunas ropas y otros objetos del ahora occiso y los dispersó por entre los árboles a unos pocos kilómetros del cadáver. 

Los días tranquilos de noviembre fueron desprendiéndose del calendario; el cadáver yacía consumiéndose en la tumba; las ropas ensangrentadas se enmohecían en la barranca. 

Finalmente, dos oficiales del servicio de patrulla de la Policía Federal de Caminos casualmente probaban los binoculares de un amigo en aquella zona de árboles a la hora del crepúsculo y por azar avistaron el zapato ensangrentado de Vidal, hecho que fue seguido, cuatro días más tarde y a tres kilómetros de distancia, del descubrimiento del cuerpo en putrefacción. 

El 24 de noviembre, unos pocos días después de que el cuerpo asesinado y mutilado había sido hallado e identificado positivamente como el de Vidal por su esposa y la recamarera de un hotel, un hombre parecido a Vidal cruzó la frontera adentrándose en Guatemala y un oficial de inmigración guatemalteco asentó el número de pasaporte de los Estados Unidos, como el 2938J2, que en efecto era el de Vidal. Obviamente, fue una maniobra burda pues lo único que no deseaba en aquella época Louis Melchior Vidal, era que lo identificaran en su huida misteriosa. 

Cabe mencionar que en los casi diez años que pasó Kaplan en las cárceles de México, (Coyoacán, Lecumberri, Santa Martha Acatitla), jamás fue apoyado por su tío Jacob M. Kaplan, albacea de la fortuna que había dejado el padre de Kaplan para que fuese entregada oportunamente a sus hijos. 

Y es interesante saber que Kaplan padre acumuló riqueza gracias a una tontería de muchos mexicanos, quienes arrojaban a los ríos la melaza como si fuese un desperdicio de la industria azucarera. El negociante comenzó a comprarla a precio de ganga y pronto se enriqueció de manera asombrosa. 

Jacob engañó a su hermano y se apoderó del dinero, prácticamente incluido el que debía entregar a sus sobrinos Joel y Judy. 

Joel y Bonnie Sharie formaban una pareja disímbola, fue un matrimonio surgido de un decenio desolado de la joven vida de vagabundeo de Joel y del comprensible deseo de una muchacha de Brooklyn, en vías de ascender siguiendo los márgenes más sórdidos del negocio del espectáculo, de mejorar su posición social y financiera. Su tormentoso matrimonio hizo de ellos la pareja favorita del “Daily News”. 

La pareja, en verdad, suministraba material interesante, repleto con fotografías del pecho exuberante de Bonnie estallando fuera de leves ropas nocturnas, los periodistas del “Daily News” se regodeaban con titulares como “La esposa quiere azúcar no melaza”… 

De hecho, pasaron seis años en guerra constante, entrando y saliendo de separaciones legales y no legales, trámites de divorcio, reconciliaciones, todo entreverado con veladas amenazas mutuas de violencia. 

Por eso Joel estaba más que nervioso y presionado, mucho más con el asesinato perpetrado en “El Segundo Cantil”…

La justicia mexicana entre tanto buscaba a los sospechosos en todas aquellas naciones que sostenían relaciones diplomáticas con México, solicitando que se procediera al arresto de Kaplan, Petrushansky y Harry Kopelsohn, por la muerte por homicidio de Louis Melchior Vidal Jr. 

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